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Entrevista

«Mis primeros relatos los escribí en León como 'negro' de un amigo»

Enrique Álvarez presenta mañana en la librería Alejandría su novela 'La risa de la Virgen', una obra en la que cuenta los sucesos que envolvieron la supuesta aparición de María a cuatro niñas en una aldea cántabra hace ahora cincuent

 

El escritor leonés afincado en Santander Enrique Álvarez, en una imagen de archivo. - celedonio

Cristina Fanjul | LeónCristina Fanjul | León 10/02/2011

Leonés, aunque de adopción cántabra (lleva veinte años como jefe del Servicio de Cultura de Santander), Enrique Álvarez tiene tras de sí una dilatada carrera en el mundo cultural y literario. Ha publicado otras tres novelas y los libros de relatos El ángel cae y Trece narraciones fantásticas , y narra con ironía que comenzó su vocación como 'negro' de un amigo cuando realizaba las críticas literarias en Diario de León.

-¿Cómo comenzó su interés por novelar un tema tan difuso como las apariciones de la Virgen?

-El asunto de las apariciones de San Sebastián de Garabandal es magnífico para una novela, siempre y cuando se trate con la debida perspectiva, que no puede ser ni la puramente creyente, crédula o fanática, ni la crudamente escéptica. Lo nuevo, lo interesante, es enfrentarse a aquel fenómeno con verdadera apertura y objetividad, considerando la posibilidad de lo milagroso, sin excluir la de lo diabólico o la de una explicación natural y psicológica, que sólo podría sostenerse sobre hipótesis sumamente complejas.

-En su libro utiliza una anécdota para describir aquel lugar y momento concretos. ¿Cómo era la sociedad de entonces?

-Mi novela está basada en los libros y crónicas de la época, y me he servido también de testimonios de personas vivas de Santander, pues aún quedan muchas que fueron testigos de los fenómenos. Pero es una novela, quiero decir que, aunque la base histórica está sólidamente documentada, los protagonistas son personajes de ficción. Viven una peripecia inventada que se inserta íntimamente en la trama de las apariciones. Lo importante no es el retrato particular del lugar sino el de la época, los años sesenta del pasado siglo, que sí que son cruciales para la evolución de toda Europa, no sólo de España. La 'década prodigiosa', como ha sido denominada.

-Deja traslucir que los aires de renovación impulsados por Juan XXXIII frenaron que Garabandal se convirtiera en Lourdes. ¿Qué ocurrió?

-No me cabe ninguna duda de que esos aires de renovación, que desde 1965 se convirtieron en auténticos vendavales, fueron la causa de que el obispado de Santander no pudiera reconocer la sobrenaturalidad de aquellas apariciones, pero no porque Garabandal se opusiera al Concilio, que nunca lo hizo, sino porque defendía un tipo espiritualidad 'vertical' que se empezó a considerar anacrónica y negativa para la verdadera evangelización, tan entregada desde entonces a lo que hoy muchos llaman ya 'antropolatría'. En Garabandal hubo muchas cosas no modélicas, pero eso no le quita autenticidad, como no quita autenticidad a la Biblia las muchas marrullerías de algunos patriarcas y los fallos y deslealtades de tantos apóstoles. Personalmente, yo creo que en Garabandal de verdad actuó el espíritu de Dios de una forma extraordinaria.

-¿Qué fue de esas niñas?

-Por las noticias fidedignas que tengo, las cuatro niñas, después de un periodo de oscuridad al término de las apariciones, han recobrado plenamente la fe y la seguridad de que lo vieron y vivieron fue de Dios. Y dan testimonio de ello con una vida ejemplar y sumamente discreta. Tres de ellas viven en Estados Unidos, aunque una de ellas, Dolores, falleció hace un par de años.

-¿Cuáles han sido sus fuentes para escribir la novela?

-Aludí antes a diversos libros y crónicas de la época, pero debo referirme en concreto a una obra excepcional; el libro del capuchino leonés Eugenio García de Pesquera Se fue con prisas a la montaña , un relato histórico de absoluta referencia sobre estas apariciones.

-¿Cree que estamos volviendo a un renacimiento de lo sobrenatural?

-No diría yo tanto, o al menos no diría que abundan los indicios alentadores. Tenemos un gran papa, pero su misión está centrada sobre todo en defender la razonabilidad de nuestra fe. Es un papa intelectual, acorde con la necesidad mayor de nuestro tiempo, que es demostrar al mundo que el cristianismo no es contrario al pensamiento lúcido. Pero lo sobrenatural, entendido como lo referente al misterio, a lo transcendente, a lo que supera a la naturaleza, a la acción extraordinaria de Dios, se sigue batiendo en retirada dentro del catolicismo. En la mayoría de nuestras iglesias sólo se habla de cuestiones sociales y antropológicas. Y esta tendencia horizontalista no tiene pinta de cambiar a medio plazo.

-¿Por qué cree que siempre aparece la Virgen y nunca lo hace Cristo, por ejemplo?

-Porque lo lógico es que la maternidad de María respecto a todo el género humano no cese nunca en su labor de advertencia y de consuelo. María y los ángeles, no nos olvidemos de los ángeles. En este sentido se ha dicho que las apariciones de la Virgen son como estrellas en la noche de la fe.

-¿Qué recuerdos tiene de León y de su paso por el Diario?

-Formé parte de la generación de escritores que sucedió a los de Claraboya, los Luis Mateo, Delgado, Llamas, Merino. Una generación que brilló menos, y que tuvo en el grupo Yeldo un curioso pero efímero exponente. Yo escribí mis primeros artículos en Diario de León, incluso publiqué algunos como negro de otro escritor amigo, hasta que se me acabó la humildad y empecé a publicar ya con mi propio nombre. Hice la crítica literaria en el periódico yo solo durante todo un año, antes de que surgiera el Filandón .

-¿De qué tratará su próximo libro?

-Estoy haciendo micronovelas, o novelas sin excipiente. Intento demostrarme a mí mismo que se puede escribir una narración con la densidad y profundidad de la novela pero prescindiendo de todo lo que es innecesario. De hecho ya lo logré, aunque de forma aislada y excepcional, con alguna pieza mía publicada hace tiempo. Me gustaría patentar la fórmula. Es un reto difícil.

Lugar: Librería Alejandría (calle Fajeros, 2).

Hora: mañana a las 20.00.





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