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Los papeles del León dormido

Rafael Fernández, nieto del presidente del Consejo de Asturias y León, critica el olvido de los 60.000 documentos de un órgano que emitió moneda y sello propios.

 

Un ‘belarmino’ de 25 céntimos, como se llamaba entonces a los billetes emitidos por el Consejo Soberano de Asturias y León. - dl

e. gancedo | león
07/10/2012

Uno espera escuchar, al otro lado del teléfono, un acento trufado de ‘yes’ y de oes finales bien cerradas en ‘u’, pero en cambio la voz que se escucha —responde a la llamada con un muy mexicano ‘¿bueno?’, y prosigue con esa rumorosa e inconfundible forma de hablar del DF— no deja lugar a dudas sobre la procedencia del entrevistado. Y es que Rafael Fernández Tomás, aunque hijo del primer presidente del Principado, Rafael Fernández Álvarez, y nieto del histórico líder socialista Belarmino Tomás, nació en la capital del país azteca tras el exilio del abuelo y allí ha desarrollado casi toda su trayectoria de sociólogo y luchador social.

Depositario de la memoria de esta ilustre saga de mineros y políticos, Fernández ofreció en el Ateneo Jovellanos de Gijón, el pasado martes, una conferencia en la que reclamó el regreso al norte de 60.000 documentos del Consejo de Asturias y León que presidió su abuelo y que se encuentran dispersos por diversos lugares de España, denunciando el olvido en el que ha caído este órgano que hasta emitió papel moneda y sello propios.

Pero, ¿en qué consistía exactamente el Consejo? Rafael Fernández explica que era un organismo que surgió el 23 de diciembre de 1936 merced a un decreto del presidente de la República Española, Manuel Azaña, ante el levantamiento armado del general Franco, decreto «que planteaba la organización del Estado en comités provinciales y, en algunos casos como éste, interprovinciales, configurándose como la máxima autoridad republicana en cada zona». Al principio llamado Consejo Interprovincial de Asturias y León, incluía toda Asturias menos la ciudad de Oviedo, en manos franquistas, con capital en Gijón, y la franja norteña de la montaña leonesa, con centro en Villamanín. Fernández aclara que el órgano duró «hasta el 20 de octubre del año siguiente, cuando cae el Frente Norte». Pero además, ante la marcha de la guerra, el 25 de agosto de 1937 «el consejo se declara soberano al quedar su territorio completamente aislado, con los acorazados franquistas en el Cantábrico y las tropas de tierra golpistas avanzando desde el Sur, desde Galicia y desde el Oriente, una vez que pactaron los vascos con Mussolini y cayó Santander».

Por eso, Rafael Fernández hace hincapié en que lo de ‘soberano’ no ha de entenderse en el sentido «que le quieren dar los nacionalistas de hoy, sino que fue la manera desarrollada por los trabajadores y los mineros, para organizar y defender mejor el territorio». Así, con el Gobierno recluido en Valencia, «éste fue el único consejo soberano que hubo en España», incide Fernández. «No se trató de ningún acuerdo entre aristócratas o clases acomodadas, fue el único que no dirigieron las clases medias, y por eso el decreto de soberanía es muy interesante, porque supone asumir una responsabilidad, la de defender la legalidad republicana ante el levantamiento y la terrible ofensiva desencadenada sobre León y Asturias», expone.

De hecho, Rafael habla de la historia de este Consejo como los «461 días desaparecidos», ya que toda la documentación emitida por él «fue cuidadosamente ocultada por Franco para las siguientes generaciones».

La memoria de Belarmino

El presidente del consejo se llamaba Belarmino Tomás: «Yo le llamo un hombre sin nombre —dice su nieto—. Hijo de un ‘multiusos’, fue alguien que se enfrentó a la vida sin nada más que sus propias manos. Con sólo ocho años el padre lo coge del brazo y lo pone a trabajar: su primera ocupación fue la de buzo, pues sólo un niño pequeño podía meterse por los agujeros del Museo de Gijón para llevar a cabo ciertas obras». Autodidacta casi por completo al carecer su familia de medios, con 12 años ya trabaja en el Pozo Fondón y con 15 se afilia al PSOE. Conoce a Manuel Llaneza, fundador del Soma, y siendo sólo un ‘guaje’, como le llamaba Llaneza, participa en tal fundación y también de forma muy destacada en las sucesivas huelgas en la cuenca asturiana, como repasa Fernández, participación que le llevaría a la cárcel pero también a ser elegido presidente del Consejo. Casado en Gargantada (cuenta el conferenciante que su abuela decía de él: «Era feo, feo, feo... pero tenía un nosequé, fíu...»), al perder la guerra la República se embarca para México con su mujer e hijos —y la madre de Rafael, la histórica líder socialista Pura Tomás, embarazada de un mes—, donde ha de empezar de cero. «Llévabamos una vida muy modesta. Él trabajaba vendiendo alpargatas y mi padre lavando platos, y vivíamos toda la familia apiñada en un departamento de 50 metros cuadrados, seis adultos y dos niños». «En una ocasión —cuenta Rafael Fernández—, le vendió calzado a un emigrante asturiano de los que llevaban allí mucho tiempo, y éste se alegró al saber que también era español: ‘Me da mucho gusto conocerlo, pero sepa que aquí está llegando cada uno... ¡sin ir más lejos hay un tal Belarmino Tomás que se robó todo el dinero de Asturias!’». «Eso le dijo, en la cara, así que fíjate cómo sería la campaña de Franco para desacreditar a mi abuelo, que nunca tuvo nada», ilustra este investigador que publicará, la próxima primavera, un libro que llevará por título, sencillamente, Belarmino.

Fernández, que estudió en el Colegio Madrid, fundado por exiliados y donde impartían clase algunos de los grandes intelectuales del 27, catedráticos de Salamanca y de la Complutense de Madrid incluidos, cursó estudios de Ingeniería Civil y de Sociología, pero casi todos sus esfuerzos los dedicó a la lucha social. Fundó un partido, el Socialista de los Trabajadores, estuvo en la cárcel en España en los años sesenta y luego expulsado por sus contactos con movimientos trabajadores y estudiantiles, pero también la pisó en México. «Mi abuelo me había recomendado no vivir nunca de la política, así que en realidad saqué a mi familia adelante, durante 32 años, vendiendo seguros», comenta.

Con hijas y nietos, a Rafael Fernández le esperaba «abuelear» en la localidad de Quintana Roo, pero en vez de eso, hace cinco años, decidió volver a España y embarcarse en la «aventura» de que «los asturianos y leoneses conozcan una parte de su historia que se les ha hurtado». Ahora vive en Gijón y se ha puesto por delante un horizonte de cinco años de trabajo en los que su objetivo no es sólo sacar adelante el libro sobre Belarmino Tomás, sino intentar que la sociedad y las instituciones reclamen el regreso «a Asturias, los que afecten a Asturias, y a León, los que afecten a León», de todos aquellos documentos en los que están contenidos el día a día de una época en la que estas tierras eran soberanas.

   
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