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LEÓN ■ FILANDÓN

Asesinatos de Estado: «El crimen de Isabel Carrasco cambió el juego político»

Francisco Pérez Abellán ofrece una audaz versión de la historia de España a través de los asesinatos de cinco presidentes del gobierno con demasiados puntos en común «No hubo revolucionarios, anarquistas ni etarras como autores: todos eran asesinos a sueldo» «He encontrado sumarios destripados, mojados para borrarlos, objeto de expolio pero también tesoros» «La historia de España está penetrada por quienes han hecho del asesinato una forma de hacer política»

 

CRISTINA FANJUL
06/05/2018

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raquel p. vieco -

El escritor madrileño, que ya destapó el fraude del asesinato de Prim, destapa en El vicio español del magnicidio una red de conspiraciones con la que traza un tapiz desconocido de los últimos dos siglos en España. Francisco Pérez Abellán se ha sumergido en las fuentes históricas, fuentes que, según él mismo testimonia, han sido borradas, confiscadas e incluso quemadas, para demostrar que hay un hilo invisible que une los asesinatos de cinco presidentes del Gobierno en España.

—En el libro dibuja un óleo con el que consigues, a través de los magnicidios, representar la historia de España de un modo audaz y original. Me ha dado la impresión de que hay fuerzas que ni vemos, ni controlamos.

—En efecto. Estamos penetrados de desinformación aunque la palabreja no existiera cuando ya se practicaba. Yo he investigado seis asesinatos, cinco de ellos consumados y uno frustrado, el intento de regicidio de Alfonso XIII en la calle Mayor. Y en todos encuentro fuerzas que ni vemos ni controlamos.

—¿Cuál es el denominador común de todos los crímenes que analiza en el libro?

—En todos los magnicidios que he estudiado se pone en práctica la utilización de una plantilla: una y otra vez se repite la planificación exhaustiva, la abundancia de recursos, el fallo clamoroso de seguridad, el premio a los ministro de Gobernación a los que les matan al presidente o fallan en su protección como en el caso del rey, la floja investigación, la coartada revolucionaria, los cabezas de turco como culpables y la ocultación de los verdaderos asesinos. No hubo revolucionarios, anarquistas ni etarras como autores: todos eran asesinos a sueldo.

No hubo revolucionarios, anarquistas ni etarras como autores: todos eran asesinos a sueldo

—Una de las cosas más curiosas es el papel, similar, que juegan los ministros de Gobernación, de Interior. ¿Hasta qué punto su implicación puede ser tomada como la intervención del poder real en el transcurso de la historia de España?

—Yo no digo que los ministros de Gobernación estuvieran implicados, sino que es muy extraño y resulta de una frecuencia alarmante el hecho de que Sagasta, Romanones, Barroso, Bugallal y Carlos Arias Navarro fueran premiados por fracasar. Este último fue presidente en lugar del presidente asesinado.

—¿Y los hombres de paja? ¿Esos que pasan por revolucionarios y luego se transforman en presuntos utopistas anarcos?

—Eran mercenarios. Todos con un pasado turbio: Mateo Morral, Angiolillo, Pardina, Nicolau, Casanellas, Mateu y los demás. A Mateu, el jefe de la banda que asesino al presidente Eduardo Dato Iradier, en 1921, como consecuencia de las mentiras difundidas sobre su verdadero papel en el atentado, las masas enfebrecidas le sacaron de la cárcel a hombros como si fuera un torero.

—Uno de los que más llaman la atención, por la proximidad, es el de Carrero Blanco. ¿Qué responsabilidad tuvo en tu opinión Arias Navarro? ¿Por qué defiendes que perjudicó a la izquierda? ¿Por qué no fue ETA?

—Carlos Arias Navarro era el encargado de proteger qa presidente. Y las fuerzas de seguridad sabían que estaba en peligro. Primero les llegó que iba a ser secuestrado junto con su esposa y después que querín matarlo. Era en una España que se predica tomada por la policía político-social que tan eficaz era en la detención de comunistas. Y además estaban los servicios de presidencia, los servicios secretos, los servicios secretos de los militares, la policía de los delitos comunes y la Guardia Civil. Pese a eso y que Madrid era una ciudad supuestamente segura, una interminable lista de etarras entraban y salían de la capital y hasta llegaron a celebrar un pequeño congreso, pese a haber declarado la lucha armada y estar perseguidos. Los supuestos componentes de la banda del atentado actuaron de forma imprudente, ruidosa y nada sutil. Primero eran unos vascos con cara de vascos, son mucho acento que los delataba y que hasta llevaban boina de vascos. Luego se iban de «txiquitos» y se dejaban las pistolas en los bares, cosa que ocurrió más de una vez. Por encima de esta rara impunidad está que no tenían la preparación técnica suficiente aunque supuestamente actuaron como ingenieros de minas ni tampoco eran expertos en la colocación de explosivos. Como denuncia la viuda de Carrero el atentado fue demasiado perfecto para ellos. Yo añado que estaba muy por encima de sus posibilidades. Fueron los chicos de los recados y estoy seguro de que sí colocaron el explosivo de Goma Dos dentro del coche Morris aparcado fuera para obligar al «Dodge» del presidente a pasar por encima de la cazoleta del explosivo. Y estoy tan seguro porque esa fue la bomba que no explotó. Este grupo de palurdos no daba para más.

En el asesinato de Carrero Blanco, ETA fue la chica de los recados. Este grupo de palurdos no daba para más

Una vez muerto Carrero en un impresionante atentado del que no se puede decir que la banda terrorista hiciera nada siquiera parecido ni ante sin después, al subir Arias Navarro a la presidencia tomó toda clase de medidas reforzando la seguridad. Algo que ya se había hecho antes como en el asesinato de Dato en el que el presidente Bugallal, en lugar del presidente, hasta se procuró una moto igual que la que se utilizó en el atentado pero esta vez llena de guardias para protegerse.

—¿Qué papel jugaron los Romanones en el transcurrir de la historia de España?

—Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones falló clamorosamente en la protección de Alfonso XIII el día de su boda, cuando Mateo Morral arrojó la bomba en la calle Mayor. En ese mismo momento con el peligro en las calles y toda la ciudad llena de herederos de monarquías de todo el mundo Romanones estaba en su casa durmiendo la siesta. Como consecuencia de este fracaso como ministro de Gobernación fue después 17 veces ministro, tres veces presidente del Consejo de Ministros, dos veces alcalde de Madrid y presidente del Congreso. El conde de Romanones pasa por ser uno de los personajes más ricos de todos los tiempos. Solo en mi libro El vicio español del magnicidio nos enteramos por qué era tan rico este señor.

—Una constante en la historia de los magnicidios en España es la destrucción de las pruebas. ¿Cómo has logrado tú indagar en los sumarios para aportar tanta documentación desconocida?

—Es verdad pero no siempre se tiene éxito en la destrucción de pruebas. Yo he encontrado sumarios destripados, mojados para borrarlos, objeto de expolio y destrucción, pero también tesoros históricos de primera magnitud. El secreto es no rendirse y seguir las pistas que nadie ha seguido.

—A la luz de todo lo que desvelas ¿Qué mano negra ha dirigido la orquesta de la historia de España? ¿Cuál ha sido el resultado? ¿Somos los herederos de esa mano negra?

—La historia de España está penetrada por quienes han hecho del asesinato una forma de hacer política. Descubrieron que matando a una sola persona, el presidente del consejo de ministros o el rey, podía cambiarse toda la política de una vez. Y les dio resultado. El sistema incluso fue exportado como la estafa piramidal que invento Baldomera Larra, la hija de Larra, la banquera del pueblo, y acabó convirtiéndose en el «Esquema Ponzi» y la gran estafa Maddof».

La historia de España está penetrada por quienes han hecho del asesinato una forma de hacer política

—¿Cree que en el caso de Isabel Carrasco podría haber ocurrido algo similar?

—El asesinato de Isabel Carrasco fue un magnicidio en toda regla.

—¿Qué características lo asimilan al resto de casos que analiza en el libro?

— Isabel Carrasco, como dice la definición de magnicidio, fue víctima del asesinato que sufre una persona importante en política por su cargo o poder. Por otro lado, como sucede en los magnicidios estudiados, hubo un gran fallo de seguridad puesto que estaba amenazada y no se impidió el acceso de las asesinas a la presidenta del PP y de la Diputación que quedó desprotegida y vulnerable. Finalmente, como en todos los magnicidios del libro, son todos los que están pero no están todos los que son. Una vez fallecida, como suele ser habitual, cambió todo el juego político que estaba bajo su mando.

—¿Hasta qué punto todos estos magnicidios pueden interpretarse junto a los que han tenido lugar en el resto del mundo. Y pongo como ejemplo los de Kennedy o Luther King?

—Los magnicidios que componen el Vicio español son una fuente de sabiduría y una vez descifrados sirven para interpretar los ocurridos fuera de España. Por extraño que parezca, el plan utilizado para matar a Prim fue la inspiración para asesinar a Kennedy. Los dos entraron en una ratonera mortal con tiradores en cada esquina. Por supuesto, hay un cabeza de turco: en el caso de Kennedy Lee Harvey Oswald, en el caso de Prim, Paul y Angulo. En los dos asuntos, los testigos molestos fueron apartados o murieron de forma violenta. Y además la desinformación ha propalado las mentiras de una investigación plagada de defectos.

—¿Alguna vez sabremos lo que ocurrió con el 11-M?

—En cuanto se disponga de la voluntad y los medios para llegar hasta el final. Lo cierto es que la mayoría de los misterios insondables suelen ser, simplemente, por falta de información.

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