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REPORTAJE DE LA SEMANA

Acero leonés en la cuna del rugby

CAMPEÓN DE INGLATERRA. Rodrigo Acero acaba de ganar a los trece años el campeonato nacional de rugby con su colegio de Warwick y ha sido seleccionado por los Worcester Warriors, equipo de la máxima categoría, que le harán un seguimiento para ver su evolución como jugador.

 

Rodrigo Acero posa con el equipo del colegio que acaba de proclamarse campeón nacional de Inglaterra, a donde llegó con apenas nueve años después de pasar por Dinamarca. En el país nórdico empezó a jugar al rugby, hasta convertirse en una de las promesas -

Rodrigo Acero, a la derecha, destaca por su potencia y velocidad a pesar de que es un jugador con mucha envergadura al que no le asusta el contacto. DL -

17/05/2018

sergio c. anuncibay | león

Cuando tenía cinco años, Rodrigo Acero Cuñado hizo las maletas y dejó León. Emigró junto a su familia a Dinamarca, donde vivió hasta que cumplió los nueve. Allí comenzó a practicar rugby, un deporte poco arraigado en los países nórdicos pero del que tiraba la comunidad extranjera.

Tardó tan sólo un año en ganar el título nacional con el Aarhus Rugby Club, aunque, como recuerda en tono distendido su padre Gregorio, aquello «no tuvo mucho mérito porque únicamente participaban dos equipos». No obstante, esa primera experiencia le marcó. Tanto que desde entonces no ha soltado el balón ovalado.

Lo tuvo entre sus manos durante los cuatro inviernos que permaneció en territorio danés y tampoco lo soltó cuando se trasladó a Inglaterra, donde el rugby es como una religión. De hecho, en el Warwick School, donde estudia ahora Rodrigo, hay 36 equipos y diez campos. Nada que ver con lo que se encontró en Dinamarca cuando arrancó su carrera.

En las islas británicas este joven leonés ha crecido mucho como jugador, hasta convertirse en una pieza importante de una plantilla que acaba de ganar el campeonato nacional, después de superar las rondas previas entre las diferentes regiones. Y lo ha conseguido en la cuna del rugby europeo, Inglaterra, donde a sus trece años Rodrigo Acero es ya toda una promesa de «un deporte de bestias jugado por caballeros».

De todas formas, ni él ni su familia se plantean aún que pueda dedicarse a ello como profesional y dan mucha más relevancia a todo lo que rodea a este deporte. «Le encanta pasárselo bien y en el centro, sobre todo, priorizan los valores relacionados con esta disciplina, por encima de la vertiente competitiva», explica Gregorio, su padre, quien ve diferencias notables entre el fútbol —cada vez más denostado— y el rugby. «Siempre se dan la mano cuando termina el partido, hacen pasillo al rival y jamás he visto una pelea o a alguien discutir con el árbitro», revela. Y no se olvida del famoso tercer tiempo. «Al final, los padres y los niños nos vamos juntos a merendar», celebra.

Si bien, es perfectamente consciente de que su hijo reúne muchas cualidades dentro del campo y destaca, principalmente, su potencia. «Es bastante rápido a pesar de su tamaño y no le da miedo nada. Se mete en todas las peleas», describe.

Sabe que esas condiciones han puesto a Rodrigo en la órbita de un club de élite que cada año capta a rugbistas jóvenes para ver cómo evolucionan. Él ha sido uno de los tres elegidos de su colegio por los Worcester Warriors, equipo de la máxima categoría en Inglaterra. Le han puesto un entrenador personal y le harán un seguimiento individualizado para saber hasta dónde puede llegar.

Además, desde el año pasado forma parte de un proyecto de la Universidad de Bath que monitoriza a cada uno de los jugadores de su equipo. Graban todos los partidos que disputan y analizan el progreso en el juego. «También ven si los entrenamientos, la dieta o el número de encuentros, entre otras variables, influyen en la evolución de los niños y en el número de lesiones», aclara Gregorio Acero, quien subraya como los ingleses «se toman muy en serio este tipo de cosas».

Igualmente, ha participado en sesiones de tecnificación dirigidas por el actual seleccionador inglés, Eddie Jones, que antes puso a Japón en el mapa del rugby mundial. También han sido varios los internacionales del XV de la Rosa que han acudido a su colegio para dar conferencias. «El deporte les forma para desenvolverse en la vida y eso es lo más trascendente», explica Gregorio, que únicamente quiere ver como su hijo disfruta cada día del rugby sin pensar en lo que pueda pasar en un futuro. Y mientras tanto, regresarán a León cada año para que Rodrigo alimente otra de sus pasiones, la Semana Santa. Es papón del Dulce Nombre y ya sabe lo que es pujar, a pesar de que sólo tiene 13 años.



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