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«La psicopatía está muy cotizada en las redes»

Puede ser profundamente descarnado, irreverente y hasta sádico en ocasiones, pero el escritor Nacho Abad nunca disimula un ingenio brillante. A la espera de su nueva obra, diseccionamos las jaculatorias con las que cada día sorprende en Facebook

 

El escritor Nacho Abad compone la palabra con la que se cocinan las redes sociales -

cristina fanjul
12/02/2017

Es uno de los escritores más activos en Facebook. Sus comentarios, lejos de pasar indavertidos, espolean las conciencias y agitan el debate.

— ¿Qué es Facebook?

—Es un ingenioso y divertido juego que sirve para deshacerte rápidamente de todas esas horas de vida que te sobran. Como diría Vicent Vega, allí tienen la misma mierda que en la vida real pero con pequeñas diferencias. Por ejemplo, en la vida real puedes ser un tío encantador, pero en facebook tienes que disimularlo. Si eres escritor, tienes que ser como Benjamín Prado, mitad poeta, mitad contertulio de La Sexta. Verás en los perfiles de los demás cosas muy interesantes, qué comen, cómo duermen la siesta, cuánto quieren a sus gatos... Por lo general a casi todo el mundo le va bastante mejor que a ti, viaja más que tú, bebe más cocteles de colores vivos con pajita que tú, y, sobre todo, ama con más intensidad a Bowie que tú. En Facebook lo que más gusta es el arroz. Una foto de paella y playa consigue fácilmente los 500 likes. Un endecasílabo perfecto no llega a los 12. En eso se parece demasiado a la vida real.

—¿Por qué crees que no te han bloqueado?

—En realidad me bloquea mucha gente muy a menudo. Hubo incluso una persona que me bloqueó con su perfil real y luego me agregó con su perfil falso. La psicopatía está muy cotizada dentro de las redes sociales. Yo ando buscado un trol para dar un empujón a mi perfil.

—¿Todo es tan absurdo como reflejas en tus comentarios o te cortas?

—Un día, en un bar, un tío al que acaba de conocer me dijo que valía más un like suyo que mil de Lola. Luego me agregó con su smartphone y me dio un like en una foto de perfil. Aún no sé quien es Lola.

—¿Hay algún lugar que no sea un no lugar?

—Un no lugar es un lugar de tránsito. Una rotonta, una autopista, un aeropuerto, pero claro, esto es según lo que decía un antropólogo hace mucho tiempo, cuando el mundo era otro. Mis abuelos vivieron en la misma casa toda su vida, nada que ver conmigo, que en 10 años que me mudado siete veces. No recuerdo dónde viví en agosto de 2007, y tendría que esforzarme para acordarme de dónde en junio de 2008. Por cuestiones de trabajo, ha habido temporadas que he vivido en hoteles. Cada vez que me compro algo pienso qué voy a hacer con eso en la próxima mudanza. El tiempo ahora funciona de otra forma. Es mucho más rápido. Todo es tan transitorio que hasta tu propio hogar, tu sofá y tu televisión se han convertido en un no lugar.

—Y las redes sociales ¿no son el colmo de los no lugares?

—Al contrario, cambias de piso, de trabajo, de ciudad, de pareja. Pero nunca cambias de facebook. Facebook siempre está allí, en todos los momentos importantes de tu vida: me recuerda mi aniversario de boda y el cumpleaños de mis amigos. Si fuera una persona, se parecería mucho al mayordomo de Batman.

—¿Cuál de todos los comentarios que me has enviado es el que menos te gusta?

—Son todos bastante baratos. De hecho, son gratuitos.

—Por cierto, voy a incluir alguno de los que no me has enviado porque son geniales...

—Imagina que algún comentario valiera algo y yo aquí sin ver un céntimo (risas).

—¿Por qué parece que las palabras cambian de significado según quien las pronuncie

—También las personas cambiamos dependiendo de las palabras que pronunciemos. Yo jamás digo «sinergia» ni «sanseacabó» porque creo que me convertiría en un tío despreciable.

—¿Hay algo más irreverente que la realidad que tragamos cada día?

—Miro a mi al rededor y veo a mis seres queridos, a mis amigos y familiares que se autoexponen a un montón de información con la falsa ilusión de que si están bien informados serán mejores ciudadanos, mejores votantes y personas más difícilmente manipulables, cuando en realidad están más frustrados, más tristes y más cerca de dar a este mundo por perdido.

—¿Se arrepiente de alguno de sus comentarios en las redes sociales?

—De alguna manera sí. Me explico. Algunos comentarios han podido ofender a alguien. No pocas personas me han dejado de hablar, incluido un viejo amigo. También mi anterior pareja se separó de mí a raíz de una serie de comentarios. Supongo que si pudiera volver atrás en el tiempo sabiendo lo que ahora sé, escribiría las mismas cosas, pero algunos años antes.

   
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