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CULTURA ■ reconocimiento

Merino lleva a Misuri la conexión literaria leonesa

La estadounidense Saint Louis University nombra doctor Honoris Causa al escritor y académico leonés Durante el acto lo definieron como «autor clásico».

 

El escritor y académico José María Merino, durante su discurso de investidura, ayer en Madrid. RAQUEL P. VIECO -

Juan Pedro Aparicio, entre el numeroso público asistente. R. P. VIECO -

08/03/2018

pacho rodríguez | madrid

La fiesta era de la prestigiosa y entusiasta (dos siglos la contemplan) Saint Louis University de Estados Unidos, que tiene sede en España desde hace 50 años. Pero León lo empapa todo, y uno de los doctores Honoris Causa que entregaban con solemnidad los norteamericanos, ayer en Madrid, dentro de sus actos conmemorativos, era para José María Merino, escritor de corazón leonés con DNI de A Coruña, y que, precisamente, cumplió el mes pasado diez años como académico de la RAE.

Aunque lo suyo es la escritura, Merino da para crooner literario. Quedó de manifiesto cuando habló en el salón de actos del Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo, en la calle Juan Montalvo, lugar elegido para la entrega de la distinciones, y que tiene también conexión leonesa en la figura de su director general, el padre Valeriano Aldonza.

Merino, desde la solemnidad, hace recordar su espíritu filandonero, de narrador, contador, testigo de su tiempo que desde la ficción retrata y que concluye que al final, como afirmó ayer, «el repertorio de tramas, como el de arquetipos, es limitado». Por eso, lo que le hace acreedor de este doctorado honorífico es su destreza a la hora de contarlas. Enrique Figaredo Alvargonzález e Isabel Gómez-Acebo compartieron distinción a cargo de la Saint Louis University, cada uno con sus justificaciones universitarias.

Autor de El río del Edén, premio Nacional de Narrativa, es José María Merino tan experto en las largas distancias como en las cortas, aunque sea tan reconocido en ese regate corto que es el cuento, pero que él dota de toda la importancia literaria. También el hecho de su condición de poeta contribuye a que sea reconocido ahora por esta universidad. Y él, en su discurso, devolvió sabias palabras para explicar los entresijos de la creación literaria y el acierto. «A veces nos emocionamos con un libro y no sabemos la causa», explicó. «¿Por qué sigue siendo vigente el Quijote?», se preguntó. Y así definió al personaje y su historia como la de «un soñador aparentemente absurdo, un personaje supuestamente anacrónico, ridículo, loco, pero que lucha con toda la fe por sus sueños, y desde esa perspectiva adquiere una dimensión capaz de conmovernos a todos, que también intentamos luchar por nuestros sueños...», narró.

De igual forma, volviendo a las tramas, se cuestionó cómo comenzarán y confirmó que se repiten: «Seguramente, el tema de Romeo y Julieta empezó el día que en una caverna prehistórica tuvieron que convivir diferentes tribus o familias. El mundo, estoy seguro, está lleno de Romeos y Julietas», aseguró. Caín y Abel, la Biblia, la Odisea... también pasaron por la intervención del autor de obras fundamentales como La orilla oscura o Las visiones de Lucrecia.

Uno de los grandes

La catedrática Ángeles Encinar ejerció de madrina de su nombramiento como doctor Honoris Causa. Y, junto a su mujer, Carmen Norverto, y su hija María, asistieron al acto universitario Juan Pedro Aparicio, Isabel Belmonte, Marcelino Oreja, Pilar de Borbón o Cándido Alonso, entre otros destacados nombres. Encinar ensalzó a Merino como «uno de los autores más importantes de la literatura española de los últimos 50 años». Y situó también su trascendencia como la de un autor al que «desde el mundo académico se le considera como un autor clásico, en el sentido modélico de este adjetivo, como lo son Miguel de Cervantes, Emilia Pardo Bazán, Antonio Machado o Ana María Matute», localizando así a Merino entre los grandes.

Tan grande era la sombra literaria que planeó ayer sobre el evento hasta felicitaban a Juan Pedro Aparicio en el convite, confundiéndole con el que era el protagonista en anécdota totalmente real, y Real en despiste de doña Pilar de Borbón. Lo que confirma que el espíritu del filandón existe.

   
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