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La obra se presentará en abril y cuenta con el apoyo de la Diputación

Nueve autores de 20 a 80 años publican sus relatos en leonés De trenes y de ríos Recuerdos del paisaje 2 líneas

Los escritores, todos del Occidente de León, unen diversas historias en el libro «Cuentos del Sil»

 

E. Gancedo - león
E. Gancedo 28/03/2006

Los aficionados a la lengua y cultura propias de León recuerdan bien aquel librín coral que tanto éxito tuvo y que llevaba por nombre Cuentos de Lleón , agotado poco después de su aparición en 1996 y hoy difícilmente encontrable. Muchos se preguntaron después cómo era posible que no se publicara más literatura en esta lengua romance, dada la positiva aceptación de aquella obra. Ahora, y siguiendo la misma filosofía de reunir a autores de diferentes comarcas y edades, unidos por su común cultivo de la lengua de Caitanu, aparece Cuentos del Sil , un libro que surge gracias a la iniciativa de las asociaciones culturales El Fueyu y El Toralín y al apoyo de la Diputación de León. Los relatos que pueden hallarse en su interior son todos de autores del Occidente leonés: están los veteranos Roberto González-Quevedo, Eva González y Severiano Álvarez, los tres del Alto Sil; Adrianu Martín y Daniel Fernández, de Ponferrada; Xandru Díez, de Toreno; Félix Llópez, del valle de Furniella; y Abel Uxeniu Pardo y Xuasús González, del valle del Boeza. Las asociaciones que han impulsado la publicación del libro -saldrá a la venta, previsiblemente, a mediados del mes de abril-, quieren «potenciar» y «dignificar» una lengua sobre cuyo grave estado de conservación ya alertó la propia Unesco hace cerca de tres años. Además, quieren hacer hincapié con este Cuentos del Sil (subtitulado Na nuesa llingua ) que precisamente son Ribasdesil, el Bierzo Este y Central y Furniella (además, obviamente, de La Cabreira), las zonas en las que el léxico, las expresiones y los giros leoneses son más abundantes y están más vivas socialmente. Temas muy variados La temática de estas narraciones es tan variada como las edades de sus autores (van desde los ochenta años de Severiano Álvarez a los veinte de Adrianu Martín). Y así, los escritores de Palacios y Cuevas del Sil tienen una raíz costumbrista; los de Abel Pardo constituyen un grupo de «relatos urbanos» ambientados en la ciudad de Ponferrada; los de Adrianu y Xandru Díez son, según la asociación El Fueyu, «de índole más psicológica, centrados en los problemas propios de la juventud»; Xuasús González y Félix Llópez se remontan a épocas históricas para hablar de sucesos como la represión del maquis o el fenómeno de la emigración; y Daniel Fernández emplea el leonés para abordar asuntos relacionados con la prevención de enfermedades. La imagen que sirve de portada al libro refleja un paisaje típico de los valles montañeses del Sil, con una casa típica de piedra y losa junto a una biesca de robles. «Hai nueches que paseyu al llau del riéu d'esta ciudá y veyu nesas auguas esos felechos, esos carbayos, esas pizarras, esos camiones cargaos d'antracita, esas ñubes volandu sobru un Xistréu varáu nel mundu de la esperanza», escribe Xandru Díez. Por contra, González-Quevedo avanza: «En Palacios, el contautu conu mundu faíase gracias a un tren, un tren verde ya negru ya, amás, de madera. Dous filos paralelos d'aceru yeran el remu que xunía a la población non sólo conu mundu próximu, sinón tamién conu mundu de l.luenxe». «El primer pueblu al que cheguéimus fói Bárcena, inda pertenecienti al conceyu d'El Fabeiru. Yera un pueblu bien cuñecidu por nusoutros, nun sólu pola súa cercanía a El Fabeiru, sinón porqui yera'l pueblu da mía bulica Catalina», comienza uno de los cuentos de Félix Llópez. Y el de Xuasús González lo hace así: «La lluna desapaeciera y la escuridá reinaba en tola zona. La lluz del monasteriu yá casi nun se vía. Poucos metros percorrieran, cuandu la fortuna se tornóu a la escontra Mesías; tropezóu y fou a dare cuna tiesta nuna piedra...».