+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

De Casa de las Carnicerías a casa gourmet

Era tan pujante el gremio, que por él se enfrentaron cabildo y concejo. Hasta tuvo que intervenir el rey. Así durante siglos. La sede que levantaron en mitad de la Plaza de las Tiendas fue el símbolo de su poderío. La ‘lonja’ ha ascendido. De Casa de las Carnicerías a ‘casa gourmet’. Es la sede de la ‘Capital Gastronómica’

 

RAMIRO -

SUSANA VERGARA PEDREIRA
09/02/2018

Hace mil años, ya se hablaba de ellos. Y no siempre bien. Estaban en boca de todos, tanto que hasta aparecen mencionados en el Fuero de León. Cortaban mucho en la economía local. Tanto, que por ellos se enfrentaron todos con todos, el cabildo con los munícipes, ellos contra ellos. Eran el poderoso gremio de los carniceros, que se integran en la Cofradía de San Martín, en el Barrio Húmedo, en el entorno de la iglesia, con abad carnicero y un consejo que rige y administra sus bienes. Muchos, si se tiene en cuenta que sostenían la casa gremial, un hospital, el cuidado de enfermos y la celebración de exequias fúnebres.

Por aquel entonces, tuvieron el privilegio de fijar los precios de la carne, y ahí empezó el pecado y la penitencia. Se enfrentaron al Cabildo y al Concejo, se negaron a vender por peso y posturas como mandaba el Fuero de León y era costumbre en todas las tierras, los vecinos se les sublevaron, ellos organizaron una especie de huelga, lograron que no entrara ganado para matar en la ciudad y terminaron enfrentados entre ellos. Los jaleos sirvieron al rey de excusa para intervenir en la vida municipal y cambiarla radicalmente. Después, enfrentaron al cabildo con el concejo, por los mismo motivos: el poder y el dinero. El cabildo obtuvo permiso regio para tener su propio gremio y vender en ‘su’ mercado, que organizaba a los pies mismos de la santa iglesia Catedral, con gran disgusto de la ciudad, que veía en ello una competencia nada divina.

La venta de carne de vaca, carnero, cerdo y cabra estaba ya reseñada en el Fuero que, con licencia municipal del Concejo, se comercializaba al aire libre, bajo toldos, con los bancos para cortar y trocear las piezas en plena calle, en el azogue de San Martín, como consta en el libro de Waldo Merino. El matadero, la ‘carnesada’, estaba extramuros, por debajo de la Catedral, en el terreno que siglos después compró la familia Casas para hacer su huerta, un magnífico solar que se mantiene así en los Cubos, en la calle Carretas.

Tanto poder tenía que hacerse visible en lo que por ley natural eligen siempre los hombres: un palacete. Las negociaciones para construir el edificio, y de paso regular el gremio, comenzaron con los Reyes Católicos. En 1491, Fernando envió, en su nombre y en el de Isabel, tanto monta, una provisión para levantar edificios regios. Entre ellos, la Casa de las Carnicerías. Todo tardó un poco. Casi un siglo. En 1578 se compró el solar al monasterio de San Isidoro, su propietario. Felipe II autorizó el derribo de varias casas y la compra de sus solares para ampliar la manzana y en 1579, bajo la dirección de Juan del Ribero, se levanta la ‘lonja’, un bello edificio renacentista con pozo dentro, como manda la tradición de las casonas leonesas y, también, las construcciones judías para evitar envenenamientos, galería y una gran arcada, siendo gobernador en funciones de corregidor Gómez Pérez das Marinas. Su nombre se mantiene todavía en la fachada. Considerado como ‘gran administrador’, habría pasado oculto si no fuera por el vistazo de un cronista oficial de la ciudad, Luis Pastrana. El día de la inauguración del edificio, remodelado más que restaurado en el siglo XX para ser sede de la Caja, eliminado el kiosko de prensa, la corrala y el café expreso que se servía en la vieja barra de El Racimo de Oro, Pastrana puso su mirada en la plaza de piedra y el investigador Alejandro Valderas, la historia. Tras levantar el edificio de la Plaza de las Tiendas y revertir en parte la ruina de la ciudad, Das Marinas recibió el encargo de Felipe II de ser el primer embajador del reino de España en Japón. Y allí, la oferta de conquistar Corea y repartir el botín territorial entre el emperador y el rey español, cosa que casi consigue si no se llega a cruzar con un tifón que hundió sus naves, precedente de los elementos contra los que también lucharía, aunque después, la Armada Invencible.

Das Mariñas sigue en la vieja casona renacentista de las Carnicerías, hecho piedra. El edificio ha ‘ascendido’, ahora es sede de la Capital Española de la Gastronomía. Ha pasado de ser la Casa de las Carnicerías a ‘casa gourmet’. Una casona regia a la altura del Manjar de Reyes.

RAMIRO.




Buscar tiempo en otra localidad

   
Escribe tu comentario

Para escribir un comentario necesitas estar registrado.
Accede con tu cuenta o regístrate.

Recordarme

Si no tienes cuenta de Usuario registrado como Usuario de Diario de León

Si no recuerdas o has perdido tu contraseña pulsa aquí para solicitarla