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¿Por qué el Barrio Húmedo se llama Barrio Húmedo?

El honor de su bautismo se lo disputan Valdés, Waldaliso... y la inventiva popular . Pese a su popularidad, ningún cartel informa de su presencia o indica su dirección.

E. GANCEDO | LEÓN
05/07/2015

 

«Hay en León tabernas tantas/ que su número me espanta», rezaba la coplilla. Ciudad tradicionalmente cantinera y trasegadora, es sobre todo su cogollo antiguo —casas apiñadas, torres de iglesia, tapial y teja en intrincado trazado medieval y judaico— el que ha venido albergando un mayor número de tascas, figones, bodegas y chigres. Un casco antiguo al que hoy todos llamamos Barrio Húmedo y que rivaliza con la Catedral y San Isidoro —si no vence abiertamente en muchas ocasiones— como lugar de interés para el turista y el peregrino. Entre lo singular del nombre y lo sugerente de su propuesta —cortos y prietos siempre con tapa gratis de por medio—, el forastero pregunta por el Húmedo casi nada más poner el pie en León, y acude en cuanto puede a ese puñado de plazuelas y callejinas en el que generaciones enteras de leoneses se han encontrado, departido, achispado o trabado negocios, camaraderías y amores.

Pero, ¿por qué Húmedo? ¿De dónde le viene nombre? ¿Fue alguien concreto quien lo bautizó así? Ahora que Casa Benito, una de las tabernas imprescindibles de la ciudad, ha cumplido cien años de vida en su acogedor rincón de la plaza Mayor, sombreado de soportales, y lo está celebrando con encuentros y filandones que se prolongarán durante todo el verano, la cuestión cobra su interés, y es también tema recurrente en muchas tertulias a pie de barra a pesar de que, por mentira que parezca, no hay un solo cartel en León que informe de su presencia o indique su dirección (quizá por eso preguntan tanto los visitantes). Tampoco conviene perder de vista que otros establecimientos emblemáticos del barrio accederán, andando el tiempo —y si la salud y la economía lo permite— al siglo redondo, entre ellos el Besugo, que lo hará en 2024.

Respecto a la pregunta, parecen existir dos teorías. Una dice que el nombre es plenamente popular, fruto de la imaginación comunal o de algún anónimo bautista, y otra, que la denominación se la adjudicó alguna persona particular, un periodista, divulgador o estudioso de lo leonés. Esta explicación a su vez se bifurca y mientras unos declaran que fue el prolífico periodista Manuel Valdés quien ostenta el honor, otros defienden que el mérito es de Máximo Cayón Waldaliso, cronista oficial de la ciudad y quien también se prodigó en los rotativos de León, e incluso que el responsable fue aquel entrañable y audaz reportero apodado ‘Lamparilla’. Pero hay también una tercera opción —y quizá sea la acertada—: que el nombre fuera inicialmente tradicional, aunque minoritario, y que estos autores ayudaran, con sus artículos, a difundirlo y extenderlo.

Juan Carlos Ponga, investigador y experto en urbanismo leonés nacido en 1948, lo tiene claro: el apelativo es plenamente popular. «Antes, el vino en León no venía todo embotellado sino que en gran medida se trasegaba. O sea, que llegaban con aquellas grandes cubas, colocaban la goma y lo pasaban para la bodega de la taberna en cuestión. Yo aún me acuerdo de ver hacer eso en El Cuervo en 1970». «Y en ese trasiego siempre se escapaba algo —prosigue Ponga— había muchos derrames de vino y esa humedad no se evapora tan fácilmente como la del agua, es más persistente, así que imagínate cómo estarían todas estas callejas antaño. La gente diría: ‘Cómo está esto de húmedo, de mojado’, lo más fácil es que fuera por eso».

En todo caso, si hubiera que conceder un especial protagonismo a la hora de potenciar la denominación, Ponga lo deja caer sobre Carmelo Hernández Moros, ‘Lamparilla’, quien también escribió mucho sobre ‘el Húmedo’: «No olvidemos que ‘Lamparilla’ es el ‘culpable’ de que Las Cabezadas se llamen Las Cabezadas, y de que el Corpus Chico sea hoy el Corpus Chico. Era una persona que ponía nombres a las cosas».

Pero Máximo Cayón Diéguez, cronista de la ciudad como su padre, sostiene que fue Cayón Waldaliso, un hombre que, a diferencia de otros candidatos, «sí iba al Barrio Húmedo todos los días», quien bautizó a lo que en realidad ha venido siendo el barrio de San Martín, con su homónima plaza central, también apodada ‘de las Tiendas’, aunque el nombre de Húmedo se haya dilatado y alcanzado al Mercado y aledaños de la plaza Mayor; eso sí, sin rozar aún El Cid o Barrio Romántico. Cofrade, periodista y enorme investigador y popularizador de las cosas del viejo reino, Cayón Waldaliso nombró, a decir de su hijo, a aquel abigarrado mundo de tabernas «frecuentado por pandillas que cantaban y jugaban a los chinos», como aquella peña Los Tímidos, que se reunía en La Gitana y que acostumbraba a entonar, por Navidad, gloriosos villancicos propios, algunos elaborados por el propio Waldaliso. Cayón Diéguez recita uno: «La Virgen y San José van a hacer casa nueva/ y la quieren edificar/ en las Eras de Renueva./ Y el Niño Jesús les dice/ con su rostro angelical/ cuando terminéis la casa/ yo ya estaré en El Ferral».

Casa Benito, El Besugo, el Racimo, la Bodega Regia… eran establecimientos frecuentados a diario por el recordado cronista. «Yo creo, sinceramente, que fue mi padre».

Posible solución al dilema es acudir a las hemerotecas. ¿Y cuál es la primera referencia al Barrio Húmedo en Proa y Diario de León, los dos periódicos de mayor tirada a lo largo del último siglo en la provincia? Pues corresponde al 20 de diciembre de 1952, el artículo de Proa se titulaba «El ‘barrio húmedo’, popular en nuestra capital» (subtítulo: «98 cafés y bares, 73 cantinas y 81 establecimientos de comidas hay en León»), y en él se nombran diversos locales, antiguos y modernos, y expresa que «sorprende extraordinariamente los numerosos y bien montados bares que existen en la ciudad». Sus párrafos cuentan con ese interés revestido de nostalgia que suele barnizar casi todo lo que esconden las hemerotecas. «Hoy, contrariamente a lo que se diga, se bebe mucho más que antes», reza, y en otro lugar anuncia un tanto proféticamente que, como «en aquellas épocas gremiales en las que las calles se denominaban acorde con los establecimientos que en ellas se abrían, nuestra capital debería buscar una denominación especial para estas calles y zonas». En la firma consta Mavalde, uno de los seudónimos de Manuel Valdés. Eso sí, entrecomilla lo de Barrio Húmedo como algo pintoresco y no lo da como cosa del todo nueva sino tradicional, algo que coincide con lo que cuenta otro clásico del periodismo local, Joaquín Nieves, natural de Verín, hoy con 91 años: «Cuando yo llegué a León, en 1947, y empecé a ir de vinos por aquí, ya se decía lo de Barrio Húmedo, era tradicional llamarlo así».

Desde aquella primera reseña periodística se espigan otras sin demasiada frecuencia: en 1956, en 1959, en 1962 (en ese año empieza a aparecer lo de Barrio Húmedo también en el Diario), en 1963... pero a partir de entonces se disparan las referencias, muy especialmente a través de textos firmados por Cayón Waldaliso, Lamparilla, Suárez Ema, Pacho Reyero y Crémer. En uno de 1964, por cierto, se recuerda que el nombre no es exclusivo de León (está el ‘Mojao’ de La Bañeza, el villafranquino, y hasta en Arévalo, Ávila, tienen su particular Húmedo). «Aquí, en esta piña tasquera, no se puede pedir agua. Es una herejía», escribe Waldaliso en su castizo rincón Motivos leoneses. «Lo bueno de esta ‘ruta del vino’ es que cada establecimiento es un mundo distinto», indica en otra parte.

Corazón, foro, núcleo, nombre de un grupo pionero del folk leonés, jerga (escribía Crémer en 1964: «Somos los leoneses lo que en el argot del Húmedo se llama ‘más bobobes que una piragua en un cascajal), el Barrio Húmedo es ante todo, y a pesar de los tiras y aflojas con ese nombre que parece aludir a que la verdadera humedad ‘se lleva por dentro’, la verdadera marca y bandera de la ciudad.

Y eso que se intentaron otras denominaciones. Luis Hernández, ‘Mejido’, permanente parroquiano de San Martín, probó con ‘La senda de los elefantes’, «por las trompas que se veían». Pero esa no prosperó.

 

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