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La recomendación de... JUAN LLOR, Médico de medicina interna

Acompañar y dejarse acompañar

 

marta pérez -

Acompañar y dejarse acompañar -

22/09/2017

Es de las cosas más gratificantes que podemos experimentar. Como todo buen un deporte ambas actitudes exigen esfuerzo, pero la recompensa es muy superior al esfuerzo.

Por mi trabajo como médico, he comprobado que en las situaciones peores por las que puede uno atravesar, como es la enfermedad, si existe un ambiente de auténtica cercanía con el enfermo todo tiene otro cariz, aún cuando el diagnóstico y el pronóstico no se presenten muy favorables. Si hay un adecuado ensamblaje de esas actitudes –acompañar y dejarse acompañar- en el entorno del enfermo, suponen una ayuda que puede llegar a resolver favorablemente la evolución de la enfermedad y, también, incluso favorecer notablemente su resolución. He sido testigo de ello en innumerables ocasiones.

El acompañar y dejarse acompañar tienen su secreto y su arte. Exigen su práctica y ganar en experiencia. No es algo teórico o que salga espontaneo. Por ejemplo, si uno quiere acompañar a otro, en primer lugar es bueno preguntarse qué es lo más adecuado en ese momento: mantener, sin más, una conversación de mayor o menor transcendencia, o más bien, atender con atención un desahogo, o por el contrario, sólo mostrar una cercanía física silenciosa que, en ese momento, es lo que más reconforta.

Si, por el contrario, se trata de dejarse acompañar, paradójicamente también se precisa una actitud activa, que facilite la confianza en el otro, contrarrestando la tendencia al peligroso “ostracismo”. Es más, pienso que sólo la persona que ha aprendido a saber dejarse acompañar, está capacitada para acompañar eficazmente a otros, pues experimenta en sus propias carnes que las deficiencias personales que todos tenemos se resuelven, en buena medida, con la adecuada cercanía que nos prestan los demás.

Esas actitudes nos dan una recompensa, nos gratifican y nos alegran la vida como pocas cosas en este mundo. Son actitudes que engendran la auténtica amistad. No en balde se dice que quien tiene un amigo tiene un tesoro. No se necesita ser adinerado para ser verdaderamente rico, sólo basta con procurar aprender a acompañar y a dejarse acompañar.

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