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El juez instructor pide juzgar a los hijos de Ruiz Mateos por Rumasa

 

Dos de los hijos de Ruiz-Mateos, en una imagen de archivo. KIKO HUESCA -

17/01/2017

j. a. bravo | madrid

El patriarca de la familia Ruiz Mateos (José María padre falleció en septiembre de 2015) ya no lo verá pero sus seis hijos varones (Zoilo, Pablo, Alfonso, José María, Francisco Javier y Alvaro, los dos últimos ya cumpliendo condena por un delito fiscal y otro de alzamiento de bienes) salvo cambio sorpresivo en el criterio seguido hasta ahora por la Audiencia Nacional, serán juzgados por la presunta estafa cometida con los pagarés de Nueva Rumasa. De hecho, según fuentes jurídicas, la vista oral podría tener lugar incluso a finales de este año.

Lo que ya ha hecho el juez instructor, José de la Mata, es convertir las diligencias previas que se han prolongado durante seis años y medio en un procedimiento abreviado. Su conclusión es que existen «indicios suficientes» de que hasta 15 personas —entre ellas figuran también un sobrino de la familia, Zoilo Pazos Jiménez, y el liquidador de empresas Angel de Cabo pero no la matriarca del clan, Teresa Rivero— participaron de la trama creada por los Ruiz-Mateos para lograr financiación a toda costa ante su «práctica insolvencia».

Así se encontraban en 2009 las empresas del Grupo Nueva Rumasa —sucesor desde 1990, aunque no en términos jurídicos, del famoso emporio de la abeja-porque sus negocios reales —llegó a tener una presencia destacada en el sector de la alimentación y las bebidas con marcas como Clesa, Dhul, Elgorriaga, Trapa y Garvey— no aportaban lo suficiente para cubrir el inexplicable agujero de sus cuentas —la sospecha es que se desviaban recursos ingentes al extranjero—.

Por eso sus responsables, explica el magistrado en un auto publicado este lunes, «decidieron captar fondos con los que revertir la situación y también aplicarlos en su propio beneficio». Para ello recurrieron a «agresivas campañas» en prensa, donde ofrecían invertir en sus empresas a cambio de elevados intereses. La fórmula para obtener esos «préstamos» de terceros fue la entrega de pagarés de empresa o «corporativos» no a la orden, emitidos y «generalmente» avalados por las propias sociedades de Nueva Rumasa.

Así, aprovechando el tirón comercial de sus firmas de mayor solvencia y una publicidad «estratégica», los Ruiz Mateos y sus colaboradores mostraron una imagen de solvencia, e incluso «bonanza empresarial», que «en ese momento carecía de sustento real».




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