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Arquitectura para hacer vino

«Es la realización de un sueño, criar los vinos en la profundidad del terreno, en la temperatura fría por naturaleza, en el sabor de la tierra donde viven las propias raíces de sus uvas». Situada en el alto de Chao do Pando, la bodega ideada por Rafael Moneo es, defienden sus propietarios, «un símbolo físico del vino del Bierzo»

 

manel esclusa -

B. FERNÁNDEZ
29/12/2017

El año 1999 es señalado unánimemente como el del surgimiento del nuevo Bierzo vitivinícola. No es casualidad que esa referencia temporal coincida con la llegada a la comarca y el inicio de la actividad aquí de Álvaro Palacios y Ricardo Pérez Palacios. Tío y sobrino, unidos en la razón social Descendientes de J. Palacios, son herederos de una larga tradición en el sector, en La Rioja, fraguada en la bodega familiar Palacios Remondo, en Alfaro. Hoy la actividad particular del primero se extiende también al Priorato y su prestigio como enólogo y sabio del vino es universal, mientras el segundo ha encontrado en el Bierzo su refugio más intimista y una manera irrenunciable de hacer y entender la viña, el vino y la vida. Y uno y otro han hecho de Corullón su estación de destino, su particular paraíso vitivinícola.

Se pueden poner muchos matices a la afirmación de que en buena medida son -pongamos que no sólo ellos- los artífices, o al menos los principales impulsores, de un nuevo Bierzo vinícola y un nuevo mencía, el que pasó del granel y del consumo interior a los mercados internacional más exigentes del mundo y a las cartas de los restaurantes más exclusivos de todo el mundo. De la aspereza a la sutileza. Del desprecio a la rendición sin condiciones y el culto.

Quizá entonces, en ese 1999, cuando elaboraban en un espacio prestado en una bodega de Valtuille de Abajo y buscaban en las cepas casi centenarias de Corullón el tesoro que nadie hasta entonces había encontrado en ellas, no podían imaginar que dieciocho años después sus vinos copasen las listas top mundiales, se vendiesen por cupos y que uno de ellos, La Faraona, alcanzase los 100 puntos, es decir, la perfección, en la calificación de Robert Parker, el crítico vinícola más influyente y, como consecuencia, primera autoridad mundial en la materia.

Esa conquista y otra no menos meritoria hicieron de 2017 su año mágico. Porque el 21 de agosto de una vendimia inusualmente adelantada, diezmada y problemática entraban en su nueva bodega —todavía no inaugurada oficialmente, a la espera de la primavera y algunos detalles técnicos— las primeras uvas y buscaban acomodo algo más de una veintena de trabajadores que hasta entonces desarrollaban su labor en Villafranca del Bierzo, en unas instalaciones hace tiempo ya insuficientes para el volumen de producción alcanzado… y el que es previsible.

El ejercicio arquitectónico de Rafael Moneo, premio Príncipe de Asturias de las Artes en el año 2012 y Premio Nacional de Arquitectura en 2015, y sin duda uno de los grandes genios que ha dado este país en esa materia, no es para contarlo. Es para verlo. Vinculado a Álvaro Palacios por ciertas afinidades y en particular por el amor al vino, ya tenía experiencia en el diseño de alguna otra gran bodega, como la Julián Chivite, en Estella (Navarra) y muy interiorizada la compartimentación de actividades y la funcionalidad, muy importante en la enología.

Rafael Moneo, a quien Ricardo Pérez Palacios había definido como «un sabio muy sensible al vino» —es propietario de la bodega La Mejorada, que también ideó—, asumió el reto de desarrollar un proyecto «no sólo que tuviera el menor impacto visual y sobre un entorno de gran belleza, sino también que tuviera el menor impacto energético, en el que todo fuese natural y se mantuviese estable por la energía térmica que pueda generar la propia bodega».

Enamorado del Bierzo e implicado no sólo profesional sino también personalmente, trabajó bajo las premisas de «la máxima sencillez, elegancia, belleza e integración paisajística y ecológica». Ubicada en la parte más alta de Chao do Val, junto a la carretera de Villafranca del Bierzo a Sobrado, y visible desde todo el Bierzo vitícola, ocupa un solar de 7.200 metros cuadrados, 6.000 construidos, y está distribuida en tres bloques comunicados por pasillos subterráneo y separados en superficie por patios que diferencian una nave de uso agrícola, la zona social con oficinas y sala de catas y una mucho más amplia destinada a elaboración, embotellado y crianza del vino. Sólo es visible en su totalidad la plata 1, porque la 0, la -1 y la -2, están parcialmente integradas en la ladera de la montaña, hasta el punto de que la última de ellas se extiende entre ocho y veinte metros de profundidad. Cuatro galerías excavadas en la pizarra —la debilidad del mineral impidió finalmente comunicarlas también por el fondo, como preveía el proyecto— y con una pantalla mineral de fondo, con lava solidificada a la vista, son los espacios reservados para la crianza de sus vinos de finca.

Este nuevo edificio, con capacidad para elaborar 800.000 botellas al año, que es el horizonte que se marca la bodega, y en cuya construcción sólo se empleó hormigón, acero, vidrio y maderas nobles, es además un excelente mirador desde el que son visibles las viñas míticas de Moncerbal, Las Lamas y La Faraona, con el valle de Corullón, el pueblo, el torreo del castillo y la Peña do Seo como otras referencias. Y es, por supuesto, la nueva gran referencia arquitectónica de la comarca y, sin duda, uno de los grandes activos del creciente turismo relacionado con la viña, el vino y la naturaleza.

Mirador norte de la bodega, con el valle de Corullón, el pueblo, el castillo y Peña do Seo, incluida ‘La Faraona’, a la vista.
Cuatro huecos horadados en la roca, con presencia de lava solidificada y a veinte metros de profundidad sobre el perfil de la ladera de Chao do Val, serán las cavas en las que añejen en el mejor ambiente posible los vinos de finca de la bodega
Mirador oeste, con la nave agrícola a la vista desde el otro módulo de la bodega, el de carácter social, que incluye una sala de catas y reuniones, y el que alberga también los despachos y la administración
A la izquierda, acceso principal al módulo de administración desde uno de los patios que dividen y comunican los espacios cerrados; a la derecha, entrada a la nave en la que, desde un plano superior, se recepciona, selecciona y distribuye la uva por gravedad

Una de las dos escaleras que comunican las cuatro plantas de la bodega; la otra, la helicoidal, es uno de los elementos sin duda más llamativos del proyecto y su uso es fundamentalmente de carácter interno y funcional

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1 Comentario
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Por José Mª Fdez 13:58 - 14.01.2018

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¿Una escalera para su uso interno y funcional?... No hombre: Es para subir o bajar.

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