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La Sala Provincia del ILC se abre al testamento del genial Javier del Río

A través de más de sesenta piezas rastrea la esencia del malogrado artista asturiano.

 

A la apertura de la muestra acudieron representantes de la Diputación y familiares del artista. - jesús

marcelino cuevas | león
18/05/2013

El artista asturiano Javier del Río documentó su corta trayectoria vital con innumerables autorretratos. A través de ellos podemos hacernos una idea de sus vivencias, primero en su Asturias natal, después en Madrid, donde estudió Bellas Artes y, posteriormente, en un exilio voluntario de Londres e Italia. Pero posiblemente sean mucho más sinceros y autobiográficos los que pintó en los últimos años de su vida rodeado de su familia en tierras asturianas.

Ayer, la que fuera su esposa, Guadalupe Rodríguez, y sus hijos, Alicia y Tadeo, estuvieron presentes en la inauguración de la exposición del artista en la Sala Provincia del Instituto Leonés de Cultura. En el acto, su viuda pronunció unas sencillas palabras en las que glosó la figura humana de Javier del Río. Por otra parte, el comisario de la muestra, Francisco Zapico, comentó los aspectos artísticos del gran pintor y escultor gijonés.

Del Río realizó una única exposición en León, concretamente en la Escuel de la Casa de Cultura de Trobajo del Cerecedo, en 1997, donde coincidió con un importante grupo de artistas leoneses de vanguardia.

En esta exposición nos encontramos ante la obra de un artista lleno de personalidad. Un hombre que a lo largo de su carrera se ha dejado influir por muchos de los grandes maestros del siglo XX, desde Picasso a Modigliani, pasando por Bacon o Klee. Esto no quiere decir que en algún momento copiara la obra de sus referentes artísticos, sino que con mano firme se sirvió de esas citas a sus estilos para crear una obra nueva y totalmente personal.

Javier del Río fue un artista multidisciplinar que atravesó por varias épocas bien definidas que pueden apreciarse claramente en la variedad temática y plástica de sus obras. Pero, según él mismo aseguraba, «me siento pintor por encima de todo. Aunque siempre, desde mis comienzos, me gustó explorar esporádicamente imágenes tridimensionales con materiales como la madera, el barro crudo, la cerámica, la escayola, el hierro y hasta estructuras de papel y tela». Y así, en esta exposición, titulada en concreto Tiempo de Javier. Escultura y pintura, se hacer un interesante recorrido por su obra.

A la hora de conocerle, nada mejor que volver a sus propias palabras: «Cuando empiezo a trabajar —explicaba— soy aliado del azar, nunca sé cómo acabará la pieza. A veces, al límite de la paciencia, le doy un giro de ochenta grados, un corte aquí y allá, al azar y, de repente, como por arte de magia, la cosa empieza a funcionar permitiendo que de forma casi milagrosa aflore toda su esencia».

En la Sala Provincia pueden admirarse 31 pinturas, 29 esculturas y un grabado que abarcan el periodo comprendido entre 1989 y2003, y que ofrecen una visión sintética, pero muy estricta, de su obra tanto en relación con sus contenidos y temáticas fundamentales así como de los sistemas, técnicas y materiales que empleó en su expresión creativa. Recordemos sus palabras: «Sin dejar la pintura, parte de mi tiempo lo dedico a la búsqueda de imágenes en hierro. Creo que son figuras sencillas, que no soy un escultor abstracto en absoluto. Aunque mis figuras están realizadas a través de elementos abstractos. Y tampoco soy realista, intento en la figuración de mis modelos que estos hablen de emociones y actitudes que en una representación formal jamás existieron».




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