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«El vino se hace en las viñas»

Aurelio Feo Garnelo
Aurelio Feo Viticultor

Siempre tuvo la viña y el vino en el entorno familiar y en su horizonte personal. Aurelio Feo Garnelo, que se define viticultor, hace honor a la mención liderando uno de los nuevos proyectos en el Bierzo, pero desde firmes compromisos y convicciones y desde la implicación sólo familiar.

 

Aurelio Feo comprueba la evoluciónde uno desus tintosde más larga elaboración. - B. FERNÁNDEZ

Rafael Blanco
03/05/2013

El vino es enología y bodega, claro que sí, pero la base está en la viña». Esa idea compartida y otra más —«hacemos los vinos que nos gusta beber, vinos reconocibles, de calidad y sin artificios»— inspiran la labor de uno de los nuevos proyectos vitivinícolas del Bierzo. Bajo la referencia de Aurelio Feo Viticultor y al amparo del eslogan «de la tierra a la copa» se presenta en sociedad esta nueva bodega en San Andrés de Montejos. Lo hace bajo la estricta idea de que es un asunto familiar, una deuda emocional con las cuatro generaciones que precedieron a la última en el desarrollo de la actividad y en la exigencia de controlar minuciosamente todo el proceso, desde la viña a la elaboración y distribución de sus vinos.

El que pone nombre y apellido al proyecto, los suyos propios, estuvo siempre ligado a la actividad en la viña, porque fue la dedicación de su padre y antes de su abuelo. Y además es titular de cepas centenarias en un paraje histórico del viñedo berciano. Pero para Aurelio Feo, dedicado profesionalmente a otra actividad, había sido una labor complementaria, que sin embargo ahora implica a sus hijos Noelia, con formación específica en relación con la elaboración, y Adrián, a quien, desde la distancia, competen la comunicación y la imagen.

Recuerda Aurelio Feo, y no está la realidad tan lejos en el tiempo, cómo su padre, Ángel, recogía veinte mil kilos de uva de las cepas familiares y era la mejor que entraba en la cooperativa de Camponaraya. Y se le cae ahora el alma a los pies al ver que otras viñas del entorno, abandonadas, se han convertido en monte. Las laderas del monte que corona el castro que habitaron los queledinos, una de las dos tetas del Bierzo, son zonas altas, de suelo muy pobre y muy ventiladas. Ideales para hacer grandes vinos con los pobres rendimientos de sus cepas. Y en ello ha puesto su empeño el titular, ya con la bodega adscrita a la Denominación de Origen Bierzo, cuya certificación ampara tres vinos bajo otra referencia en la etiqueta —Cruz de San Andrés— muy vinculada a la historia y a la identidad de la comarca berciana.

El primero de esos vinos es un peculiar polivarietal blanco con cinco meses sobre lías y dominio del aporte de Palomino (70%), sobre Doña Blanca (20%) y Godello (10%). El segundo es un tinto del año, también de la vendimia del 2011, un Mencía rotundo por el color y explosivo en su expresión frutal. De esa vendimia duerme en 16 barricas una parte de la producción que augura lo mejor. Pero no llegará al mercado como Cruz de San Andrés, referencia reservada para los vinos de acceso, sino Buen-comiezo, en alusión a la viña de la que se recogieron las uvas.

Y en otras dos de 300 litros de capacidad madura el que ha de ser de referencia de la bodega por calidad tras 24 meses de añejamiento. En este caso llevará el nombre de ese paraje del monte que acaricia el dios sol y en el que Aurelio Feo cuida con tanto mimo cepas plantadas hace incluso 110 años no sólo en Buencomiezo, sino también en las viñas de Chanos, La Lomba, Las Aragonas... Tras años experimentando elaboraciones con las uvas sus sueños se han visto plasmados en vino. En buenos vinos.

   
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