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Profesores de la Universidad desautorizan el leonés de Abel Pardo

Un libro que se presenta hoy revela la incongruencia de la lengua fomentada hasta ahora por el Ayuntamiento, que curiosamente tiene el apoyo oficial de la Universidad

 

e. gancedo | leóne. gancedo | león 13/11/2009

Impartir y recibir clases de leonés es lícito, enriquecedor y positivo, pero siempre y cuando se camine de la mano de los expertos, es decir, de académicos y filólogos, y no de la mano de políticos cuyos intereses suelen ir por caminos diferentes de los estrictamente lingüísticos o culturales. Ésta podría ser una de las conclusiones de El leonés en el siglo XXI (un romance milenario ante el reto de su normalización) , el libro que recoge las actas del segundo congreso sobre el leonés -”se trata de un encuentro bianual-” que hace dos años acogió la Universidad.

Coordinado por el catedrático José Ramón Morala, la obra incluye las aportaciones del escritor, filólogo y académico Roberto González-Quevedo y de los también lingüistas José Carlos Herreras, Julio Borrego o María Cristina Egido, así como las exposiciones de los participantes en una mesa redonda formada por representantes de las asociaciones Facendera pola Llengua, El Fueyu y Furmientu.

Tras el primer congreso, el de 2006, centrado en el cien aniversario de Menéndez Pidal, el del año pasado quiso abordar una cuestión de candente actualidad: la posibilidad de «normalizar» el leonés, es decir, de organizar su estructura en una gramática como la de cualquier otra lengua con vistas a su estandarización y enseñanza. Los expertos estudian esta opción y no se muestran en contra, pero avisan en estas páginas de soluciones poco científicas como el tipo de leonés fomentado desde la Concejalía de Cultura Tradicional que hasta hace unos días ocupara Abel Pardo.

Y así, escribe Morala, una vez analizados varios textos procedentes de ese entorno, que «en todos ellos, el fin ni es estrictamente lingüístico ni se hace para facilitar las necesidades comunicativas de los usuarios, sino que, más que usar la lengua como medio de comunicación, se usa como medio de identificación». Posteriores análisis revelan la incongruencia y escaso grado de cohesión de ese tipo de leonés (no así el del empleado en las obras literarias de, por ejemplo, González-Quevedo o Xosepe Vega, pegadas a la realidad del Alto Sil o de la Cabrera, respectivamente). Entre estas incoherencias se encuentran los dos puntos del diptongo en voces como rïalidá o llïonés , «en las que la diéresis resulta un rasgo gráfico fonéticamente redundante y superfluo, útil tan solo para identificar de inmediato a los usuarios de un determinado modelo de leonés, pero que carece de cualquier relevancia fonética». Pese a ello, la Universidad como institución sigue apoyando los cursos municipales, tal y como se observa en los carteles de promoción.

   
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