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La muerte repentina de Salvio Barrioluengo conmociona al deporte

El presidente que libró de la desaparición a la Cultural murió ayer en León a los 70 años

 

Ángel Fraguas - león
Ángel Fraguas 05/01/2004

Salvio Barrioluengo trabajó en la más humilde Cultural. Todavía solía argumentar con la razón de la experiencia en sus palabras que con las infraestructuras actuales era muy fácil asumir la gestión de un club, que estuvo bajo su mandato al borde de la quiebra, heredada de su anterior mandatario, Francisco Suárez, por una importante deuda a la Seguridad Social, que ascendía por entonces a cincuenta millones de pesetas. Salvio Barrioluengo, como hizo siempre en todos los aspectos de la vida, luchó contra viento y marea, para arreglar todos los problemas de los demás, que siempre le importaron más que los suyos propios. Salvio Barriolueno no cesó en su empeño de mantener las estructuras de la Cultural y se fue en persona a negociar la deuda de la Seguridad con Heriberto, hoy jubilado. Pero el carácter siempre amable y el amor por la Cultural le llevó casi a rogar una solución que provocara la no desaparición de un club como la Cultural. Salvio Barrioluengo, con una familia detrás, expuso un dinero para que la Cultural continuara su caminar. Su esposa e hijos fueron sus más acérrimos valedores para mantener viva su ilusión por trabajar en esta vida y darlo todo por aquellas cosas y situaciones que realmente merecían la pena. Como concejal de Deportes del Ayuntamiento de León, en la etapa de Juan Morano como alcalde de León, Salvio Barrioluengo encabezó muchas iniciativas para el buen estado de salud del deporte leonés, que todavía hoy en día han tenido continuación. Siempre se interesó por el bienestar de León y sus gentes, como sus máximos objetivos. Como presidente de la Cultural convenció a un entrenador, Manuel Tomé, y a toda una pplantilla para que permanecieran en la brecha pese a estar medio año sin cobrar sus mensualidades. También, a parte de las penurias en el apartado económico, huboe fracasos deportivos, que se subsanaron con el ascenso de Tercera a Segunda B en el estadio de Vivero. Con prácticamente la misma plantilla, repleta de leoneses, un año después consiguió diputar la fase de ascenso a Segunda. Lo de Las Palmas fue genial. Salvio Barrioluengo, con un grupo de leoneses, hizo concebir esperanzas a toda una ciudad. El reconocimiento nunca le llegó, pero descansa con la tarea hecha.