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1984 de diego losada

El Mencía personal

Sin clichés, sin etiquetas, ausente de convencionalismos, sin ataduras y sin tiempos determinados. Libre como la libertad de creación de su autor. ‘1984 de Diego Losada’ es un mencía personal que nace de las firmes convicciones de quien le pone nombre: «Si quieres hacer lo que te gusta, tienes que hacerlo tú y tener libertad para ello».

 

RAFAEL BLANCO
28/03/2014

En febrero estaba pidiendo salir de la barrica y lo saqué. Llevaba cinco meses. Es un vino sin clichés, no me gusta ni creo que sea necesario ajustarlo a los convencionalismos en cuento a los tiempos en madera: joven, roble, crianza... Es un vino que surge del empeño personal de hacer el mejor posible. Creo sinceramente que hay que liberarse de ese tipo de ataduras y hacer lo que la añada te pida, incluso si en vez de un tinto tiene que ser un rosado», explica quien certifica y cataloga su obra con el año en el que nació

—Orwell en la memoria y los tiempos que vivimos en la reflexión— y con su propio nombre y apellido.

Diego Losada, un autodidacta de sólidas convicciones que completó su formación con experiencia laboral y enológica en un par de grandes bodegas de la comarca, defiende la necesidad de «hacer lo que te gusta y ser libre para hacerlo», y «el derecho a tener libertad de movimientos y de creación, en este caso a través del vino, como quien graba un disco o pinta un cuadro, porque el proceso artístico —hacer vino es arte— acaba siendo el mismo».

Sus convicciones en ese sentido son tan firmes que incluso levanta un muro infranqueable entre esa actividad creativa y la comercialización, de la que se encarga en exclusiva la empresa Uva a Uva. «Sólo soy eleborador y sólo quiero dedicarme a la viña y a la bodega. No conozno y no me interesa lo que hay a partir de ahí», afirma.

Alcanzar ese estatus no ha sido fácil, nada en el vino lo es en los tiempos que corren: «Te cuesta un poco y si no pones mucho empeño, te echan para atrás», admite en su calidad de recién llegado, pero con muchas lecciones aprendidas. «De acuerdo con que todos tenemos que estar en la misma línea, pero hay que dejar un margen de actuación y un espacio para la libertad de creación», reflexiona. «La Mencía da para lo que uno quiere que dé, pero hay que evitar cargarse la variedad. Tenemos que parar, observar y ver dónde estamos. El entorno y la historia te dicen lo que tienes que hacer. Se equivocan los que dicen que la variedad no da más. Yo creo que hemos cogido el camino equivocado, que nos obsesionamos con la riberización haciendo vinos excesivamente concentrados. Tenemos que parar y hacer vinos más fáciles de beber: menos madera, menos sopa de roble y más fruta. Ribeira Sacra nos pasó por la izquierda y nos sacó el dedo por la ventana. Debemos ser serios y honestos con nosotros mismos», reflexiona.