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CULTURA | MIGUEL PAZ . ESCRITOR

«Fracasar es, sencillamente, vivir»

El autor leonés presenta hoy su nueva novela en el Palacio del Conde Luna.

 

El escritor leonés Miguel Paz Cabanas. RAQUEL P. VIECO -

Portada del libro. DL -

28/11/2017

Lugar: Palacio del Conde Luna.
Hora: 20.00.

PABLO RIOJA | LEÓN

El escritor leonés Miguel Paz vuelve a la novela con Todos los últimos días grises, publicada por Leteo en su colección Relojero de Banaguás. Hoy la presenta, a las 20.00 horas, en el Palacio del Conde Luna acompañado por Tomás Sánchez Santiago. Posteriormente, como broche a las Jornadas Leteo, habrá un concierto de Los Modernos y la pinchada de Alex Cooper, a partir de las 21.00 horas en el Chelsea Bar.

—¿Qué cuenta en este nuevo trabajo?

—Se trata de una novela que transcurre durante los meses posteriores a la muerte de Franco. No es, sin embargo, una obra histórica: utilizo ese pretexto (el periodo aparece como un mar de fondo, tratado a menudo bajo un velo irónico) para tejer la vida de una serie de personajes, especialmente la de un par de muchachos que están abandonando la pubertad durante ese momento tan convulso.

—Pese a que domina varios géneros, en más de una ocasión ha dicho que su favorito es el relato. ¿Por qué?

—Es un género exigente y riguroso. El relato te obliga a un ejercicio de precisión narrativa y economía expresiva tremendos y, por otra parte, te permite abordar desde la síntesis asuntos para los que otros emplean centenares de páginas.

—¿Y del periodismo qué opina visto desde esa distancia y a la vez cercanía del que escribe opinión?

—El periodismo, actualmente, es una metáfora perfecta de nuestra sociedad: el intento desesperado por salir a flote de la verdad, a pesar de las máscaras y las manipulaciones que nos acosan constantemente.

—Decía Eduardo Mendoza esta semana que él reniega de lo digital porque no cultiva la memoria, que aquello que publica queda para siempre. ¿Eso es aferrarse a cualquier tiempo pasado?

—Eduardo Mendoza puede decir lo que le venga en gana, porque siempre estará cargado de razón. Pero, en fin, yo creo que esa respuesta práctica que afirma que lo digital hay que verlo como un recurso más, es cabal y razonable.

—¿Escribir a contracorriente es hoy una virtud o una insensatez?

—Es una catarsis para el alma y una insensatez para el bolsillo.

—De todos los premios que atesora, ¿cuál le ha hecho especial ilusión y por qué?

—Aquí habría que añadir algo así como: «El autor se rasca el mentón, intentando elegir uno en especial», jaja. Bueno, bromas aparte… me hizo mucha ilusión ganar el José Nogales, no tanto por su dotación, sino porque lo obtuve tras sobrevivir de milagro a una enfermedad implacable.

—¿Se considera de ese reducido grupo de ‘combatientes’ a quienes les parece tan raro todo lo normal?

—A estas alturas de mi vida me queda poco de combatiente, soy un cincuentón tedioso y pacífico, pero, por Dios, la normalidad es la mayor fuente de aberraciones y disparates que uno puede experimentar a lo largo de su vida. Baste pensar, como ejemplo, cualquier reunión de una comunidad de vecinos.

—En ‘Ángeles, detectives y otros fracasados’ destacaba por encima de todo ese miedo a equivocarse que el mundo se afana en ocultar. ¿Nos gusta huir de nuestras limitaciones personales o es algo impuesto por la sociedad?

—No podemos trasladar a la sociedad todas nuestras angustias y miedos, cada uno carga con una mochila donde ha ido metiendo sus propias frustraciones: quizá la sabiduría consista en ir vaciándola lo más posible antes de irnos de aquí.

—¿Qué hay de bueno en fracasar?

—Fracasar es, sencillamente, vivir: amar es fracasar, escribir es fracasar, levantarse cada mañana sabiendo que te quedan menos días para desaparecer, es una forma de fracaso maravilloso.

—Dice Fito Cabrales en una de sus letras que ‘puede que no valga la pena escribir tan lejos de la poesía’. Usted también maneja ese género. ¿A qué suenan sus versos?

—Creo que a una música tímida que pugna por hacerse oír en medio de un ruido ensordecedor: en cualquier caso, intento acercarme solo a las emociones que más me desgarran. L?a poesía intenta mantenernos vivos unos días, unas horas, a veces, unos segundos más.

—¿De qué se ve escribiendo dentro de 10 años?

—Solo y exclusivamente poesía. Bueno, a mí se me podría aplicar ese dicho de «hombre (en mi caso, escritor) de muchos oficios, hambre segura», así que como ya he tocado tantos palos, desde el ensayo o la columna periodística, al microrrelato o la novela, y pensando que la zarzuela me queda demasiado lejos, también me gustaría facturar una obra de teatro y, por qué no, la letra de una canción maldita.

—¿Qué opina de la ‘muerte’ de los Premios Leteo?

— Yo confío en que llegue a su mayoría de edad, es decir, a su decimoctavo cumpleaños, con permiso de Rafael Saravia. Me consta que el Ayuntamiento de León, después de años de mirar asombrosamente hacia otro lado, está interesado (la cultura en esta ciudad es una seña de identidad tan potente como su patrimonio o su gastronomía) en apoyar su continuidad, así que vamos a confiar en que tengamos, al menos, otra edición.

—León es una mina para el mundo de la cultura. ¿Quiénes son sus referentes y a qué escritor o escritora leonesa recomienda seguir?

— Esta es esa pregunta con la que uno va a quedar rematadamente mal. Yo crecí literariamente en León, de la mano de los miembros del Club Leteo, y me limitaré a señalar a los que he conocido y tratado personalmente: a Nacho Abad, a Yago Ferreiro, a Alberto Rodríguez Torices, a Sergio Santa Cruz y Rafael Saravia. Y, por supuesto, como poeta y autor de una de las mejores novelas españolas de todos los tiempos, Calle Feria, a Tomás Sánchez Santiago.

—¿Estamos condenados a llegar inexorablemente a esa playa de los suicidas de la que habla en ‘El viaje del idiota’ o siempre hay esperanza?

—La esperanza es nuestra mentira más dulce y más cruel, un trampantojo a la vez sublime y odioso: creer en ella es absurdo y vivir sin ella, despiadado.

—¿Qué será lo próximo que publique?

—Un libro de poemas de amor, por supuesto…creo que es otra forma de admitir que la esperanza sigue ahí.