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Una mirada llamada Acacio

Cierra en Sahagún el establecimiento fotográfico que desde hace más de setenta años ha venido levantando acta de la vida en el sureste leonés. Un afán que Acacio Díaz, corresponsal del Diario, recibió de su resuelto padre..

 

Acacio Díaz Alonso, encargado de continuar las enseñanzas fotográficas y humanas de su padre, Acacio Díaz Valdés. DL -

Interior de Foto Acacio, que cerró el primer día de 2017. DL -

06/01/2017

e. gancedo | león

Hay una anécdota —un ‘sucedido’, diremos— que evidencia el carácter emprendedor y la imaginación despierta de Acacio Díaz Valdés, el fundador de esa mítica Foto Acacio que el primer día de este nuevo año cerró sus puertas tras más de siete décadas retratando las gentes, los hechos, los monumentos y las celebraciones de Sahagún y su comarca, siendo testigo y espejo de una tierra: en los años cuarenta, el gobierno de Franco decretó el cambio de las antiguas ‘cédulas de identificación’ por los modernos carnets de identidad con fotografía incluida, decisión que a aquel resuelto joven nacido en el pueblo montañés de Las Salas pero afincado a orillas del Cea le sugirió una idea con futuro, la de convertirse en fotógrafo. Pero, ¿cómo hacerse con una ‘maquina de retratar’, tan costosas entonces?

«La solución que encontró fue ésta —cuenta Acacio Díaz Alonso, heredero de los saberes de aquel paisano, y levítico corresponsal del Diario en el sureste leonés—. Pintó una caja de negro, le puso un trapo encima y se marchó a Joara a retratar a los vecinos, cobrándoles las fotos. Luego, con ese dinero, fue a León y se compró la cámara. Y después volvió y echó un bando explicando que, ‘por motivos oficiales’, se debían repetir las fotografías, que esa vez ya hizo con carrete y todo».

En torno a 1945, aquel hombre resuelto ya había montado establecimiento en la localidad de Cea —donde nacieron tres de sus cuatro hijos—, y diez años después se instaló en la calle Antonio Nicolás de Sahagún para pasar posteriormente a la calle Alhóndiga y por último a Juan Guaza, el que sería su emplazamiento definitivo.

«En aquellos años cargados de dificultades, su principal secreto no fue otro que el de atender y respetar a quienes ya dominaban el arte de la fotografía con el fin de adquirir conocimientos en un oficio y un arte que después transformó en profesión, en el medio de sacar a su familia adelante», explica Acacio Díaz Alonso. Dificultades que forjaron un tipo humano difícil de encontrar hoy en día: «Era ebanista, hacía bargueños, muebles, ventanas, de todo», pero también ideó un artefacto «para fabricar fideos» y hasta tocaba el acordeón, repasa su hijo. Durante la guerra dio también muestras de carácter, pues se alistó como voluntario con sólo 17 años. Le hirieron en la batalla del Ebro, estuvo un tiempo ingresado en Zaragoza y, «como oía que los médicos pensaban amputarle las piernas, se escapó y se vino andando desde allí... hasta Sahagún».

Afán por aprender

«Recto, humano y solidario» son las tres palabras que escoge Acacio Díaz Alonso para calificar a su padre. «Siempre procuraba que aquellos que demandaban su presencia encontrasen en él a alguien más que el señor que le tomaba la foto familiar o la que pedía el momento, sabía que debía estar ahí y en su labor marcó caminos que fundían el trabajo con el trato familiar —asegura—. Tanto es así que en cada pueblo donde acudía a hacer un retrato disponía de una casa donde lo trataban como a uno más de la familia. Destacaba en los días de fiesta, donde su presencia era como un acto más, no podía faltar para que la celebración fuese completa». «Sería largo de contar todo lo que aprendí a su lado, sólo diré que para mí no ha habido nada más gratificante que el poder haber tenido el mejor maestro... además, uno también ha querido asimilar y poner en práctica su mejor virtud: respetar a cuantos se acercan a solicitar un trabajo y estar siempre dispuesto a continuar aprendiendo», sintetiza, orgulloso, con el recuerdo puesto en aquel hombre nacido en cuna ‘de molineros sin molino’: Díaz Valdés había visto la luz en el molino montañés donde trabajaban sus abuelos, al frente del cual habían quedado por haber marchado el dueño, por un tiempo, a buscar fortuna a América. Después, la familia bajó buscando labor de orilla en orilla: molinos de Cistierna, La Riba, Santa María del Río... En Villaverde de Arcayos y con Catalina Alonso contrajo matrimonio para instalarse en Cea y después, como ya quedó dicho, en Sahagún.

La segunda etapa de esta aventura fotográfica que abarca de la Tierra de Campos leonesa a los Oteros con la ribera del Cea y el páramo de Payuelo incluidos, comienza en 1973, cuando Acacio Díaz Alonso se pone al frente de un negocio que ocupó dos locales distintos en Juan Guaza hasta que construyeron todo un nuevo edificio en el número 7 de esa calle. «Muy pronto instalamos laboratorios de revelado analógico, unas modernas y prácticas instalaciones que no olvidaban el estudio fotográfico de toda la vida... nuestro compromiso no era otro que la actualización constante del equipamiento. Fue entonces también cuando empezamos a formar parte de la cadena Centrosfuji, con laboratorio, impresión y escaneados digitales. En fin, unas instalaciones que dotaban a la villa de medios fotográficos muy destacados a nivel de los mejores de la provincia».

Fin de una etapa

«Mi paso por el sector fotográfico ha tocado meta —constata Díaz Alonso—. Han sido muchos años, toda una vida dedicado a él, pero hoy me siento feliz de haber culminado mi profesión y de saber que la vida no se acaba aquí. La ilusión me seguirá manteniendo tras un objetivo que ahora aparco profesionalmente para tomar de forma diferente, como distracción y diversión». En sus más de cuarenta años de dedicación, Acacio siente la satisfacción de haber permanecido en la villa «ofreciéndole mi trabajo, por el que aposté firmemente», y de contribuir a la vida social de la misma —aparte de su prolífica labor como informador— con exposiciones tanto colectivas e individuales cargadas de ilusión.

Eso sí, le resulta «preocupante» pensar que un oficio como el de fotógrafo local se ha terminado casi del todo. «En los tiempos actuales la fotografía ha sufrido, como otros muchos sectores, el paso implacable del progreso sin que se haya visto apoyada por las posibilidades de reconversión que otros sí han encontrado... Sobre todo teniendo en cuenta que el campo ha sufrido el éxodo brutal del público joven, que es el que mantiene viva la expectativa. Es lo que hay, y por eso quienes quieren mantener la fotografía como profesión deben superar muchas dificultades o compaginarla con otras actividades».

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1 Comentario
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Por MAPL 10:00 - 07.01.2017

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Excelente profesional y excelente persona. Mis mejores deseos deseos para el futuro

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