+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

La pincelada vigorosa de Monteagudo inunda Sardón

 

Fragmento de una de las obras de Philippe Monteagudo expuestas en la Galería Sardón. - cuevas

marcelino cuevas | león
14/02/2012

Llega a la leonesa Galería Sardón la obra de Philippe Monteagudo. Se trata de una pintura llena de vida, de enorme fuerza y abigarrado colorido. Monteagudo transita con sus enérgicas pinceladas entre el impresionismo y el expresionismo. Pero destaca el veterano pintor, especialmente, como un artista lleno de personalidad.

Le gustan a Monteagudo los campos plagados de las rojas manchas de las amapolas. Le encantan los cielos poblados de amenazadoras nubes. Pero le interesan especialmente las personas, las multitudes, las fiestas, la gente disfrutando de mágicas playas… es la suya una pintura lúdica y magníficamente construida que habla de un gran maestro. Philippe Monteagudo, hijo de padre español y madre francesa, nació en París en el año 1936. Desde 1970 vive en Fuentealbilla, pueblo albaceteño. Cursó estudios de Bellas Artes en París. Su larga carrera ha atravesado por muy distintas etapas.

Otras de las escenas que atraen al artista son las terrazas de los cafés de los bulevares parisinos, así como el interior de los burdeles del pasado siglo en la capital francesa. Como contraste, también son de destacar en sus cuadros las procesiones o los temas religiosos donde las imágenes son solamente un pretexto, un elemento más de la escena callejera, arropadas siempre por caras de personajes con clara influencia de las pinturas negras de Goya.

La obra de Monteagudo se sitúa entre el simbolismo y la rebeldía. De ácida expresión refleja afanes y desasosiegos, en ella se incluye lo grotesco, lo esperpéntico. Según Antonio Cobos, «se trata de una pintura hecha con fuerza y en la mejor línea de Goya, Solana o Mateos, donde el dramatismo se mitiga con el tratamiento pictórico, donde la expresividad se modera en el color, donde, en fin, esas materias cromáticas que se acercan o se alejan, cubriendo o descubriendo espacios y tiempos, ese interés particular sobre las sensaciones ambientales, se concreta en una perfecta armonía de planos y una luminosidad brillante, en ocasiones lírica».

Contemplar un cuadro de Monteagudo es sumergirse en un mundo donde lo cotidiano se convierte en símbolo universal de la realidad. Los temas se repiten en su obra obsesivamente y, sin embargo, en cada nueva creación parecen únicos, recién nacidos, recién descubiertos por la mirada ávida del pintor.

   
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de Diario de León

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla