Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

Menú Accede

DAVID FLECHA: DE LEÓN A AMÉRICA (CAPÍTULO VII)

«El máximo peligro es que te quieras quedar»

Agarrado a un chileno para expresar el impacto de Colombia. «Confieso que he vivido». El título de las memorias del poeta chileno Neruda le sirve al leonés David Flecha para resumir la sensación de vivir —y de estar vivo— que supone Colombia para el viajero..


03/05/2017

 

DAVID FLECHA | Medellín

¡Por fin estoy en Colombia!

Sí, la tierra de Pablo Escobar…pero voy a ponerte en antecedentes, porque sí realmente crees que este país lo único que puede ofrecerte es el recuerdo de un capo con bigote y sangre manchada de polvo blanco…déjame decírtelo…¡estás muy equivocado!.

Este lugar puede darse el lujo de contener todos los ecosistemas que puedas imaginar, pasando por selvas, desiertos, playas tropicales e incluso nevados; tiene el privilegio de que su luz sea el combustible para que a diario toda su gente esté siempre con la mejor actitud, y a la vez la desgracia de tardar en desprenderse de un pasado violento, de ya hace unos años, pero con el suficiente peso para que a día de hoy aún duela.

Y reconozco que quizás por ello, la primera vez que pisé esta tierra estaba, y perdón por la expresión, «un poco acojonado», pues parece que lo que hay al otro lado del charco carece de seguro, y más si se trata de Colombia, pero te prometo que puede ser la mejor de las suertes, y encontrar justo en ella lo que no estás buscando, y sin embargo necesitas.

No en vano, habrás escuchado hablar del conocido «realismo mágico», ese del que hablan las novelas de García Márquez o el mismo Borges, y más recientemente la serie Narcos, que, según mi criterio y aunque me tenga súper enganchado, no le hace mucha justicia a la realidad; pero así es este país. Tan real que parece místico, haciéndote dudar sobre lo que vives cuando pisas su tierra, inundándote a cantaros de satisfacción y decepción en la misma medida, de victorias traducidas en lagrimas, y derrotas acompañadas de caminos por seguir, de esperanzas futuras casadas con nostalgias que no caducan, y en general de todo aquello que encierra vida e implica magia. Así que si vas de venir…prepárate.

Los puentes siempre vienen en auxilio del viajero para cruzar los caudalosos ríos de Colombia.

Cielo, horizonte, montañas y ciudades. Toda Colombia es una postal colorida siempre dispuesta a sorprender y agradar. D. FLECHA
Los típicos autobuses-furgoneta de viajeros y mercancías. D. FLECHA.

Tal cual como lo hice yo, ideando planes, cuyas expectativas, la verdad terminaran siendo cortas frente a lo que habría de esperarme en la cotidianidad, pues, cuando llegué aquí hace casi dos años, pensaba que iba a dedicarme a trabajar, pero la mejor labor que pude hacer fue la de crear unos lazos que, a día de hoy, son tan fuertes como el mismo pasado del que Colombia no logra desprenderse, pero que para mi fortuna, son mucho más férreos.

Involucrándome con una cultura que rebosa de energía por los cuatro costados; y cuya gente es de otra pasta, más bien de arepa, frijol y «arrosito», pues si te acercas a las zonas campesinas y te descuidas puedes terminar comiendo en casa de alguien que acabas de conocer apenas 5 minutos antes, no quedándose atrás las ciudades, en las que si algo destaca, sobretodo en las zonas calientes, es que la amabilidad de la gente es algo de lo que uno puede aprender.

Con razón me decía mi amigo Carlos Agudelo al principio —Si te das cuenta Colombia es de los pocos países nada xenófobos. Aquí les encantan los extranjeros—, y puedo verificar que es cierto, si entre ellos son amables, con los extranjeros tienen un plus.

Eso sí, de todas las ciudades de este país hay una que si vienes tienes que visitar casi de forma imprescindible…la hermosa Medellín; y no solo lo digo por…bueno, ya sabes, sus mujeres; sino porque aquí se mezcla la auténtica cultura colonial con la modernista.

Este lugar, que aparenta ser tan peligroso por culpa de la prensa exterior es el mejor para, dejarse llevar y darse cuenta de lo equivocados que están algunos medios. Allá por donde vayas encuentras un espíritu alegre, las calles están repletas de verde, la actividad dentro de la ciudad es continua, como si nunca descansara; convirtiéndose, en algún modo, en una carta abierta de experiencias que ofrecer y que seguramente querrás repetir una y otra vez.

Si vienes estás a pasear por su centro, conocer las esculturas de Botero y el museo de Antioquia; visitar el Parque Arví, al que accedes por un metro-cable desde donde puedes contemplar toda la ciudad desde lo alto, ya que su sistema de transporte es envidiable; entrar en los barrios —que no sean peligrosos, debido a que entre algunos de ellos existen las conocidas fronteras invisibles que están vigiladas por alguien de cada una de las zonas, y si cruzas sin ser de la misma puedes no llegar a contarlo-; sentarte, a su vez, en una de sus miles de terrazas que encontrarás por la calle mientras una música en plan «champeta» o «vallenato» te taladra el oído —pero a la que créeme te acab as acostumbra-, o finalmente, sin haber llegado al final de las opciones, optar por saborear todos y cada uno de los manjares que esta tierra puede ofrecer al viajero.

¡Hay cientos de frutas tropicales!, ¡algunas de que yo no había visto en mi vida!, y que en Medellín encuentras por todas partes, dejándote el mejor sabor de boca que nunca hayas imaginado, sobretodo si es en forma de jugo —y te lo dice uno que estuvo durante dos semanas alimentándose solo a base de ello-, por lo que da igual de lo que sea…guanábana, carambolo, papaya, tomate de árbol, maracuyá, guayaba, mango, zapote, zanahoria, chontaduro, borojó —que es afrodisiaco y te pone que no veas-, ¡mereciendo solo por esto la pena venir!; sin hablar aún de «La bandeja Paisa», que aunque nada ligera, te crea una sonrisita que te recuerda a la verdadera comida casera de mamá; o de otros tantos platillos que no podía dejar pasar…sí, me refiero a la mazamorra…algo indescriptible y que sea hace con leche, maíz y un dulce de guayaba…¡pocas cosas tan baratas dan tanto gusto!; bueno sí, el milo, pero no quiero abusar…

Superando el fetiche gastronómico, del cual a todas luces declaro culpable, cabe decir también que hay algunas zonas de la ciudad que también llaman la atención del turista, como «El Poblado», que tiene un ambiente más cosmopolita y acomodado, y que merece ser conocido, sin gastar mayor tiempo, ya que si vienes a esta ciudad y decides pasar allí casi que la totalidad de tu estancia…¡está claro que has perdido además del reloj la cabeza! —por mucha cultura femenina y abundante rumba que te puedas encontrar por allí!; que, te lo advierto, si vas, corres el riesgo de no volver soltero, y de hacerlo seguro que es porque estás a medio camino entre ese mismo punto y el altar…¡pero qué demonios!, la auténtica Medellín queda lejos de allí.

Ya en las afueras hay pueblos que conservan toda la esencia paisa y antioqueña, y guardan un ambiente genuino; pueblos como Santa Fé de Antioquia—donde accedes por una carretera llena de mangos y si bajas la ventanilla del coche e inhalas el aire lo puedes notar-, Jericó, Jardín o Guatapé, éste último, que cuenta con una de las reservas de agua más bonitas del Departamento… haciéndole justicia a lo que siempre me sorprende de este país: a su verde, al ser la mayor parte de la extensión una exuberante selva, y que puedes incluso notar muy bien fuera de la capital paisa (Medellín), cuando vas por ejemplo a la zona del Chocó, donde la humedad aumenta considerablemente y desde el avión solamente ves verde, verde y más verde…algo increíble. No siendo, sin embargo, lo más cautivador de éste país, pues tal calificativo lo merece con kilómetros de ventaja su gente.

En fin, Colombia, un lugar donde dejé guardados algunos de mis mejores recuerdos, de esos que cuentan y mucho para sumarle vida a los años, aquí tengo por costumbre regresar en forma de canción cuando extraño algunos de los mejores días en que pude disfrutar de todos y cada uno de los amigos que me enseñaron a decir «te quiero» sin vergüenza y «a la mierda» sin remordimientos, y también de los peores, que tienen que ver como de costumbre con cosas del corazón, pero que de alguna forma sirven como lección para seguir adelante y estar seguro de que, como le dije el mismo Carlos un buen día tomando una Costeña bien fría: —confieso…que he vivido—.

Así es este país, así es Macondo. El lugar donde no existen inverosímiles, donde todo lo ocurrible en la vida puede pasar; desde guerras civiles interminables; pasando por recuerdos que aún duelen a pie de calle, pestes de insomnio —que quisiera creer tienen como causa crónica las ganas de soñar-, lloviznas de flores y mariposas amarillas, donde nuestros destinos pueden ser los de unos amores contrariados, donde se sigue creyendo con todo y a pesar de todo; y en general, donde un sueño puede llegar a ser tan real como mágico.

 

Última hora

Diario de León
© Copyright EL DIARIO DE LEON S.A.
Carretera León-Astorga, Km. 4,5 24010. Trobajo del Camino (León) España
Contacte con nosotros: diariodeleon@diariodeleon.es

DIARIO DE LEÓN ,S.A. se reserva todos los derechos como autor colectivo de este periódico y, al amparo del art. 32.1 de la Ley de Propiedad Intelectual, expresamente se opone a la consideración como citas de las reproducciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revista de prensa. Sin la previa autorización por escrito de la sociedad editora, esta publicación no puede ser, ni en todo ni en parte, reproducida, distribuida,comunicada públicamente, registrada o transmitida por un sistema de recuperación de información, ni tratada o explotada por ningún medio o sistema, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electro óptico, de fotocopia o cualquier otro en general.

Enlaces Recomendados: Vuelos | Cursos y masters | Juegos | Comienza a ahorrarte hasta un 65% en tu seguro con Regal

Edigrup Media: Diario de León | Diario de Valladolid | El Correo de Burgos | Heraldo-Diario de Soria

Diario de León