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De viaje a

Urdiales del Páramo

Es tierra llana, lugar donde la vista se pierde en el horizonte. Tierra que levanta su barro al cielo y construye con él obras de arte. Arte que se refugia en las iglesias. Lugar de culto a los cultivos, a sus campos de belleza. Es Urdiales del Páramo, donde paraban las diligencias. Un buen lugar para hacer una pausa. De hace más de 500 años es su torre, el símbolo de Urdiales del Páramo, erguida sobre el llano, pegada al campanario, último testigo de tiempos de esplendor en esta explanada

 

S.V.P.
06/10/2017

Fue propiedad de los Conde de Luna cuando la piedra no se resquebrajaba y el adobe latía al ritmo de una tierra rica que era señorío. De entonces, de hace más de 500 años, se conserva su torre, el símbolo de Urdiales del Páramo, erguida sobre el llano, pegada al campanario, último testigo de tiempos de esplendor, cuando allí había iglesia, casona y hasta cementerio.

De todo eso queda el barro enhiesto, reflejo de siglos, tierra sobre tierra en el páramo que no es yermo, planicie que se tiñe de vergel si la lluvia lo permite y el sol no se interpone entre las nubes y el suelo.

Es esa planicie lugar de culto, cultivo y arte sacro. Sus campos esconden belleza y su iglesia, uno de los retablos barrocos más bellos del país, muestra de la importancia de este pueblo, del que se habla ya en los documentos de 1176 y que fue dos, Urdiales y su barrio, el Barrio y Urdiales.

Fue parada y fonda de diligencias, el lugar de donde partía y a donde llegaba una ruta de comercio que trajo y llevó gente.

De belleza está hecho el retablo de Mansilla del Páramo, también del XVIII, y su Cristo del XIII, que fue ‘exiliado’ a un pozo con fondo durante años y ahora es devoción y procesión de 3 de mayo.

Es Mansilla desde 1001, al menos. Lugar de culto a la cultura, conserva como monumento la antigua escuela, de principios del XX, donde se formaron generaciones de parameses, que alberga hoy el consultorio médico.

Queda Villarrín, la villa de la Reina, apenas medio centenar de vecinos en una tierra de inmensa belleza que levanta en su inmensidad torres y campanarios y alza su vista al cielo en busca de la generosidad del agua para germinar su tierra.