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La recomendación de... Rafael Monje, director de comunicación

Por la senda del río curueño

 

Por la senda del río curueño -

15/09/2017

Muchos son los parajes, caminos, valles y rutas singulares que ofrece la provincia de León al visitante. Difícil elección. Pero, personalmente, la vega del río Cureño, su caudal embaucador y los pueblos que acaricia el cauce a lo largo de sus cerca de 50 kilómetros de longitud constituyen un regalo para el alma.

Saliendo de la ciudad de León hacia el norte, por la carretera LE-331, en dirección a Matallana de Torío, llegamos a Robles de la Valcueva, y allí, a la derecha, por la CL-626, hasta La Vecilla de Curueño. Estamos acercándonos al nacimiento del río, en el Puerto de Vegarada, un lugar único para los sentidos, ubicado entre León y Asturias, donde el senderismo y los paseos en bicicleta eclipsan cualquier otra opción de movimiento.

Pero volvamos un poco más abajo, al inicio del valle. El primer pueblo, Valdepiélago, lugar de campamentos de verano al igual que La Vecilla de Curueño. Más arriba, nos encontramos con una espléndida zona de baño en Montuerto, y siguiendo la carretera, la cascada de Nocedo, que veremos sin abandonar la calzada. Después llegaremos a Nocedo de Curueño, donde, a la izquierda, te encuentras con una empinada carretera que nos llevará a Valdorria, tras ascender por un continuo zigzag interminable de unos 3 kilómetros de longitud, pero que hará las delicias a cualquier amante del deporte de las dos ruedas.

Será el momento de dejar el coche para proseguir por un sendero, que consta de 365 escalones hasta la ermita de San Froilán, donde estuvo el santo leonés retirado como anacoreta. Todos los primeros de mayo se celebra en este lugar una romería en honor al santo, con procesión hasta la ermita y la participación de los pendones de la zona, una tradición que merece contemplar también en alguna ocasión. Será desde allí, junto a la ermita, donde el valle se nos descubre rutilante ante los ojos. Hay que guardar en la retina esa majestuosa imagen durante unos segundos. Nunca nuestra memoria visual permitirá jamás ?olvidarla.

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