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Yeats y los ministerios

 

MINORÍAS ABSOLUTAS rafael saravia
13/06/2018

Es curioso cómo la política y la cultura se van entrecruzando, acusándose y persiguiéndose mutuamente en el intento constante de mejorar la visión humanística del mundo a través de la reflexión y la búsqueda de una belleza que nos una como comunidad.

En estos días de formación de gobierno nuevo en nuestro país, la expectación que ha generado la elección de ministros ha sido grande. Mayoritariamente han sido bien acogidos a nivel social aunque algunos, entre ellos el de Cultura, han sido cuestionados por la comparación con respecto a sus compañeras y compañeros de cartera. Pareciese que había en la elección de Cultura un escalón menor en comparación a sus iguales en otros ministerios. Es importante saber que siempre ha existido un vínculo importante entre cultura y compromiso político. En nuestro país tenemos el ejemplo de Larra, Azorín, Alberti o el gran Unamuno como ejemplo de grandes escritores que ejercieron como diputados.

Hoy, 13 de junio, podemos celebrar que hace exactamente 153 años nació uno de los poetas que siempre lucharon por cambiar, por ampliar miras pero sin renegar de una tradición que le conformó como persona. Hablo del grandísimo William Butler Yeats. La apuesta vital de Yeats se construyó en la tradición de su región natal en el condado de Sligo —«el lugar que realmente tuvo mayor influencia en mi vida fue Sligo», llegó a decir—, pero pronto supo buscar vías para justificar lo que el pensamiento ortodoxo frenaba.

Yeats se convirtió en búsqueda, y esa búsqueda fue derrocando límites y fronteras. En el lenguaje apuró lo comprensible y navegó por lo que era extremo. Su simbolismo generó reticencias en su tiempo, pero supuso el mejor caldo posible para la creación de lo que después fue el movimiento surrealista. Gracias a otro extraordinario y controvertido poeta, Ezra Pound —quien ejerció de secretario personal de Yeats—, se adentró en el universo creador de la poesía oriental —especialmente la japonesa pero también la china—. Y supo generar un crecimiento vital en su mirada mezclando los poderes que la amplitud de miras confiere al creador.

Yeats tuvo un público minoritario? al que obligaba a esforzarse para comprender tanto su creación poética como su dramaturgia. Esto en ciertos tiempos era valorado. Ser para todos pero con la exigencia de los más altos estándares. En 1922, con la independencia de Irlanda, es nombrado senador del nuevo país, donde ejerció 6 años su compromiso público. Un año más tarde de su primera investidura, en 1923, le concedieron el premio Nobel de literatura.

Todo esto me viene a la cabeza cuando, de entre todas las posibilidades, se fijan ciertos ministros por su trayectoria y valía profesional, y otros por su popularidad y amistad.

La prudencia me hace ser cauto a la hora de juzgar la valía de cualquiera de ellos, pero sabiendo que en España tenemos grandísimos pensadores y creadores, ciertas elecciones más fashion me chocan. Veremos con el tiempo si nos vale con lo que viene o necesitamos un Yeats o un Unamuno para mejorar lo andado.

   
1 Comentario
01

Por Ciudadano García 9:41 - 13.06.2018

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Un ministro de Cultura light, al que hoy le sacan en la prensa sus verguenzas.

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