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Vinos de su puño y letra

«Del Verdejo, la personalidad»

Ángel Peláez Fernández
Bodegas Peláez


Representa a la tercera generación familiar vinculada al vino en Grajal de la Ribera. Juega a todos los palos del Prieto Picudo —rosado, tinto y crianza—, pero Peláez, la bodega que lleva por nombre su apellido, siempre se distingue por el mejor Verdejo. El ‘Airad’ aúna simbolismo, frescura y sabor

 

Ángel Peláez,en la bodegade Grajal dela Ribera enla que vienedesarrollandouna parte desu actividad. - B. FERNÁNDEZ

Rafael Blanco
25/01/2013

Es el blanco que ha dado la mejor cara en esta zona, el de mayor personalidad. Y lo cierto es que yo lo vendo bien, quizá porque se ha derivado la producción al Albarín y hay menos competencia. Como también es cierto que hay que pelearlo mucho y que tienes que apoyarte en los que tiran por la tierra». Defiende Ángel Peláez con esos argumentos su apuesta por el Verdejo sabiendo que va a contracorriente. Lo hace desde que en el 2003 afrontó la primera elaboración de este monovarietal blanco —entonces fue Senoel— al que a partir de la siguiente vendimia puso nombre propio. El Airad encierra sentimiento y emoción y, lo mismo que el anterior, hay que leerlo al revés para entender su carácter, o al menos intuirlo.

El Zarcillo de Plata del 2009 supuso el espaldarazo definitivo para este verdejo cazurro que triunfaba así nada menos que en la tierra madre de los verdejos. «Intento definir en él una personalidad diferenciadora respecto a los verdejos de Rueda. Y yo creo que esa diferencia está en el punto de amargor que lo sitúa, también por calidad, un peldaño por encima de lo que habitualmente encuentras en el mercado. No compito con los básicos. Voy a otro nivel de mercado», explica Peláez. Y añade entre el lamento y la gratitud: «Pero para eso tienes que contar con la complicidad del hostelero y la fidelidad de los que lo aprecian y de los que tiran por lo nuestro, por lo de esta tierra».

Junto a ese Airad, los Senoel (rosado y tinto joven) y Tres Almas, un crianza de corta producción, comercializa Peláez dos semidulces de baja graduación y carbónico orgánico pensados para abrir mercado como puerta de acceso al vino para consumidores venidos de otros hábitos. Los Rosetto blanco (Verdejo) y rosado (Prieto Picudo), presentados como Vino de la Tierra de Castilla y León, alientan esta corriente elaboradora a la que de año en año se suman más bodegas del entorno geográfico y con seguridad acabará calando en el mercado, en este caso ayudados por una presentación muy llamativa.

La base de elaboración de la bodega son 42 hectáreas de viñedo arrendado en Valdevimbre, trece de ellas de Verdejo, pero también —al menos testimonialmente— el propio. A las cuatro hectáreas y media con las que contaba la familia en Grajal de la Ribera y en Fresnellino se sumaron dos de nueva plantación, ya próximas a entrar en producción de calidad. Una de esas viñas abre las ventanas de la bodega a la variedad autóctona Albarín y en la otra, de marcado carácter experimental, hay cepas de Gewürztraminer, Sauvignon Blanc, Moscatel de grano menudo, etcétera. Curiosidades en este segundo caso y una apuesta de futuro en el primero. Si la base es ese viñedo, los escenarios de trabajo son un almacén de distribución en León, una bodega de nueva planta en Grajal de la Ribera y, tras ella, una cueva tradicional excavada a mediados del siglo pasado. La mejor cava posible para los Prieto Picudo. Y para el Verdejo.