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Juan López ‘JAN’ dibujante

«No creo que los gobiernos estén capacitados para dar premios»

Es uno de los grandes dibujantes del país. A sus 74 años sigue en la brecha. Juan López, conocido como JAN y padre de ‘Superlópez’, se quedó sordo a los seis años. También siendo niño su familia emigró. Ha vivido la mayor parte de su vida en Cataluña, pero confiesa que añora El Bierzo. Rechazó la Medalla de Oro a las Bellas Artes. Confiesa que un premio gubernamental le deja frío y más si viene de un gobierno que no le gusta...

 

El conocido dibujante leonés Juan López ‘JAN’, creador de ‘Superlópez’. - dl

verónica viñas | león
29/04/2013

—¿Qué haría Superlópez con tanto villano de traje y corbata?

—No veo la diferencia, López también lleva corbata cuando va a la oficina… Hay villanos en todas las clases sociales, aunque yo desconfío más de los que usan corbata.

—¿También hay crisis en el mundo del cómic?

—Y tanto, dímelo a mí, que trabajo ya el doble y gano la mitad. Pero soy muy consciente de que hay ya seis millones de parados en nuestro país.

—¿Cómo se quedó después de darle calabazas al ministro Wert?

—Igual que antes. No le di más importancia. Lo que me molestaba era el ruido mediático, por eso saque la nota de prensa y bien decía que lamentaba que no me hubieran preguntado antes…

—Superlópez cumple 40 y está tan fresco... ¿El personaje no le agota?

—No, porque solamente es un medio para contar mis historias, y son siempre diferentes. Para mí, el personaje es secundario. La historia que cuento con él es lo importante.

—¿Dónde encuentra tanto material para sus historias?

—En la vida misma, en las noticias, los diarios y en la calle… Nadie crea nada de la nada, ni Dios.

—¿El cómic sigue estando minusvalorado?

—Menos, mucho menos que antes, pero antes se leía más. Ahora preveo que pasará a ser artículo de lujo, y más para adultos…

—¿Cómo ve un leonés emigrado hace muchos a Cataluña el debate del independentismo?

—Es inevitable por el trato que Cataluña siempre ha recibido del gobierno central y lo comprendo y apoyo abiertamente. No en vano he vivido casi toda mi vida aquí, y no hablo por hablar…

—¿Pasa de los premios o sólo de la Medalla al Mérito en las Bellas Artes?

—Premios tengo bastantes… Nunca trabajo pensando en ellos ni los espero; sin embargo, me halagan y me siento muy agradecido de recibirlos, porque vienen de organizaciones populares, instituciones culturales, ayuntamientos… en suma, de la gente. En cambio, un premio gubernamental me deja frío, y más viniendo de un gobierno que no me gusta. No creo que los gobiernos estén capacitados para darlos.

—Después de usted, también Javier Marías rechazó el Premio Nacional de Narrativa. ¿Está creando ‘escuela’?

—No creo… Marías tiene sus motivaciones y las respeto, pero no entiendo por que montó una tribuna con ello. En fin, cada cual…

—¿Se considera un rebelde con causa?

—Más que rebelde, indignado. Nunca he tenido tantos motivos como ahora y no es necesario que los exponga, a la vista están en el día a día. Si eres periodista lo sabrás mejor que yo.

—Las historias de Superlópez, con el tiempo, se han vuelto más sociales...

—Es posible, pero siempre las he hecho sobre alguna base de realidad social, aunque no siempre se veía claramente… En algunas de las últimas sí que se manifiesta más el tema social. Pero no pretendo sentar verdades, sino llamar la atención del lector y que cada uno reflexione…

—¿No podría venir Superlópez a León, que es una provincia necesitada de héroes?

—No creo que falten, pero tampoco ganan siempre los héroes… Es la gente, la magnífica gente, la fuerza que tienen. En todo caso Superlópez ya ha estado en la fiesta de ‘Toral en tren’, en Toral de los Vados.

—En sus historias hay mucho humor y, sin embargo, usted no se considera un humorista.

—Es verdad que me salen gags donde hace falta, pero no continuamente. No sé hacer chistes. En la vida se pone buena cara al mal tiempo y yo reflejo la vida…

—Usted ya pasó la edad legal de jubilación, pero sigue en la brecha... ¿no pierde la ilusión?

—Lo que sucede es que la vida de jubilado no cuadra conmigo, me aburriría mucho y dejaría de ser yo. Si puedo continuar, ¿por qué no?

—¿León le inspira tristeza?

—Diría que añoranza más bien; sobre todo, del Bierzo. No hay ninguna región de España que no arrastre problemas propios. León los tiene, y es que es mucho León. Espero que nunca deje de serlo.

—¿Por qué Superlópez hace el gesto de los cuernos con las manos cuando vuela?

—Eso me preguntan los niños y suelo explicar que es para dirigir el vuelo… No seamos mal pensados.

—Tiene fama de devorador de libros. ¿Cuáles son sus escritores favoritos?

—Lo era… Desde hace unos años que tengo menos tiempo que nunca para leer. Me gustaban los autores del surrealismo literario como Lewis Carroll o Boris Vian, y también Thomas Mann por ejemplo; y autores de ciencia ficción como Asimov, Bradbury… pero, sin embargo, el libro que más veces he releído y todavía me divierte es Don Quijote.

—¿Cuánto tarda en hacer una aventura de Superlópez?

—Normalmente cuatro meses. Un mes para escribir el guión y tres para dibujarlo.

—¿Detrás de sus personajes se ocultan personas reales?

—Son personas tipo, esquemas representativos, inspirados en general en la gente normal pero llevados a la exageración. A veces caricaturizo a algún político o artista pero no me hace falta aludir personajes reales.

—Superlópez ha estado en lugares como Japón, Bulgaria o México... ¿usted también ha ido a estos países?

—Y más. Túnez, Marruecos, Italia, Portugal… claro que sí. De todos ellos me llevé un montón de diapositivas y de ideas. Me gusta representar los lugares tal como son, No inventarme tópicos.

—¿Cómo es su mesa de trabajo?

—Un horror de papeles mientras trabajo en algo. Cuando he terminado, la dejo muy arreglada y limpia… En fin, es como cualquier mesa de dibujante, solo que me la monté yo.

—Aparte de sus personajes conocidos, ¿dibuja otras cosas?

—Pues sí, algunas cosas como portadas de ciertos libros, algún que otro cartel para fiestas populares, algo para oenegés que me lo piden… Lo normal, lo hacemos todos los dibujantes.

—¿Ha visto algún hectoplasma?

—Absolutamente ninguno; y quien diga que ha visto eso, miente. Los petisos son hectoplásmicos porque lo digo yo, pero sólo existen en mi calenturienta imaginación.

—¿Echa de menos a Pulgarcito?

—No miro para atrás con tanta nostalgia, pero sí que me gustaría que se reeditaran sus historias; y por cierto, se está hablando de ello. Puede ser posible.

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