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| Reportaje | Un berciano en París |

Premiado por la ciudad de sus sueños

El cantante leonés Amancio Prada recibe en Francia el gran premio Sacem al mejor artista extranjero por «Vida de artista»

 

Prada, durante una de sus presentaciones de «Vida de artista» - J. L. CEREIJIDO

Javier AlbisuJavier Albisu 10/12/2008

parís

El cantautor leonés Amancio Prada, que llegó a París en 1968 «con una mochila y una guitarra», recibe cuarenta años después el gran premio del repertorio Sacem al mejor artista extranjero por su disco

, un sentido tributo al cantante francés Leo Ferré.

Han pasado cuatro décadas desde que este músico nacido en Dehesas hace 59 años llegase a París con su macuto al hombro y acompañado únicamente de una guitarra que había ganado meses antes en un festival. «Me encontré con una ciudad tan abierta y tan libre, comparada con la España que había dejado detrás...», recordaba el artista poco antes de recoger el galardón de la Sociedad de Autores, Creadores y Editores de Música (Sacem) que le reconoce su adaptación al español de la obra de Ferré.

Esa adaptación le ha valido, entre otras cosas, que Mathieu, el hijo del cantante francés, se fundiese con Prada en un abrazo al término de la presentación de

en España para decirle: «Por fin, mi padre en español». «Le admiré desde lejos», comenta Prada, quien reconoce que nunca llegó a encontrarse personalmente con su homenajeado, aunque durante los cinco años que vivió en París -”y que sirvieron para alumbrar su primer disco,

(1974)-” coincidió a otros muchos músicos y poetas como Georges Brassens, con el que compartió escenario.

Sin embargo, dice del disco que no guarda «ninguna nostalgia», sino que es una manera de «volver a las andadas» porque recuerda aquellos años «con mucha alegría». Destaca, no obstante, la dificultad que ha entrañado forjar el disco para conseguir «decir en español lo que Ferré cantaba en francés con tanta fuerza, y al mismo tiempo hacerlo» a la manera de Prada. «Al principio no las tenía todas conmigo porque no es una poesía de fácil belleza», por lo que intentó «traducir una canción más que un poema, tratando de ser fiel a su espíritu, con frecuencia rebelde».

Ferré es «un hombre inconformista que se planteaba retos» como musicalizar a clásicos de la literatura francesa de la talla de Baudelaire o Rimbaud, escribir ópera o dirigir orquestas. Una figura que Prada ha ido conociendo a medida que trabajaba en su disco, descubriendo a «un gran poeta, músico e intérprete con matices muy ricos».

En un plano ibérico

Decidió no contar con músicos franceses para porque «se trataba de llevarlo a nuestro terreno, de germinar en otro suelo la semilla de su perenne belleza», explica. Una belleza que, indudablemente, guarda relación con París, el mismo escenario que vio nacer a Prada como artista -”tras abandonar la idea de estudiar sociología en La Sorbona-” y a la que regresa homenajeado 40 años después, en una ceremonia en la que también se reconoce a artistas como Alain Bashung, Louis Sclavis o Salif Keita. París está «igual de estimulante. El París monumental está ahí, restaurado, mimado... Es una ciudad ejemplar en cuando a dimensiones y trazados», dice de una capital que, a su juicio, puede disfrutarla tanto «el multimillonario como el que sólo tiene un euro en el bolsillo», porque basta con pasear a lo largo del Sena para deleitarse, comentó el artista berciano.

   
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