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El paseo sagrado de Boínas

Lleva hasta ella una senda arbolada. Un camino corto que conduce hasta la explanada. Belleza hasta llegar a la belleza de la ermita de Boínas para desentrañar, si se puede, el secreto de sus dos vírgenes y la mujer del dintel.

 

RAMIRO -

La ermita de Boínas en el paraje de Robles de la Valcueva que merece la pena visitar. En la otra página, el camino que conduce a la explanada donde está el templo. Junto a esta líneas, el atrio y la extraña mujer cincelada en bajorrelieve a la derecha de -

SUSANA VERGARA PEDREIRA
29/09/2017

El camino es de una belleza que al caminante le da pena llegar a la explanada para contemplar la ermita solitaria, en mitad del descampado, sombreada por un árbol.

Es viejo este enclave, del que los legajos hablan desde el siglo XV pero que era conocido por las gentes que vivieron en el valle cientos de años antes. Fue un pequeño poblado antes de quedar abandonado, todos sus vecinos desaparecidos, la naturaleza a solas, en el camino y en la explanada.

Último vestigio de un poblado medieval, los historiadores sitúan aquí el núcleo de Godinas, y su ermita habría sido iglesia y camposanto además de refugio de eremitas y cita, quizá, con la sabiduría de san Froilán antes de que fuera obispo y cambiara a regañadientes los montes por pasillos de alabastro. Allí predicó, con palabra y ejemplo, en Boínas, con tilde en la i aunque no lo indiquen los carteles. Quizá del germánico Godina o Godiva, el regalo de Dios.

El primitivo templo ardió durante la Guerra Civil y, con él, el retablo barroco y la talla de la venerada Virgen de Boínas. Lo quemó todo el odio, pero nada hizo olvidar la devoción del valle por su Señora, la que sostenía una manzana en una mano y al Niño en la otra. Cuentan que ardió, junto con otras imágenes de las iglesias de Palazuelo y Robles de la Valcueva, en el arroyo que llaman el Arbeal, el cauce que divide ambos pueblos. Y que allí se perdió también, al menos para los hombres, el rastro de la otra Virgen, la ‘excusadora’, la que se utilizaba para procesionar y así se excusaba de sacar a la original.

La recuerdan bella, blanquecina, virginal. Con la fruta del pecado original redimido en su mano, que nadie piense que esa talla románica es la representación de Eva y todos los pecados capitales y terrenales.

Dos Vírgenes tenía la ermita de Boínas, a un paso de León, en Robles de la Valcueva, antes de llegar a Matallana, en la vereda de pueblos que dibuja el Torío. No queda ninguna aunque, en su honor, todos los 15 de agosto se celebra allí una romería, con pendones, dulzaina y tamboril, como manda la tradición. En peregrinación cercana van los romeros para acampar en la campa y observar curiosos, si la encuentran, esa extraña figura de mujer en bajorrelieve, en el dintel de la puerta principal, a su derecha, con sus grandes manos portando un objeto circular, quién sabe si la representación de una hogaza de pan o una moneda, y otro rectangular en la otra, quizá una cesta con ofrendas.

Es misterio Boínas. Misterio y silencio si el caminante se acerca hasta allí cualquier tarde. Silencio y belleza si el otoño conduce el paseo y tiñe de mil colores la vista por el camino iniciático que lleva a la explanada sombreada por un árbol, sobre el Torío.

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