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Crónica de una expedición

Leoneses en el Cáucaso

La pareja de montañeros del Club Yordas formada por José Manuel Coedo y Javier Fernández narra su fascinante viaje a una de las cordilleras más bellas del Planeta

 

Leoneses en el Cáucaso -

Javier Fernández (*) - león
Javier Fernández (*) 19/03/2007

Llegó el momento, tras dar prioridad a los Alpes, a la Alaska range y a los Andes, por fin tenemos hueco para esta soberbia cordillera, yo la pondría el seudónimo de «la bella desconocida», su encanto y fascinación rivaliza con cualquier sistema montañoso del globo terráqueo y siempre fue la cima de Europa. Dividiendo los países de la Federación Rusa y Georgia y enclavada entre el mar Negro y el Caspio, las proporciones son ciclópeas. El pasado verano, dos alpinistas del Yordas emprendieron una nueva aventura en la verdadera cúspide caucasiana: José Manuel Coedo y Javier Fernández protagonizaron la segunda expedición de leoneses en esta cordillera tan remota. País cuadriculado Todo comienza en la embajada de Rusia. Es necesario obtener un visado para un país tan hermético que, la verdad, entre la carta de invitación, el Voucher, seguros de la actividad que realizas, seguro médico, programa, certificado médico, cuestionario, etcétera, da la impresión de que no quieren visitas. Además de contratar una agencia para el viaje precisas otra agencia de visados, salvo que te desplaces a la embajada, francamente incómodo para conocer un país. Llegando a Moscú tenemos la primera sorpresa, sólo llega un petate, falta el equipaje de Coedo. que afortunadamente llega esa noche. Nos alojamos en un hotel monstruoso colindante con otros de similares proporciones y nos llaman la atención el ornamento de estos, llevan motivos alusivos al deporte, el entramado se descubre, fueron construidos en 1.980 con motivo de las olimpiadas de Moscú y de esta forma salir al paso de cara al exterior. Al día siguiente tenemos el vuelo a Minerali Vody, la puerta del Cáucaso y toma de contacto con el lugar. Volando en un Tupolex 156 -el vuelo fue bastante confortable- llegamos al citado lugar donde nos espera Sergay, nuestro «guía de montaña», que no tendrá otra utilidad que gestionar todos los permisos para desplazarnos dentro de las montañas. Aquí no puedes subir un pico sin el papel correspondiente. Valle de Ullutau Formado por enormes bosques de coníferas e interminables valles, el panorama es de pegada, todo un Alpes a lo bestia. En algo parecido a un todo terreno prosperamos por los caminos y finalmente ascendemos en un extraño ascensor con raíles y sin paredes. Al poco llegamos al refugio de Jailyk, que desde luego, lleva el sello ruso. Por fuera un aspecto inmejorable, pero entras dentro y ni un mueble, paredes carcomidas por la humedad, el suelo en un estado deplorable, apenas camas y un armario en cada habitación. Delata descuido de varias décadas, quizá desde su construcción hasta hoy. Nos encontramos tres madrileños que también están con la agencia Ullutau al igual que nosotros. Al día siguiente emprendemos la primera incursión, se trata del pico Zimny de 3.440 metros, que nos servirá como calentamiento. Saliendo directamente del campamento atacamos un empinado camino que al poco se convierte en una senda escarpada, un pequeño lago de color marrón a nuestra derecha es el punto de referencia básico para no perderse. Finalmente, tenemos que trepar, sin gran dificultad alcanzamos la cima, a pesar de la altura nuestro pico es insignificante pues estamos rodeados de cuatro miles. Continuamos la toma de contacto con el Tiutiubashi ooc que requiere más horas que el Zimny, a parte de atravesar un enorme glaciar y después de acometer una creta bastante descompuesta con un poco de grado justo antes de la cima. Lo cierto es que no disfrutamos de la vista, el tiempo es tremendamente inestable en esta cordillera, como suelen decir aquí, «cuanto más lejos del mar Negro, peor». Por la noche cenamos otra vez el tomate con pepinillo y hierbas raras. En la jornada de relax nos adentramos en el valle hasta topar con un control militar, unos soldados kalasnikov en mano nos piden el pasaporte y permisos. Alcanzamos un glaciar y por una cresta con pronunciada pendiente ganamos la cota de 3.000 metros. Para despedirnos de Ullutau emprendemos la marcha por la garganta de Koyauganaush cruzando el valle por el collado del mismo nombre y descendiendo hasta Dzhntugan. La travesía fue de las más bonitas que he realizado, primero la espesura verde de los arbustos para seguir con la roca y a continuación glaciar. Vimos huellas de oso, la panorámica caucasiana es de pegada. Al cambiar de valle, control al canto. En Rusia no puedes ir a orinar si no está programado. Valle de Baksan Los días pasan y es hora de aproximarnos a Terskol enclavado en el valle de Baksan donde se encuentra nuestro objetivo, el monte Elbrus. En el hotel Volfran destartalado, desolado que presenta un aspecto ruinoso. El área se prepara en vistas a una estación de invernal, existen varias construcciones de hoteles, sillas y arrastres. El teleférico nos aproxima a los Barrels, la antesala del Elbrús, una curiosa zona a 3.800 metros. Compuesto por enormes depósitos cilíndricos acondicionados por dentro, tienen capacidad para cinco personas. Ese mismo día nos ponemos las kofads y ganamos altura hasta las rocas Pastukaova. 4.765 metros, pasado por el Priut 11, refugio construido por los alemanes durante la guerra, el cual se incendió a consecuencia de un montañero imbécil que utilizo gasolina de forma incontrolada para calentarse. Al poco rato vemos a los tres madrileños bajar en un tractor y nos comentan que no hubo suerte, el mal tiempo les truncó la cima de Europa. Solamente tenían un día de previsión para atacar al gigante del Cáucaso. En nuestro plan figuran del día 9 al 12. La noche es apacible y un nítido manto de estrellas cobija las cumbres, las constelaciones brillan como luceros, es percusora de buen tiempo y a las 04.00 horas, junto con unos japoneses , montamos en el tractor hasta las rocas Pastukaova y a la luz de las frontales nos dirigimos al collado entre los dos picos. A medida que ganamos altura empieza a amanecer al compás de nuestro avance. Los sentidos entran en ebullición, el panorama del Cáucaso georgiano en todo su esplendor nos hipnotiza, tengo que reconocer a mi pesar que esta cordillera eclipsa a Los Alpes, que tantos veranos estuve allí. Una vez en el collado continuamos el avance por la zona oeste hasta llegar a una cresta y al poco coronar el gran Elbrus. Ya me esperaba Coedo, somos la segunda expedición leonesa. Anteriormente, Miguel Ángel Pérez en agosto de 1.998, perteneciente en ese momento al club Alpino Leonés, es a quien se atribuye la primera ascensión, salvo error u omisión. (*) Miembro del Grupo de Montaña Yordas