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LEÓN ■ ENTREVISTA A JAIME GIL ALUJA

«Con el independentismo perdemos oportunidades que ya no volverán»

Jaime Gil Aluja es presidente de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de España

 

Gil Aluja, sentado junto a la estatua de Gaudí, como él natural de Reus. Ante Botines, donde la real academia celebrará su asamblea. RAMIRO -

12/11/2017

«El daño que se hace a Cataluña es inmenso. Y eso que sólo estamos prestando atención a lo actual, sin tener en cuenta los efectos olvidados». El presidente de la Real Academia, investigador económico y autor de teorías reconocidas mundialmente como las herramientas para la gestión de la incertidumbre, aboga por el diálogo para «volver a la normalidad, que no quiere decir a la uniformidad». También analiza la economía leonesa: «En todas partes está el pecado de la pereza mental, pero hay que levantarse y evolucionar».

MARÍA J. MUÑIZ | LEÓN

De paso una vez más por León, en esta ocasión para preparar el congreso nacional que la academia celebrará en abril en la casa Botines, Jaime Gil Aluja («otro loco de Reus, como Gaudí») analiza las claves del independentismo catalán que ha desgranado en sus estudios. Insiste en la necesidad de acercar posturas, que pasa por comprender las razones de quienes se sienten marginados y buscarles remedio. Se declara tan catalán como español. «Amo mucho a Cataluña. Por eso sé que la independencia es un error».

—Es usted el economista que desarrolló la teoría de la incertidumbre. Parece el más indicado para analizar el conflicto catalán.

—Hacer las cosas mezclando aspectos permite justificarlo todo, por eso es básico separar los caracteres que configuran el independentismo. Cómo se explica, qué consecuencias políticas, económicas y jurídicas tiene,... La mezcla sólo sirve para argumentar lo que no tiene justificación. Como economista parto de la base de que la independencia de Cataluña no es económicamente viable, ni a corto ni a medio plazo. Efectivamente la teoría de la incertidumbre, de la cual algo sé, nos indica que la tendencia mundial es hacer las cosas cada vez más grandes, porque sólo a través de la colaboración podremos tener voz en el contexto internacional. Si nos dividimos tendremos una voz, pero no la escuchará nadie. Por principio no es el momento de hacer las cosas más pequeñas, en general, no sólo en el catalanismo. Otro aspecto a tener en cuenta es la libertad, que las sociedades modernas han reconquistado mediante el humanismo. Pero se ha manipulado mucho. Una de esas manipulaciones es argumentar que una Cataluña independiente tendrá más libertad que ahora. No es verdad. Si formamos parte de un cuerpo más grande podremos tener más voz; a parte de la vida en común que hemos tenido durante siglos, que no nos ha ido tan mal. Es necesario arreglar este escenario, hablar, sí, pero dentro de un marco que es la ley que nosotros mismos nos hemos dado. Si es necesario cambiémosla, pero dentro de ese marco.

—¿Hay algún ejercicio que el Gobierno central pueda hacer para intentar avanzar en el entendimiento?

—Acabo de terminar un trabajo que se llama ‘¿Y después qué?’, en el que se plantea científicamente qué es lo que configura el independentismo, por qué la gente se suma a este movimiento. He seleccionado doce elementos, pero podrían ser 200. Creemos que Madrid nos roba, no nos dan el Corredor Mediterráneo, no nos dejan gobernar, estamos dejados de la mano de Dios,... Quienes piensan que esto es cierto sienten la necesidad de marcharse. En el otro lado están las acciones a llevar a cabo para incidir en esta clase de sentimiento nacionalista, razonar en qué se puede mejorar en cada aspecto y decidir qué hacer.

—¿Y cuáles son estas acciones?

—Una de ellas, ya palpable, es la presencia del Gobierno central en Cataluña. Sáenz de Santamaría está haciendo una gran labor, aunque ahora, no antes. Es la sensación de que nos hacen caso. Otra es el sentimiento de que tenemos poder en Cataluña, que no nos mandan desde Madrid. Hay parcelas de poder que pueden ser modificadas, ni siquiera ampliadas, para que la percepción de la ciudadanía mejore. Además es necesario mejorar el discurso. Es cierto que la maldad vende mejor, pero hay que hacer el esfuerzo de ver también el lado positivo.

—La economía es una de las grandes preocupaciones del momento, ¿cómo está afectando no sólo a Cataluña, sino al conjuntode España?

—La ciencia económica señala que los sistemas y la sociedad siguen ciclos económicos que tienen cuatro fases: el punto más bajo, desde el que se inicia la recuperación, después la expansión y de nuevo la recesión. El momento clave para una expansión alta y duradera es la recuperación, es cuando el cuerpo económico quiere crecer. ¿En qué momento está la economía española? En la recuperación. Con la crisis catalana estamos perdiendo oportunidades que ya no volveremos a recuperar, es el peor momento para que pase esto. En Cataluña esto se manifiesta con un crecimiento económico que ya no es tan vital. Las empresas que generan poder se han ido, y habrá también incidencias en las relaciones comerciales. Yo he desarrollado una teoría que ha dado la vuelta al mundo, la de los efectos olvidados. Son esos que ahora no se están teniendo en cuenta. El daño que se hace a Cataluña es inmenso.

—A Cataluña, y a la economía del conjunto del país.

—Por supuesto. Porque no se ha seguido un procedimiento pactado, se han saltado las reglas del juego. Tenemos que hablar, sí, pero dentro de las reglas. Si hay que modificarlas, hagámoslo, pero entre todos. Hay que hablar todo. Y escuchar, escuchar y escuchar. No hacerlo es nuestro gran pecado.

—En este punto, si se ha fracturado la recuperación económica, ¿puede calcularse cuánto tiempo tardaremos en volver al punto de crecimiento anterior?

—Lo perdido está ya perdido. A mayores están las oportunidades que ya no podremos volver a recuperar, y que ahora no se están teniendo en cuenta. ¿Cree que las empresas van a volver a Cataluña? La mayor parte de ellas difícilmente volverá. Por qué lo van a hacer, cuando tienen oportunidades en otros lugares.

—Usted ha hablado de las presiones que sufren en Cataluña quienes no defienden el independentismo. ¿Cuáles son ?

—Es difícil hablar sin pruebas, pero nos sentimos relegados. La percepción de presión es clara.

—Los empresarios catalanes advierten de que la campaña electoral va a reactivar la crisis.

— El empresario invierte dinero si va a recuperarlo a medio o largo plazo. Si no hay estabilidad y no se percibe cómo va a ser la sociedad del futuro, ¿quién va a arriesgar su dinero? Siempre hay un factor de incertidumbre, pero para lograr la inversión hay que acotarla. Si en vez de reducir la incertidumbre la agrandamos, ¿quién va a invertir?

—¿La confianza de los inversores nacionales e internacionales, estará quebrada por mucho tiempo?

—El dinero es cobarde. Pero también es osado y busca oportunidades, aunque suelen ser a corto plazo. A largo plazo un país no puede ir a salto de mata, es necesario crear estructuras capaces de sobrevivir a lo largo del tiempo.

—En el ambiente actual, ¿ve posible la reconciliación por la que aboga?

—Tiene que ser posible, tenemos que terminar con la incertidumbre, volver a la normalidad, que no quiere decir a la uniformidad. Cada uno pensará a su manera, y eso es maravilloso y enriquecedor; pero hay que hacer un esfuerzo de comprensión hacia unos españoles que se han sentido relegados.

—Más allá de los políticos, ¿cómo debe actuar la sociedad, comparte llamamientos como el boicot a productos catalanes?

—No creo en los boicots, ni de los productos catalanes ni los que se han dado dentro de Cataluña, eso no lleva a ninguna parte. Es más producto de la rabia que de una percepción racional, es hacernos daño a nosotros mismos. Diría que debemos ser caritativos, perdonar es el gesto que diferencia a los humanos de las máquinas. Lo que no quiere decir que cada uno no tenga que asumir sus responsabilidades. Además, para perdonar hay que tener también un punto de contricción, reconocer que ha habido una equivocación.

—Ese intento de comprender ¿tiene que partir de la sociedad, más allá del pulso político?

—La sociedad tenemos que dar una lección a los políticos. Soy español, catalán y de Reus, como Gaudí. Y europeo. Haciendo las cosas grandes ganadermos todos. Amo mucho a Cataluña, por eso me duele tanto lo que pasa. Pero hay que lograr que los catalanes no tengan la sensación de que son menospreciados.