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«Sigo buscando la respuesta definitiva»

Eleazar Villa presenta hoy su primer libro tras cincuenta años haciendo versos. Pedro Trapiello firma el prólogo.

 

Eleazar Vicente Villa Carcedo, poeta de la calle. MARCIANO PÉREZ -

02/03/2018

Lugar: Bodeguilla El Salero (Santo Tirso, 34).

Hora: 20.00.

e. gancedo | león

Entra el periodista a la Bodeguilla El Salero y, además del tintineo de los vasos y la animación de los grupos en charla, patatas y morcilla de por medio, lo primero que le sale al paso es la mano de un parroquiano en el hombro y una confidencia susurrada con tintes de revelación: «Ya está sonando el nombre de Eleazar para el próximo Nobel de Literatura. No te digo más».

Ese extremo está por confirmar pero lo que sí es cierto es que cuando a Eleazar Vicente Villa le comunicó el editor Martínez Reñones que su primer libro acababa de salir del horno, acudió a la oficina a por ellos y ya lleva tres cajas vendidas en el barrio de Santa Ana, donde su rostro, voz y filosofía natural, siempre a pie de barra, son enormemente populares.

Natural de San Cipriano del Condado, Eleazar Villa lleva más de cincuenta años escribiendo versos pero hasta el momento esas creaciones no habían estrenado el traje de las letras de molde. Siempre creyó que era pronto. «Si no veo, si no comparo, si no valoro... ¿cómo voy a saber quién soy yo, qué es lo único que me preocupa?», solía decir. Hoy, considerándose maduro para ello a sus 63 años, presentará en su bodeguilla de cabecera un poemario de aliviador título y estrofas callejeras y humanísimas: Desahogo para poemas (editorial Lobo Sapiens), que cuenta con un contundente preámbulo del columnista de este periódico Pedro Trapiello (Esto no es un prólogo, es una orden) y con ilustraciones de Wenceslao Rodríguez Blanco.

«Sí, llevo muchos años escribiendo, unas veces con tempestuosidad y otras tempestuosamente», desliza, críptico, mientras toma un rioja de revelador nombre para quien esté familiarizado con su biografía, Amor de madre. «Yo, como decía Borges, creo que más importante que leer es releer».

Y poemas como De polvo y nada, He visto en lo humano o Una noche de preguntas han sido mil veces releídos y revisados (y aún así, «sigo buscando la respuesta definitiva», avisa) hasta quedar a gusto de este autor improbable que sin sonrojo se enorgullece de levantarse pronto... «para tener más tiempo con el que no hacer nada». Cita a Dalí y a Fassbinder, fue discípulo de Díaz Rollán, gran escultor leonés, y en su día recorrió la Baja California en una suerte de road movie que acabó arrojándole al frío calabozo. «Mi abuelo, que era rico, decía que no se podía andar sin un céntimo en el bolsillo. Por eso yo ahora siempre llevo... un céntimo», cuenta.

Pero además, la presentación de hoy, todo un acontecimiento en el barrio, contará con un añadido fílmico: el local proyectará el documental sobre su vida que realizara Alberto Alba en 2003. «Eso lo hago para que nadie me diga que prefiere la película al libro», declara muy serio.

a b

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