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CULTURA ■ MÚSICA

Voces para recordar a Felipe Magdaleno

■ Piden que el Ayuntamiento dedique una calle al ilustre musicólogo ■ 900 documentos suyos no han sido publicados.

 

El busto dedicado al musicólogo, director de coros y organista, en su nuevo emplazamiento frente a la Real Colegiata de San Isidoro. RAMIRO -

Felipe Magdaleno, dirigiendo a la Coral Isidoriana en el año 1977. ARCHIVO -

10/10/2017

e. gancedo | león

Hay muchos que conocen (y que hasta habrán participado en una) lo que es la pastorada leonesa, ese tipo de teatro popular y propio de nuestras comarcas, pero quizá algunos menos hayan oído hablar de la persona que lo sacó del olvido y contribuyó a su actualización. Ese hombre fue el musicólogo Felipe Magdaleno, también fundador y director de la Coral Isidoriana, recopilador de canciones, canónigo y Maestro de Capilla de la Real Colegiata de San Isidoro... y muy diversas cosas más.

Magdaleno murió en 1984, a la temprana edad de 54 años. Y para evitar que su nombre y su labor cayera en el olvido, el Ayuntamiento restauró y cambió de lugar —del Jardín del Cid a la plaza de San Isidoro—, el año pasado, el antes oculto busto con el que se le había rendido homenaje. Pero sus seguidores, quienes desean que el legado de Felipe Magdaleno perviva y continúe ofreciendo frutos creativos, han pedido también que se le dedique una calle de la capital leonesa. «Aunque zamorano de nacimiento, fue un leonés de siempre. Desde muy niño vivió en Sahagún, donde su padre era organista titular de la iglesia de San Lorenzo y director de la banda de música, y ahí comenzó su afición por el piano —lo recuerda el escritor, divulgador y coleccionista Pepe Muñiz, en una nota remitidas al Diario—. Siguió la carrera eclesiástica en el Seminario Mayor de León, diciendo su primera misa en Sahagún. Fue nombrado coadjutor y organista titular de la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva, pasando después por varias parroquias como las de Mansilla Mayor, Villamoros de Mansilla y Villasabarieg, siempre dirigiendo y fundando coros».

Muñiz resalta que el maestro Magdaleno fue ante todo «un gran recopilador y divulgador de la música tradicional leonesa. Para ello hubo de recorrer muchos de nuestros pueblos, aldeas, villas y lugares, rastreando las raíces más antiguas de su patrimonio sonoro». «En 1962 se le nombra beneficiado de la Real Colegiata de San Isidoro, llegando a ocupar el puesto de primer organista —incide—, y luego el de maestro de capilla, y en ese mismo año fundó la célebre Coral Isidoriana». A lo largo de la década de los sesenta puso en escena, varias veces, la pastorada leonesa que recogió, clarificó y unificó, haciendo posible que toda una variedad de grupos, asociaciones y pueblos pudiesen después representarla siguiendo su libreto. Pepe Muñiz recuerda que en el llorado Teatro Emperador la escenificó por dos veces con la Coral y cuadro de actores, y el auditorio a rebosar. «Pero el volumen de recopilación del folclore leonés que dejó Magdaleno fue inmenso, y es no sólo un deber sino una necesidad para la cultura rescatar y sacar a la luz todo ese grandioso patrimonio musical —reclama el autor—. En total, que sepamos, quince canciones editadas, 246 canciones grabadas y 900 documentos sin publicar».

Recuerdo entrañable

«En Villasabariego —ejemplifica—, le recuerdan especialmente por el empeño que puso en representar el Auto de los Reyes, que es la parte posterior de la pastorada. Aún hoy, después de muchos años, les gusta hablar del éxito de la obra y de los distintos personajes que les tocó representar a cada uno. También en Villasabariego aparece el nombre de Felipe Magdaleno unido a un sonido tan característico como es el de las campanas, lo cual puede comprobar cualquier curioso que suba a la espadaña de la torre y vea allí la inscripción». Y resalta también el mimo que puso en la transcripción de la pastorada de Villamoros y las muchas reediciones que hubo de hacerse del disco donde la incluyó, grabada con la Coral Isidoriana, así como la muy aplaudida representación que de ella se hizo en 1961 en el cine de los Agustinos» —el auténtico estreno en la capital de una pastorada leonesa, sostiene Muñiz—.

Uno de los más reconocidos musicólogos del país, el zamorano Miguel Manzano, ya dejó dicho que el legado de Felipe Magdaleno «no se trata de unas cuantas canciones grabadas al azar o de forma esporádica», sino un corpus amplio y de gran interés, dado que él mismo halló en San Isidoro, entre otro diverso material, cintas con 128 horas de música grabadas».

Hace un año, Manzano, autor del Cancionero leonés entre muchas otras obras y recopilaciones, donaba a la Biblioteca Nacional su ingente archivo musical junto al de Felipe Magdaleno por autorización de Teodomiro Álvarez, sucesor del canónigo en San Isidoro. A principios de los año noventa, Miguel Manzano había presentado al Cabildo un ambicioso proyecto para editar al completo la obra de Magdaleno, sin éxito. El reto sigue, así pues, en pie.

   
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