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Pata negra leonés de los maratones

LECCIÓN DE VIDA. Javier Martínez se convertirá en febrero de 2018 en uno de los pocos elegidos a nivel mundial en disputar y acabar los seis ‘Majors’, los maratones más importantes del mundo. Lo hará con la bandera de León como estandarte.


11/05/2017

 

MIGUEL ÁNGEL TRANCA | LEÓN

42 kilómetros y 195 metros. Esa es la distancia con la que Javier Martínez, un leonés afincado en Madrid, ha convertido en una prueba de superación. El maratón ha sido para él el escenario idóneo en el que ha hecho realidad sus sueños, y también el que ha servido (tanto a la hora de disputarlo como de entrenarlo) para superar una enfermedad que llegó a trastocar su vida, el cáncer.

Javi, como quieren que lo llamen, está a esos poco más de 42 kilómetros de lograr además un hito al alcance de pocos: correr y acabar los seis Majors, los ‘pata negra’ de los maratones. Le falta uno, el de Tokio, que disputará en febrero de 2018 (la prueba japonesa es la última en entrar en ese selecto grupo que hasta hace pocos años ocupaban sólo cinco). ese día Javier espera haber cumplido un sueño de vida especial para él. Un reto que le convertiría en el primer leonés y también atleta de la Comunidad en hacerlo y en uno de los menos un centenar que existen en España (a nivel mundial la cifra no supera los 1.700).

Y eso que Javier, deportista desde niños, no había situado el atletismo entre sus preferencias. Parea él el fútbol fue su pasión inicial llegando a jugar en el Casa Asturias y posteriormente en el CD La Peña. «Para mí el fútbol era una pasión. Soñaba con poder llegar lejos. Incluso jugué con la Peña en Liga Nacional, pero al final los avatares de la vida me llevaron a trasladarme a Madrid y posteriormente a probar en el atletismo. Así es la vida y yo, con 38 años, puedo seguir contándola».

Fue precisamente una enfermedad la que cambió por completo sus prioridades y también el camino que iba a seguir en el deporte. «No vivo del atletismo ni me dedico al cien por cien a él pero el deporte se ha convertido en una vía de escape y también de salud», apunta Javier que precisamente tiene que agradecer a su hermano que esa pasión por el running le haya llevado a convertirse en uno de los integrante del selecto grupo de los ‘grandes’ en el maratón. «Para mí el atletismo tiene una fecha de inicio, cuando me diagnosticaron el cáncer. El proceso de cura necesitaba que eliminara toxinas propias de la medicación y ahí mi hermano me comentó que el deporte y en especial este podían ser muy buenos para lograrlo».

Javier empezó, ya en Madrid, un camino que lo llevó a ir acumulando kilómetros y también pasión por el atletismo. Su primera experiencia a nivel competitivo fue la San Silvestre de León en el año 2010. «Fue especial y supuso además que ese gusanillo por corre fuera en aumento», apunta. El siguiente paso fue fijarse en los 42.195 metros de la maratón. Y precisamente en la de Madrid. Corría el año 2013, en un mes de abril en el que el terrorismo había golpeado unos días antes al deporte con el atentado en la maratón de Boston. «Me impactó mucho aquel atentado. Y a la semana siguiente se disputaba la prueba de Madrid. No me lo pensé y sin apenas preparación decidí correrla. Me costó acabarla e incluso pensé en dejarlo todo. Pero fueron unos minutos. A partir de ahí mi mente estaba ya en Boston, en poder disputar ese maratón y los otros cuatro que por entonces conformaban la nómina de Majors a los que luego se uniría el de Tokio».

En 2014 este maratoniano leonés repetía en Madrid. Allí las sensaciones y la marca fueron mejores. Un resultado que le animó a iniciar su periplo por los grandes escenarios internacionales. «Mi reto era hacer los majors, acabarlos y si es posible con una buena marca. Acabar entre los mejores sabía que era imposible pero para mí poder finalizarlos era ya un premio».

El primero, en noviembre de 2014, iba a ser el de Nueva York. En la Gran Manzana Javier vivía en primera persona una experiencia única. «No es lo mismo verlo por televisión o entre el público que hacerlo con un dorsal. Es duro pero también una experiencia única con la gente animándote desde el inicio y hasta el final. Con miles de participantes como tú cuyo reto es acabar».

Esa experiencia le llevó a seguir adelante. Y a señalar sobre el calendario su segundo Major, en este caso el de Berlín. Allí, por sus características su objetivo pasaba también por hacer marca. «Es un escenario proclive para los récords de mundo y a mí, aunque iba a ser el personal, también me suponía un aliciente extra». Y dicho y hecho. El 27 de septiembre de 2015 y con el dorsal 23565 se presentaba en la salida. «Fue el que mejor se me ha dado hasta la fecha», apunta Javier para el que pasar corriendo al lado de la Puerta de Brandenburgo fue también algo especial.

También cruzar la línea de meta. Al menos ya tenía dos maratones de pedigrí en su zurrón.

Apenas seis meses más tarde iba a llegar el tercero. También en Europa y en este caso en otro escenario tan significativo como Londres. En este caso le había tocado el dorsal 60116. Para este leonés de 38 años la experiencia volvía a ser positiva. Además en la capital británica disfrutaba de otra jornada positiva en cuanto a marca y sensaciones.

El reto de lograr los cinco Majors que posteriormente se ampliaban a seis por parte de la World Marathon Majors estaba a medio camino.

Ese mismo 2016 iba hacer las maletas para viajar a Estados Unidos. Allí le esperaba otro ‘grande’, el Maratón de Chicago y le abría las puertas a seguir adelante. Y a afrontar el que en su día le hizo plantearse correr todos los Majors, el de Boston. En un escenario que en su día vivió el horror de un atentado terrorista, Javier Martínez se calzaba las zapatillas para disputar los 42.195 metros tal vez más emotivos de su vida deportiva. «Fue el en el que más he disfrutado y también sufrido. Tiene un recorrido muy duro con subidas y bajadas. Está considerado como el maratón de América y por la participación y la gente que te anima en cada metro del recorrido ese apelativo es el idóneo».

Javier también lograba acabarlo luciendo el dorsal 6495. En su zurrón ya tenía cinco ‘pata negra’. A uno de completar el cupo. Algo que hará en febrero de 2018 cuando dispute el de Tokio. Ese día además de la satisfacción de haber hecho realidad un sueño que iniciaba en 2014 en Nueva York también entrará de lleno en el Hall of Fame de los World Marathon Majors como uno de los atletas que pueden presumir de completar el denominado Six Star Finisher. Será con el sello de un leonés para el que el atletismo es una lección de vida.

 

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