+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario de León:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 

Suiza destapa su secreto bancario después de ocho décadas

 

08/01/2017

ivia ugalde | madrid

Suiza es un oasis en el mundo. La burbuja impermeable que ha sabido salir inmune a dos guerras mundiales. El lugar donde la puntualidad se mide con la extrema precisión de sus marcas de relojes. La cuna de los mejores maestros chocolateros. Y, sobre todo, la morada preferida donde reposan las mayores fortunas del planeta. Su aval es la garantía de que los tesoros serán guardados bajo total confidencialidad. Hasta ahora que, asediada mundialmente por servir de nido a evasores fiscales, ha tenido que poner fin al sagrado secreto bancario. Ocho décadas después, su mayor seña de identidad ya es historia.

Los clientes con cuentas en Suiza saben que desde el 1 de enero se ha esfumado la capa de opacidad que les permitía mantener sus riquezas fuera de los radares del fisco. Aunque los datos no se sabrán hasta septiembre del año que viene, las autoridades helvéticas ya han comenzado a recabar información de sus clientes extranjeros en virtud del intercambio automático de archivos que pactaron en 2014 con 38 socios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y con la UE en 2015. La decisión no ha sido por iniciativa propia. Sobre el Estado helvético pendía la amenaza de perder su estatus de plaza financiera internacional si no colaboraba.

Desde 1934

Nadie pone en entredicho que desprenderse del secreto bancario es un trago amargo en un territorio que lo exhibía con orgullo desde que lo aprobó en 1934. Y eso que la polémica le acompañó desde sus comienzos porque circula la extendida creencia de que en las cámaras acorazadas se ocultaron miles de lingotes de oro de los nazis. Un oscuro pasado sin confirmar al que se suma haber sido uno de los destinos favoritos de las riquezas de dictadores.

En 2018 ya no será necesario cursar ni siquiera una solicitud. Suiza se encargará automáticamente de poner rostro a sus clientes extranjeros y desgranar qué es lo que poseen. Para ello, enviará cada año a los países de origen los datos sobre ingresos -como intereses o dividendos- y podrá saberse cuánto dinero tienen depositado, así como las ganancias derivadas de la venta de activos. La única línea roja que sigue en pie es la negativa a cooperar en base a datos robados.




Club de prensa