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otero santín | ponferrada

Cuando el vino tiene apellidos

Manuel Benito Otero Vuelta lidera la tercera generación de una familia que históricamente ha estado vinculada al vino en Ponferrada. Granelistas desde madiados del siglo pasado y embotelladores desde los setenta, Otero Santínes hoy una referencia imprescindible del vino berciano.

 

Manuel Otero Santín, en la vinoteca de la familia, con sus cuatro hijos: Javier, Elena, Manolo y Adela, todos ellos relacionados con el vino. - L. de la mata

Rafael Blanco
02/03/2012

mapa de situación de la bodegaDos referencias, una temporal (1950) y otra personal (Benito Otero), sitúan el nacimiento de Otero Santín como bodega en su idea actual. El abuelo de la generación que hoy la gestiona fue quien canalizó la actividad, que luego ordenaría su hijo, Manuel Otero Santín, desde mediados del siglo pasado. En memoria y honor de Benito Otero y con su nombre se erige en Ponferrada, concretamente en la calle Antolín López Peláez, una vinoteca que es referencia inequívoca como excelente consultoría y tienda del vino berciano, aunque el comprador, probablemente necesitado de un buen consejo y de una solución para hacer un regalo con criterio o sencillamente disfrutar de la cena del sábado en casa, encontrará allí no sólo los mencías que bien merecen la pena ser conocidos, sino también una excelente selección de los prieto picudo, riojas, riberas y champagnes más notables. Es el centro de confluencia de la actividad familiar en torno al vino.

El otro es la bodega ubicada en la calle Ortega y Gasset, número 10. Es la única que queda en el casco urbano, aunque en esas instalaciones digamos que urbanas no se realice todo el proceso y la actividad se limite a la crianza, el embotellado y el etiquetado. La elaboración viene haciéndose al pie del viñedo propio, en Campo, y la actividad comercial se concentra en el punto de confluencia de una familia que, de una u otra manera, extiende su relación con vino al padre, ya sólo como observador, y los cuatro hijos.

Aunque en la casa hay más voces que escuchar —Manuel Otero Santín, jubilado de hecho y derecho, divide sus pasiones entre el vino y el fútbol en clave blanquiazul, y sus cuatro hijos están directa o indirectamente involucrados en el mundo del vino: Adela atiende el despacho de la calle Antolín López Peláez y Elena y Javier son también enólogos con dedicación repartida en otros proyectos— la actividad en la bodega gira en torno al criterio de Manuel Benito Otero Vuelta, cuya vinculación con el vino alcanza otros ámbitos y otras zonas geográficas de producción, muy concretamente la del sur de la provincia y la relacionada con dos variedades que le fascinan: prieto picudo y albarín.

Tanto es así que el viñedo familiar, unas quince hectáreas en una pieza ya casi todo en espaldera o elevado, hay cuatro hectáreas y media de la casta cazurra —sólo hay otro caso en el Bierzo— plantadas hace doce años. Con eso, pero sobre todo con el godello —1.500 cepas de tempranillo fueron injertadas con palos de la vinífera blanca— y la mencía mantiene una carta de elaboraciones que abre un blanco (17.000 botellas; 4,00 euros), un rosado con triple aportación (17.000; 3,00), un tinto joven (22.000; 3,00) y en los próximos meses un crianza de nuevo cuño y con nueva presentación que sustituye al que había dejado de elaborarse temporalmente. Todos ellos son Otero Santín.

Con la llegada del nuevo crianza desapareció el Compludo, en realidad una línea paralela con otra orientación comercial. Compludo identificará en el futuro un nuevo vino, o más bien una nueva serie de vinos. La carta la cierra el Valdecampo, también otra referencia histórica y muy popular. Este tinto con tres meses de barrica es la propuesta de la bodega para las líneas de distribución y alimentación. Todos ellos están en la casa de los vinos.

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