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julio césar álvarez | escritor

«El miedo es el gran elemento de nuestro tiempo»

Filandó n dice julio césar álvarez que la obligatoriedad de ser feliz impide serlo, una afirmación que demuestra que vivimos en la era de la insatisfacción constante, en la época de la gratificación rápida que aportan las redes sociales y las relaciones sociales cada vez más banales. el escritor refleja esta nueva civilización en su novela ‘nueva selva’ «Cuando el «yo» es el principal elemento de la realidad, el otro sobra e incluso molesta» «‘Nueva Selva’ sugiere que lo más probable es que por un tiempo sigamos renunciando» «Temer el futuro anula poder vivir el presente, cuando realmente es lo único que tenemos» «Lo que parece evidente es que la obligatoriedad de ser feliz impide serlo. Además, es un estado muy pasajero»

cristina fanjul
29/04/2018

 

El escritor Julio César Álvarez acaba de publicar Nueva selva, una alegoría literaria acerca del apagón cultural, económico, social y político que nos lega la recién inaugurada revolución tecnológica.En esta entrevista, conversamos acerca de la sociedad alumbrada por ella, del aislamiento que han provocado las nuevas tecnologías, del carácter efímero de las relaciones, de la fugacidad de la vida dominada por un consumismo compulsivo, de usar y tirar, del futuro que se termina antes de haber comenzado... El escritor analiza además desde un punto de vista clínico la situación en la que se desenvuelve el hombre sumido la vorágine de un día a día cada vez más frenético y asegura que, a este paso, echaremos de menos este mismo instante. Una visión para reflexionar...

—¿De qué tipo de oscuridad hablas en Nueva Selva?

—Nueva Selva habla en todo momento de supervivencia. Y la supervivencia está hecha de luces y sombras. Nuestro tiempo no es tan oscuro como parece ni tan luminoso como nos quieren vender. Es una zona intermedia que necesitamos reconstruir urgentemente. La idea de Nueva Selva surgió de un acontecimiento que sucedió en la ciudad de Nueva York. En 1977 se produjo un apagón eléctrico que apenas duró un día. Fue suficiente para que el caos se apoderara de la ciudad. En los instantes más difíciles se aprecian los abismos y la inmensa bondad del ser humano. Somos la especie más extraña del planeta. Y en esos momentos caóticos aparecen todas nuestras contradicciones. Nueva Selva hace hincapié en la crueldad innecesaria. Quizá el elemento más perturbador y perverso que llevamos dentro.

—¿Cuál es el peor tipo de ceguera a la que se enfrenta el mundo desde tu unto de vista?

—Creo que la peor ceguera es la resignación. A largo plazo cobra demasiados intereses. Además, como cualquier ciclo humano, un día uno se cansa de renunciar. Entonces decide hacer frente. Lo que sucede entonces es que va a tener que emplear el doble de esfuerzo. Es importante creer en algo, por pequeño que sea. Nueva Selva habla de tener principios y de mantenerlos pese a que todo indique lo contrario. Creo que lo más subversivo en este momento. Volver a apostar por el ser humano y sus enormes cualidades. Ese era el sueño de la Ilustración y también de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Es imprescindible ampliar la expresión artística en cualquier posibilidad. Por eso me encantaría presenciar el resurgir de un auténtico movimiento cultural con voz propia e impacto social. Me niego a creer que todo esté inventado. Actualmente estamos en una permanente retromanía revisionista. Indirectamente se está afirmando que el pasado era mejor y que el presente no merece ser vivido. No dejo de leer libros sorprendentes de autores jóvenes. El principal problema es que no poseen el lugar que merecen. No se está produciendo un relevo cultural. Y los antiguos gurús artísticos o literarios no quieren ceder su espacio a voces nuevas con mensajes nuevos. Además con la continua revisión del pasado sólo les escuchamos a ellos. Cuando sus respuestas ya no sirven tan acertadamente para nuestro presente.

— ¿Estamos cada vez más conectados o cada vez más aislados?

—Estamos continuamente conectados aumentando nuestro aislamiento. Una extraña paradoja. A veces olvidamos que un exceso de comunicación superficial acentúa la soledad. Prácticamente nadie hubiera previsto que el medio de comunicación de masas sería enviar mensajes breves (WhatsApp) cuando ya existe la telefonía o la videocomunicación. Es decir, el futuro es escribir y volver a enviar telegramas urgentes o cartas instantáneas. Además, Internet nos ha sobrepasado a todos. Ha cambiado el paradigma de comunicación en un plazo muy breve. Así que la literatura no puede quedar fuera, debe ser un reflejo de ese cambio. El arte está obligado a observar y si es posible adelantarse a algunos acontecimientos. Para mí es importante trasladar al papel esa transición a no se sabe muy bien qué.

—¿Se ha cumplido la fábula de Robinson Crusoe?

—Sí, totalmente. Vivimos en pequeñas islas a solas con nuestros pensamientos. Donde debemos luchar con nuestros fantasmas y crear compañía muchas veces ficticia. Estamos solos y no sabemos estarlo. Las opciones son la locura o la creatividad. O ambas. Si es que no son lo mismo. Las investigaciones recientes sugieren que el cerebro de un artista y un psicótico comparten muchos elementos en común.

— Desde el punto de vista clínico, como profesional ¿cuáles son las enfermedades provocadas por la contemporaneidad?

—Yo diría que el miedo es el gran elemento de nuestro tiempo. Es decir, la ansiedad en todas sus variantes. Tenemos miedo a lo que ocurre fuera y a lo que ocurre dentro. Apenas podemos prever lo que va a suceder de aquí a unos días. Y eso crea una incertidumbre difícil de asimilar. Básicamente creo que tememos el futuro. Y temer el futuro anula la satisfacción inmediata de poder vivir el presente, cuando realmente es lo único que tenemos. Al ritmo actual, acabaremos echando de menos este mismo instante. Y lo reivindicaremos dentro de unas décadas, lo que no tiene mucho sentido.

—Hablaste en la presentación del libro de la sociedad líquida. Hay un libro de Stephen Zweig (El mundo de mis mayores) en el que ya se refería a esta realidad sin calificarla de este modo. Una de sus características es la adoración por lo superfluo, de lo banal en un intento por huir de la intensidad, de la gravedad de lo que realmente importa. ¿Hemos regresado a una adolescencia cultural?

—Zygmunt Bauman habla de una «sociedad líquida» donde las relaciones ya no son sólidas y todo se diluye entre los dedos. Zweig y algunos otros han venido advirtiendo de esa banalización y adolescencia cultural. Algo especialmente vinculado al pensamiento norteamericano. Porque la grave o lo dramático no crea flujos económicos. Olvidando que la tragedia es parte esencial de la condición humana. Dejamos fuera lo doloroso porque incomoda, aunque curiosamente de ese modo lo intensificamos. Cuando aparece la tragedia resulta intolerable. Lo que parece evidente es que la obligatoriedad de ser feliz impide serlo. Además, es un estado muy pasajero como para basar todo un modo de vida. Son los nuevos mitos occidentales, el amor eterno o la felicidad perpetua. Nadie lo tiene. Aunque todo el mundo intenta aparentar que sí. Coincide con aquella idea situacionista que aseguraba que todo es un espectáculo que funciona solamente porque cada uno finge estar disfrutando y porque cada uno piensa que es solamente él quien no encaja en la totalidad.

— En tu novela da la impresión de que hay pocas cosas que importen. ¿Querías dar esa sensación?

—Personalmente creo que hay muchas cosas que importan. Aunque Nueva Selva intenta reflejar ese desinterés actual un tanto nihilista, es una novela social, aunque no en términos clásicos sino más bien de una sociedad que ha creado sus bases sobre la satisfacción absoluta del «yo». Y para ese fin todo es bienvenido. Desde la tarjeta de crédito a Instagram. Cuando el «yo» es el principal elemento de la realidad, el otro sobra e incluso molesta porque no reconoce el protagonismo de ese «yo». Muy intencionadamente en Nueva Selva el protagonista no tiene nombre. Es un ser desfigurado que no quiere ser completamente retratado. Quizá ocurre como con el grafitero Bansky, su deseo de anonimato acentúa su personaje. Se convierte en una presencia absoluta.

— .¿Qué pasa al final? Sin spoiler, por favor

—Nueva Selva sugiere que lo más probable es que por un tiempo sigamos renunciando. Actualmente hay una sensación colectiva de derrota. Aunque creo que no es totalmente real. Siempre hay oportunidades de cambio y de construir algo mejor. Resignarse a ello sería perder completamente. Nueva Selva intenta adentrarse en los mecanismos mentales que definen esta época. La forma en que nos relacionamos o el modo en que consumimos cultura compulsivamente sin asimilarla. Nueva Selva es un retrato actual aunque sugiere algunas posibilidades futuras. Estamos inmersos en un cambio social y mental importantísimo que debemos resolver.

 

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