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Mujeres que hablan de mujeres

El Musac abre nueva temporada con una colectiva sobre el feminismo, tras sufrir un desplome de visitantes.

 

‘Contenedor de los feminismos’, de Carme Nogueira; y ‘Dona silenciosa’, de Amelia Riera. - ramiro

verónica viñas | león
24/06/2012

Mujeres que hablan de mujeres. Como escribió Virginia Woolf –muy presente en la nueva exposición del Musac- «la historia oficial ha borrado o desdeñado la aportación de las mujeres». Agustín Pérez Rubio, director del centro de arte contemporáneo situado en Eras de Renueva niega que el Musac se haga ahora feminista. «Lo ha sido siempre». Las mujeres han tenido idéntico o mayor protagonismo que los hombres en los siete años del museo, que en la última temporada sufrió un ‘cataclismo’ en las cifras de visitantes.

Los malos resultados de la primera temporada de exposiciones en la que se ha cobrado 5 euros por la entrada los daba ayer José Ramón Alonso, director de Políticas Culturales de la Junta. De 37.389 visitantes en el primer semestre del 2011 -cuando aún era gratis- a tan sólo 14.453 en el mismo período de este año. Alonso destacó que ha aumentado el número de personas que participan en las actividades paralelas (talleres, conferencias, cursos, ciclos de cine…), que han pasado de 7.701 en el primer semestre del año pasado a 9.707 en los primeros seis meses del actual ejercicio. «Al cobrar entrada pensamos que nadie que quiera acceder al Musac tiene una cortapisa económica», dijo Alonso, teniendo en cuenta que los domingos el museo es gratuito. «Paso a paso», añadió, el museo, por el que en sus siete años han pasado 934.600 personas, «se aproxima al millón».

Pese a la ‘crisis’ de números y los recortes en el presupuesto, el museo, lejos de tirar la toalla o de sacar obras del almacén, sigue apostando por estar en la primera línea del arte contempóraneo, como reconoce el Observatorio de la Cultura, que siempre coloca al Musac –junto al Reina Sofía y el Thyssen- entre las mejores instituciones culturales del país.

Aniquilar tópicos

El museo estrenó ayer la segunda temporada expositiva del año con un repaso a los movimientos feministas del último medio siglo. La muestra Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010, que podrá verse hasta el 6 de enero, es un ‘tortazo’ a la historia del arte y a la sociedad, que a menudo «ha ninguneado» el papel de las mujeres, como reconoció ayer la artista Estíbaliz Sádaba. La exposición fulmina muchos tópicos en torno al feminismo e incluye a artistas veteranas como la astorgana Castorina, de 84 años, en cuya obra –aún antes de que el feminismo existiera como corriente de pensamiento- hay pruebas de los desequilibrios que han castrado a las mujeres durante siglos. Las salas del museo están conectadas por un mismo hilo argumental. Tres exposiciones –además de Genealogías; pueden verse Castillete, de Carme Nogueira; Imágenes de un proyecto entre el arte y el feminismo, del colectivo Errekzioa-Reacción; y La metodología del proyecto, trabajos dirigidos por Antoni Muntadas-, que forman «un círculo», un auténtico «bloque temático», según Pérez Rubio. De hecho, varios artistas participan simultáneamente en dos o tres de las exposiciones, que aparte del feminismo tienen otro epicentro en el paisaje.

Pérez Rubio tuvo un emocionado recuerdo para tres de las artistas de la exposición que han fallecido: Ana Peters, Olga L. Pijoan y María Antonia Dans.

Genealogías, que reúne 150 obras de más de 80 artistas (la mayoría mujeres), se complementa con una serie de documentales que, por su duración, se proyectarán todos los domingos en sesión matinal en el Auditorio Ciudad de León.

Indispensable para hombres

La macroexposición en torno al feminismo, que nunca otro museo se había atrevido a llevar tan lejos y de forma tan amplia, como reconoció una de las comisarias, Patricia Mayayo, no es un relato cronológico, sino temático, en el que se abordan desde la tiranía de la belleza a la mujer rota, la violencia, los cuerpos y placeres… Cada una de estas once secciones tiene una vitrina con bibliografía. Hay que recorrerla con tiempo y leer los clarificadores carteles que explican las claves de cada obra. «Es una exposición sobre mujeres que no debería perderse ningún hombre», comentó ayer un espectador.

Una portavoz de la asociación Flora Tristán confesó en voz alta: «Estamos encantadas con la exposición». Pérez Rubio le pidió que mirara con atención la muestra, donde encontraría algún folleto de su asociación. «Es una exposición muy trabajada y documentada, en la que se ha investigado también la realidad de León», añadió el director del Musac.

Piezas selectas

Entre las primeras obras de Genealogías destaca una vitrina, en la que la artista Paz Muro recrea un ‘diálogo imposible’ entre Shakespeare y Corín Tellado. En los pequeños cuadros de Eva Loozt hay un homenaje a mujeres como María Zambrano o la artista Sophie Taeuber –más conocida como esposa de Hans Arp-. Begoña Montalbán evoca una torcida columna vertebral hecha con tacones femeninos. Marina Núñez retrata cómo el psicoanálisis construye la imagen de la histérica, la loca. María Ruido se fija en las esculturas que ensalzan a los héroes –siempre masculinos-, y a las silenciadas viudas y huérfanas de esos aguerridos hombres. A través de pequeños agujeros se contemplan estampas de La bella in(diferencia), de Carmen Navarrete, en las que se comprueba cómo la mujer ha sido un excelente conejillo de indias para la medicina. Carme Nogueira, protagonista de la exposición del Laboratorio 987, en la que disecciona el paisaje de Sabero, también tiene en Genealogías un Contenedor de los feminismos.

Un espejo que grita «fea» –pieza expuesta ya en Emergencias, la muestra con la que hace siete años se inauguraba el Musac-, está colgada en la estancia dedicada a la tiranía de la belleza, donde Paloma Navares tiene una singular repisa cosmética, titulada Elige implantes, que es en realidad un grito crítico a los cánones de belleza que se imponen a las mujeres. También hay mujeres que brotan de la tierra, mucho antes de que José Luis Cuerda inmortalizara un plantal de hombres en Amanece que no es poco.

En 1973 una visionaria Esther Ferrer construye una serie de autorretratos de fotomatón a los que fue amputando partes de la cara, para reflejar sus sentimientos como emigrante recién llegada a París. Pilar Albarracín expone en un vídeo sus experiencias sobre la violencia de género. Se tumbaba ensangrentada en las calles de Sevilla con el fin de averiguar la reacción de los ciudadanos. Marisa González recrea en fotografías la secuencia de una violación a través de una muñeca rota. Amelia Riera plasma, a través de un maniquí con las manos amputadas, la boca amordazada y un número tatuado en la frente, la realidad de algunas mujeres.

Juan Varez, consejero delegado de Christie’s España. ha cedido la obra Cartas a la madre, de Elena del Rivero. Una auténtica joya. Son cien dibujos en papel en los que la artista relata la relación con su madre. Y hay una sala que prohibe el paso a los menores, porque un vídeo proyecta una película porno...






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