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«Es un lujo tener dos variedades propias»

José Manuel Fernández Pastor
Gordonzello

«El Prieto Picudo es diferente y, por tanto, nos ofrece la posibilidad de diferenciarnos de lo que hay en el mercado. Tenemos los mejores rosados y es algo que debemos defender entre todos». Quien lo afirma es José Manuel Fernández Pastor, sin duda una de las voces más fiables del vino leonés.

 

Fernández Pastor, en la viña que rodea a la bodega en el Alto deSanta Marina,a sólo unos cuantos metrosde Gondoncillo. - B. fernández

Rafael Blanco
06/12/2013

Es más fácil ganar una batalla con armas que sin ellas. Y nosotros tenemos las mejores. Para la Denominación de Origen Tierra de León es un lujo disponer de dos variedades autóctonas como el Prieto Picudo y el Albarín. En el blanco falta mucho por avanzar en elaboración y comercialización, pero hay futuro». Fernández Pastor, que abandera el proyecto vitivinícola más ambicioso del sur de la provincia, defiende la necesidad de «mantener el estatus de unas uvas valiosas y diferentes» y reclama «paciencia» para que «los productos se valoren y se paguen a su precio». Entiende que para ello son necesarios tres compromisos: «Separar y diferenciar claramente los vinos de la denominación de origen de los demás», «combatir el yo vendo más barato» y «evitar el desplome de los precios para no sacrificar bodegas que lo están pasando realmente mal».

Llevado a un análisis técnico más profundo de la Prieto Picudo, el gerente de Gordonzello admite, desde su experiencia también en el campo, que «es una variedad difícil por trabajo y comportamiento, pero sabemos muy bien cómo trabajarla en la bodega. Tenemos esa cultura, que es difícil exportarla, como también es difícil exportar la variedad. Por tanto, tenemos un valor seguro. Algo que es nuestro y que no puede ser de nadie más».

Desde esa situación y sin olvidar «que nuestra referencia serán siempre los rosados», defiende también la necesidad de avanzar en la experiencia de elaboración de blancos y tintos. «Si podemos sumar con ellos, mejor», argumenta. «Hay que tener en cuenta —explica— que de los tintos empezamos a hablar a principios de la década pasada. Hemos recorrido una trayectoria muy corta. Sabemos que la uva tiene muy buenas actitudes para tintos y tintos con madera, pero tenemos que estudiarlas». «Falta mucho trabajo por hacer y debemos afrontarlo desde la convicción de que el potencial de la variedad es muy superior a los que estamos consiguiendo extraer», reflexiona Fernández Pastor, quien al mismo tiempo reclama «prudencia y paciencia para no dar pasos en falso». «Hay gente muy importante, enólogos de mucho prestigio —afirma—,

que están abriendo caminos precisamente en esa línea y nos están enseñando que el envejecimiento en madera le da más valor al vino y enriquece la variedad. Pero tenemos que estudiar qué maderas, qué tipos, qué mezclas, qué tiempos...».

Es algo que desde hace años se viene haciendo en la bodega que Fernández Pastor llevó a convertir en referencia entre las del sur de la provincia, tanto por calidad como por volumen. Casi una de cada cuatro botellas certificadas por la denominación de origen llevan sus referencias, pero la producción es muy superior. En la última vendimia recogió 1,6 millones de kilos. Y es, además, la mayor proveedora de uva.

   
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