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Un reportaje de los años 50 asegura que el claustro de Palamós es de León

El periodista madrileño atribuye a esta provincia el atrio románico que entonces estaba en la Ciudad Lineal.

 

El historiador leonés Gerardo Boto, que descubrió el claustro en una finca de Palamós. - robin townsend

verónica viñas | león
20/07/2012

El claustro de Palamós procede de León. Así lo contó en un artículo publicado en los años cincuenta el periodista Germán López Arias (Madrid 1927-2003). El enigma sobre el origen del claustro ha movilizado a decenas de investigadores y aficionados, que se han lanzado a la caza de pruebas para averiguar su enclave original y en qué circunstancias se vendió. El blog ‘Sol y Moscas’ reproduce una página de un periódico localizada en el Archivo de Cataluña, presumiblemente del diario El Alcázar, de los años 1950-58, cuando todavía el atrio se encontraba en un solar de la calle Ángel Muñoz de Madrid. El reportaje, titulado «Roma ha brotado en la Ciudad Lineal», se publicó con varias imágenes del fotógrafo Cortina, en las que se ve a una joven posando junto a las columnas.

El autor del texto, Germán López Arias, da una pista: el claustro de la Ciudad Lineal es de León. No explica cómo lo ha averiguado ni el lugar concreto de la provincia del que procedería.

El periodista tenía que conocer bien el atrio románico, puesto que él vivía en la Ciudad Lineal, donde su padre, un conocido productor de cine, había instalado un laboratorio cinematográfico en los terrenos de un parque de atracciones donde más adelante se construirían los estudios CEA.

La galería de columnas del siglo XII fue descubierta por el historiador leonés Gerardo Boto, al que no le pasaron desapercibidas las fotografías que publicaba una revista de decoración francesa sobre la finca Mas del Vent, propiedad del industrial Kurt Alexander Engelhorn, perteneciente a una de las familias más ricas del mundo. El atrio, que forma parte de la ornamentación del jardín de Palamós, está siendo analizado por técnicos de la Generalitat, quienes aún no se han pronunciado sobre su autenticidad o si se trata de una réplica, como han apuntado algunos historiadores.

Extraños personajes

El tema parece sacado de una novela negra. En la venta del claustro intervienen algunos personajes que fueron claves en el expolio de España durante el siglo pasado. Uno de ellos es el anticuario zamorano Ignacio Martínez, que ‘colocó’ importantes piezas del patrimonio nacional a coleccionistas como Arthur Byne, ‘brazo derecho’ del magnate Randolph Hearst en la compra de tesoros españoles. Byne era además miembro de la Hispanic Society de Nueva York, cuyo fundador fue el multimillonario Archer Milton Huntington, cuya colección de monedas, con decenas de ‘tesoros numismáticos leoneses’, acaba de ser subastada en parte en Madrid.

La finca de Palamós donde está el claustro –muy deteriorado con respecto a las imágenes antiguas que se han localizado de la época en la que estuvo emplazado en Madrid- la adquirió en 1953 el tío del actual dueño, Hans Engelhorn, un gran coleccionista de arte.

La conservadora del Museo Arqueológico Nacional, la historiadora leonesa Ángela Franco, cree que el claustro de Palamós es auténtico y podría ser del desaparecido monasterio de Benevívere, en Palencia. El historiador leonés Alejandro Valderas recuerda que Benevívere está en Tierra de Campos, por lo que no habría que descartar que las galerías del claustro provengan del desaparecido monasterio de San Benito de Sahagún. Valderas sigue la pista al anticuario Ignacio Martínez, quien, como testaferro de Arthur Byne, intervino en la venta del claustro de Palamós y ‘peinó’ en aquellos años el triángulo existente entre Benavente, Zamora y La Bañeza, como lo prueban algunas facturas. «Tenemos constancia de que intentó comprar la iglesia de Santa Colomba de la Vega y consiguió adquirir un retablo de Nicolás Francés de Valdesandinas, actualmente en el Museo del Prado». Valderas no descarta la vinculación del hacendado leonés Rodrigo Torbado, que adquirió durante la desamortización numerosos bienes religiosos, entre ellos San Benito y San Pedro de las Dueñas y «tenía la manía de montar y desmontar inmuebles debido a su profesión de arquitecto y muchas de las piezas las tenía en su finca».

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