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CORTOMETRAJES

Y la vida se hizo actriz

Setenta personas y cuarenta empresas de Astorga erigen la película ‘La mecedora’ .

 

Fotograma del cortometraje 'La mecedora'. -

ANA G. VALENCIA | ASTORGA
21/08/2015

«Sentirás el corazón y con él todos aquellos sentimientos que han nacido sin pensar, han crecido sin saber y han vivido sin morir». Quizá ésta sea la frase que mejor resume la esencia del cortometraje La mecedora, del joven astorgano Alfonso González Díaz-Palacio, un estudiante de Comunicación Audiovisual embarcado en un trabajo colectivo que comenzó a fraguarse en el mes de enero. Ahora ya es una realidad y verá la luz entre hoy y mañana con varios pases a partir de las 20.00 horas en la biblioteca municipal de Astorga.

Cuando Alfonso se lanzó a este proyecto no sabía que la respuesta ciudadana iba a ser tan espectacular. Para llevar a cabo el corto buscó una nueva fórmula para evitar pedir dinero para la financiación. Se ha rodado, producido y editado con cero euros, pero eso sí, con una enorme implicación. Tanto, que cerca de 40 empresas se han sumado a esta idea, prestando material para el trabajo. Algunas, dice el joven, tan variopintas como un centro de estética o una empresa de acupuntura.

Apoyo ‘material’

En su proyecto, González ha pedido a los colaboradores el material, por ejemplo, la mecedora a una tienda de muebles, una habitación a un hotel para rodar o estancias de una casa rural para otras escenas. Astorga ha vuelto a convertirse con él en un plató de cine. Además de la participación empresarial, ha recibido más de 150 correos electrónicos de ciudadanos dispuestos a involucrarse. Eso sí, ninguno actores ni actrices profesionales. En total son 70 las personas que aparecen en el corto, de 4 minutos. Cuenta que el más joven apenas tenía una semana y media cuando se rodó su escena y el más longevo ya superaba los 70 años.

La mecedora es una oda a todo lo bello de la vida. Comienza con un amanecer en la edad madura. Desde la silla que se balancea mira hacia atrás en el tiempo y empieza a recordar todos esos momentos bonitos. El nacimiento de un hijo o el primer amor. No falta un guiño a la muerte o a las relaciones intergeneracionales. «No hay pasado ni futuro», explica el autor, que argumenta que quizá la escena, de las 30 que aparecen, por la que tiene predilección es la de su hermana y su cuñado vestidos de novios de nuevo. La más dificil fue hacer conectar a un abuelo y un nieto ficticios. «Todo se arregló con un caramelo», asegura.

Anécdotas le sobran. Explica que en una de las escenas necesitaba una discoteca llena y la solución fue llegar a la plaza Mayor y pedir a un grupo de peregrinos y una pandilla que celebraba un cumpleaños que les acompañara. «El establecimiento se llenó de inmediato». También narra que una mañana bien temprano, a eso de las 06.30, mientras esperaba para grabar un amanecer, una peregrina eslovaca se le acercó y no dejaba de hablar en inglés. «Creo que tenía necesidad de conversación», bromea.

Ahora, que el corto está a punto de salir del horno hace un buen balance de lo vivido. «Quiero compartirlo y agradecer a toda la gente y empresas su participación mostrándoles y exponiendo el trabajo», afirma Afonso Gonzáles, quien moverá el proyecto por diferentes festivales. El mérito no hay quien se lo quite pues todo el cortometraje lo ha capitaneado en solitario, desde la producción a la edición. Sus instrumentos, una reflex y dos focos. «Con este proyecto siento que he subido un escalón», confiesa el joven.






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