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MENGOBA

Pizarra y arcilla

Lo mejor de Espanillo y lo mejor de Valtuille. Pizarra y arcilla. Mineralidad y fruta. Flor de Brezo (...del Bierzo) une dos de los muchos bierzos posibles, pero ensambla y complementa los extremos en un vino sin aristas, con lo mejor de cada uno en perfecta armonía. ‘Flor de Brezo’ lo tiene todo y no le sobra nada. Está en el punto de equilibrio

 

RAFAEL BLANCO
21/03/2014

Complejidad sin maderazo. Ése era el objetivo que Grégory Pérez se marcó al idear el Flor de Brezo, que se suma en el catálogo de la bodega a los Brezo y Mengoba en lo que constituye una línea de vinos digamos que intermedia. Mezcla uva de los viñedos de su propiedad en Espanillo, de mayor altitud y suelo pizarrozo en evidente descomposición —marcadamente mineral y fresco—, con los de Valtuille de Arriba y Villafranca, arcilloarenosos, más cálidos y extremadamente frutales y más proclives a la maduración, incluso confitados si se alarga la vendimia. Mezcla también Mencía, un 85%, y Garnacha Tintorera, el 15% restante, toda ella de muy vejo cepaje, casi centenario, sobre el que se ejercen prácticas vitícolas tradicionales e incluso obsesiva y extremadamente respetuosas con el medio ambiente.

Con ese trabajo hecho en el campo, el de bodega se limita a interpretar lo que pida la uva. La fermentación alcohólica y maloláctica —que se realiza a temperaturas de entre 25 y 28 grados pera mantener la fruta y no marcar las aportaciones ajenas— se produce en tinas troncocónicas de madera de cinco mil litros de capacidad, en las que permanece entre seis y ocho meses antes de pasar a botella. Grégory, conocedor de las técnicas de elaboración más vanguardistas por su experiencia enológica en Burdeos —es francés de ascendencia abulense—, pero fascinado por la Mencía desde su llegada al Bierzo, que un día decidió convirtir en destino, se impone un prudente respeto en el uso de la madera, que ha experimentado en todas sus posibilidades, incluso en las más complejas.

Enólogo de los de referencia en la Mencía —también en el Godello y la Valenciana, a las que con esa licencia gráfica menciona en la razón social de su proyecto—,

tiene depositada una enorme fé en las inexploradas posibilidades del viñedo de Espanillo, uno de los últimos rincones posibles de la viña berciana. De las viñas que posee allí, que trabaja con sus propias manos y que ara incluso con una pareja de vacas, diferencia ahora dos parcelas para una elaboración especial de marcado carácter mineral. El Mengoba Sancho Martín, que en breve aparecerá en el mercado, se elabora con uvas de la parcela que le da nombre y otra más —El Colao— de las variedades Mencía, Garnacha Tintorera, Godello y Estaladiña con los porcentajes que determina la viña. Pisado de forma tradicional en tina abierta y con raspón, el resultado de un año de crianza se concreta en unas 800 botellas fundamentalmente destinadas al mercado internacional.

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