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«La Mencía nos hace diferentes»

Amador Sánchez González
Bodegas y Viñedos Comendador

«Estoy aquí porque me gusta». Lo dice y lo repite una y mil veces Amador Sánchez para justificar su labor en la viña y en la bodega que se sustenta en la ilusión de sus hijas y en la suya propia y, claro, en la Mencía: «Es la base de todo, lo que hace diferente al Bierzo; no hay nada comparable en el mundo»

 

Amador Sánchez, en la bodegaque ocupa una vieja casona de piedra en Sorribas. - B. fernández

Rafael Blanco
10/05/2013

No le va la vida a Amador Sánchez en el mundo del vino pese a que ha dedicado toda su vida a él. Y aunque hace esa afirmación desde su condición de jubilado, bien es sabido que no sabría que hacer si no hiciese vino y no lo disfrutaría si no viese disfrutar de él a los amigos. Fue proveedor de barcos en el puerto de La Coruña y durante casi dieciséis años mantuvo una taberna en la que, bajo la referencia ‘Vinos de Cacabelos’, vendía a granel y animaba el chateo de uno de los barrios más marineros de la ciudad. Compatibilizó esas dos actividades, la de La Coruña durante la semana y la de Sorribas en fin de semana, con mayor dedicación en momentos puntuales, hasta el año 1998.

Pero aquellos tiempos, aquellos momentos y aquella forma de vida han derivado en una nueva situación en la que Amador Sánchez reduce su actividad al aprovechamiento del viñedo propio a través de la venta directa de la vendimia o la elaboración, por compromiso de quien la demanda o de una cierta exigencia familiar del mantenimiento de la actividad. No hace más vino del que vende …del que se vende, porque se niega a hacer mayores esfuerzos comerciales que los que asumen sus hijas, por cuya ilusión mantiene un cierto nivel de actividad en la viña y en la bodega. De manera que elabora lo justo para atender la reducida red de distribución y satisfacer a clientes históricos que cada año y puntualmente pasan por la bodega a recoger unas cajas o llenar unos garrafones.

Propietario de algunos de los mejores viñedos en El Piñeiro y el entorno del Castro de la Ventosa, casi todo Mencía —«no hay nada mejor en el mundo que esas viñas de 60 años en altitud y expuestas al sol de naciente»— y algún Godello de excelente cepaje en El Toural —«sólo utilizó le mejor de la vendimia; lo demás lo vendo»—, se mantuvo como granelista hasta que en el 2000 metió parte de la producción en 25.000 botellas: Lagar de Amador, Visanu —marca ya retirada— y Villarromana del Mirador como referencia de más alta calidad.

Con esas etiquetas elabora dos tintos jóvenes de los de más alta calidad que se conocen en el Bierzo —el Villarromana ahora con nueva presentación—, un Godello de muy buenas hechuras y otro monovarietal de Mencía con seis meses en barrica aunque de muy corta producción.

Los vende fundamentalmente en la provincia y en puntos muy concretos de Madrid y Galicia, un mercado que sobre todo y precisamente en La Coruña está todavía por abrir para los vinos bercianos.

En el 2004 recibió el primer reconocimiento importante para la calidad de su vino, de la que nunca tuvo dudas. A aquella primera medalla de oro para el Villarromana del 2003 sumó otras dos del mismo brillo para el crianza en los años 2005 y 2006, así como un Bacchus de Plata. En el 2010 volvió a dar la campaña con otro oro para el joven en el concurso Prowein, una de las grandes citas del vino europeo. Reconocimientos sin duda muy justos pero que para él tienen menos valor que el que le otorga el que disfruta de sus vinos: «Tengo casi los mismos clientes que cuando abrí y conservando eso a mi ya me vale».




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