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Vinos de su puño y letra

«El Prieto Picudo ya es marca»

Jorge Robles González.
Bodega Robles González

Se empeñaron Jorge Robles González y, sobre todo, su padre, Víctor, en mantener viva la ilusión por el vino que desarrollan con evidente modestia y mucha dedicación, siempre como actividad complementaria de otras agrícolas. Dos rosados y un tinto concretan esa ilusión. Pero hay nuevos planes .

 

Jorge Robles, sobre la piedra del lagar de la bodega tradicional en la que almacena el vino y ahora ensaya la crianza. - B. Fernández

Rafael Blanco
30/11/2012

Al margen del aprovechamiento para el uso familiar —todavía hay bodegas tradicionales bien conservadas en las que se mantiene la actividad— apenas queda en Morilla de los Oteros más viñedo que el que Jorge Robles González y su padre, Víctor, plantaron hace doce años —cinco hectáreas, cuatro de ellas Prieto Picudo y una de Tempranillo, todo en espaldera— y el que con buen criterio salvaron del descepe generalizado que se practicó en esta zona en la que las ondulaciones del terreno se atenúan para despejar el horizonte y desviar la vista sobre la vega del Esla.

Conserva la familia esas cuatro hectáreas de viejas rastreras con mucho cariño, tanto como dedicación le presta el progenitor, pendiente de las labores en el campo, sobre todo, y siempre dispuesto para cualquier tarea en la bodega. En las bodegas, porque son dos. Una en el casco urbano y la otra en la parte más alta, excavada sobre una ladera que cae hacia el norte con suficiente espacio habilitado y acondicionado sobre la bocacueva para realizar tareas puntuales.

Con esa base y en esos escenarios Robles González mantiene una línea clásica de rosado, Viña Barrerona, que menciona en la etiqueta el paraje del viñedo y que ahora certifica como vino de la Tierra de Castilla y León. Supone la referencia de volumen, porque la de calidad lleva la etiqueta Villaliz que avala la DO Tierra de León tanto para el rosado de elaboración tradicional mediante madreo como para el tinto joven, del año, aunque en realidad es del anterior, pues se deja reposar largo tiempo en bodega. Entiende Robles González que gana en calidad y actúa en consecuencia.

Villaliz será también un crianza con en torno a nueve meses de guarda que se ensaya en la bodega en tres barricas a partir de la excelente vendimia del 2010, sin duda la mejor en mucho tiempo para la elaboración de tintos. Será el resultado de esa misma ilusión por el vino, pero también de la convicción de que «el Prieto Picudo gana cada día en aprecio. La gente lo identifica como tal y lo pide por su nombre porque Prieto Picudo ya es marca», afirma.

La bodega, donde se recibe a muchos clientes, y ahora la tienen on line son dos buenos canales de distribución, pero los Villaliz pueden encontrarse con facilidad en la capital y en el entorno de Valencia de Don Juan. Llega hasta donde llega, sin más pretensión que hacer lo que se venda o vender lo que haga.