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«El Prieto Picudo es nuestra identidad»

Francisco González Bernardo
Bodegas Vitalis


«Muy interesante porque es diferente a la generalidad y muy particular en cuanto a aromas, y eso lo digo por la experiencia de haber trabajado con Mencía y Tempranillo». González Bernardo lidera uno de los proyectos más ambiciosos del Prieto Picudo desde la reinterpretación de su actividad.

 

La cava de Vitalis ordena más deun centenar de barricas de robles de origen francés, norteamericanoy húngaro. En lafoto, González Bernardo conuno de sus vinos. - b. fernández

Rafael Blanco
17/01/2014

Es nuestra seña de identidad, muy expresivo en aromas y rico en acidez, que yo considero la clave de todo. Es fundamental para mantener su entereza en la crianza en el caso de los tintos, más fáciles y más agradables de beber con cierto tiempo de guarda por su evolución, su equilibrio y el buen bouquet que se consigue». Francisco González Bernardo, que heredó la actividad en la viña y la bodega de su padre y que la desarrolló inicialmente y hasta hace muy poco en Villeza, tiene esa convicción desde que elabora y, en consecuencia, la aplica a sus tintos. Esa misma acidez, una ventaja esencial frente a la evidencia del cambio climático que tanto daño causa en otras zonas de producción, es «lo que hace longevos a los rosados, hasta el punto de que llegan a solaparse cosechas sin perder estructura y frescura». El rosado, al que debe la mitad de la producción de la bodega, es «delicado en la elaboración e incomparable en cuanto a aromas. No hay nada igual».

La misma consideración aplica al Albarín. Fue uno de los pioneros en la elaboración de blanco a partir de esta variedad, de la que dispone de cepaje propio, aunque insuficiente, en Villeza. «Es singular en sí mismo y por la escasa producción. No tan explosivo en aromas como otros, pero elegante y sutil y uno de los más frescos para consumir en verano». «Y muy parecido —defiende— a los de Alsacia y el Rhin», donde sitúa el origen del varietal mencionado en el nombre tras su identificación —alba— como blanco.

Amparados en la mención comercial de Lágrima de Vitalis, los blanco y rosado se elaboran con mosto yema a partir del sangrado y sin prensado de la uva desde depósitos de acero para dos subterráneos, donde el mosto sólo permanece unas cuantas horas antes de iniciar la fermentación en inoxidable.

Vitalis, el gran proyecto en el que derivó la bodega familiar de Villeza que antes llevaba el nombre de su mentor, se ubica ahora en Villamañán y es el resultado de las convicciones personales de González Bernardo en cuanto al vino en el proceso desde la elaboración —ya antes, en la viña— hasta su comercialización. Construida sobre 1.700 metros cuadrados de superficie, dispone de grandes espacios diáfanos y diferenciados para cada labor de vinificación, crianza, embotellado, almacenamiento y venta directa en una tienda gourmet en la que el vino se acompaña de los productos más característicos de la zona. Una zona de uso social para catas incluso con servicio de cocina complementa el atractivo para el enoturismo que en el futuro se apoyará en un centro de interpretación de la viña y el vino y museo que ya recibe los primeros elementos y para el que también se ha reservado un genesoso espacio en uno de los laterales de esta modernísima y muy racional bodega ubicada a sólo unos metros de la autovía León-Benavente.

Vitalis, que mantiene la vieja línea de los Lágrima de Villeza y Villeza, abre su carta con ese monovarietal blanco de la variedad autóctona siempre del más alto nivel. Los rosado y tintos Vitalis —nunca del año, siempre con seis y doce meses de guarda— complementan el Prieto Picudo con una pequeña aportación del 15% de Mencía, variedad muy característica de la zona, del viñedo que la bodega conserva en Villeza.