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«¿Mencía? Es la reina de los tintos jóvenes»

Amaya Rodríguez y Florencio García
Bodegas y Viñedos Amaya SL


Amaya, de la que toma el nombre y el legado familiar, y Florencio lideran el más joven proyecto vinícola en el Bierzo. ‘Montuno’, que lo concreta como tinto joven aludiendo a un paraje del viñedo de la comarca, aparece estos días en el mercado. Es también el resultado de la ilusión y de muy firmes convicciones.

 

Florencio García y Amaya Rodríguez, en la bodega que ambos habilitaron sobre una viejavivienda familiaren Villadecanes. - b. fernández

Rafael Blanco
24/05/2013

Es aterciopelada y al mismo tiempo muy potente. Tiene todas las condiciones para hacer buenos vinos y es la reina de los tintos jóvenes». Amaya Radríguez Santín nació al pie del viñedo en ese reino irreductible de la Mencía que es Villadecanes al que acaba de regresar en compañía de su marido, Florencio García Fernández, tras años de estancia en Madrid y el País Vasco, para cumplir el sueño de ambos. Enóloga de formación, ella pone los conocimientos y él, ponferradino, la ilusión en un proyecto que acaba de nacer asentado sobre la base del viñedo familiar, el que cuidó su padre, que sigue regalando consejos a diario sobre la viña y la bodega, y antes sus abuelos Ignacio y Manuel.

Llevaban cinco años dándole vueltas en la cabeza a su vino y a la bodega y ambos han podido concretarse en la vendimia del 2012. Ese tinto joven es el resultado de firmes convicciones: «Elaboración artesanal sin prensado ni filtrado y mucho control sobre todo el proceso». Exigencias que también son sólidas en el caso de la bodega: «Cuidado, dedicación y limpieza. Y medios técnicos de vanguardia absolutamente respetuosos con el producto y nada agresivos en el proceso».

Pero por encima de todas esas convicciones la creencia unánimemente asumida es que «el secreto está en la uva y en el cuidado de la viña». De la uva lo que fascina a quien pone nombre a la joven bodega es «ese matiz metálico que es único e inigualable» y la capacidad de seducir de una variedad que inicialmente suele generar rechazo pero que «gusta más a medida que uno la va descubriendo».

La base de elaboración es el viñedo propio, tres hectáreas repartidas en veintiuna viñas y leiros, todas ellas en Villadecanes. «Nuestra idea es no comprar uva y elaborar únicamente con lo que permita nuestra vendimia», una proclamación que también pone horizonte a la producción de la bodega.

La más grande de esas pequeñas viñas, de apenas 0,7 hectáreas, se extiende sobre la ladera este del Castro de la Ventosa. Incluso en el recinto amurallado por los romanos tenía la familia viñedo, ahora expropiado. De ese paraje que es al mismo tiempo un gran mirador sobre Cacabelos, brota el mejor vino de la bodega a través de cepas de más de ochenta años. Montuno, que así se llama, da nombre al joven Mencía que estos días aparece en el mercado con el sello de la casa y la certificación de la Denominación de Origen Bierzo. De momento el único. Hay otro en la bodega —un fantástico monovarietal blanco de Doña Blanca que no se embotellará— y la idea en la cabeza de ensayar un segundo Mencía en barrica. Ambos son cuestión de tiempo.

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