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LUIS PIEDRAHITA. HUMORISTA Y MAGO

«De pequeño yo era muy antisistema»

 

DIEGO MARTÍNEZ -

23/06/2017

E. gancedo | león

«Voy a hablar de uno de los seres más temidos de nuestro planeta: la letra pequeña. Todo lo que está escrito con letra pequeña da mal rollo; el contrato de una hipoteca, una multa, la Biblia... todo». El humorista e ilusionista Luis Piedrahita (A Coruña, 1977) recibió hace tiempo el título mundial de ‘rey de las cosas pequeñas’ por sus reflexiones agudas y tronchantes sobre lo cotidiano, lo prosaico y lo aparentemente nimio. Y este domingo, en el Auditorio Ciudad de León (20.30 horas, 16 y 19 euros) ofrece un espectáculo cuyo título casi impronunciable es toda una declaración de intenciones: Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas.

—¿Usted ya nació así? Me refiero, con ese tono de voz, esas gafas y ese pelo? ¿O es como el señor Barragán, que luego se quitaba la boina y la zamarra y era un tipo normal?

—Yo nací más bajito, con menos pelo y sin gafas. Eso me han dicho. Pero me encantaría haber nacido con estas gafas. Vaya cara que se le iba a quedar al médico. Me imagino al pobre dirigiéndose a mi madre y diciéndole: «Enhorabuena señora, ha tenido usted un humorista».

—De chaval, ¿qué era lo que más tenía que escuchar: «Cállate, niño», «estate quieto», o «mirad, mirad lo que sabe hacer el crío»?

—Las dos primeras han sido las más frecuentes. Y también «¿quién ha roto esto?» era otro gran clásico. Es que de pequeño yo era muy antisistema.

—¿Hubo algún momento concreto, en su vida, en que vislumbró la posibilidad de dedicarse a la farándula sin tener que trabajar en el Burger King por las tardes?

—No es una decisión que uno tome en un momento determinado de su vida, como hacerse un piercing o casarse con un futbolista. No. Es más bien algo que va sucediendo de modo irremediable, como quedarse calvo. Uno va haciendo lo que puede, o lo que más o menos le sale bien, hasta que de repente un día, sin esperarlo, le preguntan si hubo algún momento concreto, en su vida, en que vislumbró la posibilidad de dedicarse a la farándula sin tener que trabajar en el Burger King por las tardes. Esa decisión no la he tomado nunca pero poco a poco, sin darme cuenta, es lo que he estado haciendo estos últimos 25 años.

—Diga la verdad: ¿La magia es un ardid inventado por un grupo oculto de genios miopes con el objetivo de comerse una rosca?

—No se puede saber. Desgraciadamente, toda conquista consecuencia de hacer un truco en un pub suele ser de corto recorrido y vuelo gallináceo. Si un chico o una chica se enamoran al ver un truco, se enamoran de algo que no es real. Lo que tiene delante es un truco, un engaño, una ilusión. Digo «desgraciadamente» porque el amor, venga de donde venga, siempre es eso. Un espejismo que queremos que sea real.

—Hay quien dice que la habilidad del mago reside en el llamado ‘sexto dedo’. ¿Existe de veras esa singular extremidad?

—No conozco el concepto. Pero sí el de las ‘seis manos’ que aborda Ramón Mayrata en su libro Por arte de magia. Ramón es un poeta muy conocedor de la magia y en su libro habla de la psicología de los magos, de sus secretos, cuenta algunas anécdotas…

—En su caso, qué fue antes, ¿la magia del huevo o el humor de la gallina? ¿O ambas cosas son indistinguibles en su persona?

—Ambas actividades son complementarias y la una llena de sentido a la otra. En mi caso, el de un humorista que escribe y luego interpreta su texto, o un mago que primero ensaya y después ejecuta su juego, ambas son muy placenteras. Disfruto mucho el momento de la creación: inventar los chistes, las magias, las metáforas visuales… me encanta. Pero todo eso realmente cobra sentido cuando me subo a un escenario y lo puedo ver funcionar delante del público, oyendo sus risas o sintiendo su asombro. Mi pasión por la magia enriquece un poquito mi humor y mi pasión por el humor hace mi magia un poco más divertida. Me gusta que la magia sea divertida y que el humor sea mágico.

—¿Hubo un antes y un después a la hora de ganar el certamen de ‘El Club de la Comedia’?

—No sé si hubo un antes y un después porque ese fue mi primer día de trabajo. Terminé la carrera, entré a trabajar como guionista en El Club de la Comedia y mi prueba de admisión fue el guion con el que gané el certamen. Quiero decir con esto que no sé cómo ha cambiado ese certamen mi vida laboral porque mi vida laboral comenzó ahí. No hay un «antes» para comparar. Antes yo era un estudiante al que le pidieron una prueba de guión para entrar a trabajar en una productora y que escribió sobre las cajas de bombones.

—¿Cómo es un día en la vida de Luis Piedrahita? La gente te imagina levantándote y mirando, durante mucho rato, la escobilla del váter, por ejemplo.

—No hay un día igual a otro. Mi vida transcurre por una cotidianidad bastante impredecible. Eso es bueno y malo. Es bueno porque no te aburres y es malo por que no puedes bajar la guardia y eso es agotador.

—Es usted como muchos Luis Piedrahitas que hacen un montón de cosas... ¿Volverá a dirigir una película o a participar en ella?

—Me encantará. Yo creo que todo el mundo tiene siempre un proyecto cinematográfico en mente. Solo hace falta que se den las condiciones adecuadas, y eso no es fácil. El cine es un juguete muy caro.

—¿Qué nos va a contar en León y por qué debemos de dejar de comer cecina para ir a verle?

—Es un espectáculo muy divertido. No quiero ocultar que me encanta, de hecho yo iré a verme. Además, de tus preguntas deduzco que eres una persona inteligente, culta y aseada, así que creo que también te gustará. Fíjate que prefiero hablar bien de ti antes que de mi propio show. Aun así, no quisiera ocultar que de este espectáculo se ha dicho ya varias veces que es una de las obras más ingeniosas, brillantes y poéticas del siglo XXI. Lo que sí me gustaría ocultar es que he sido yo el que lo ha dicho.

   
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