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«León no existe como territorio poético»

Hace diez años, el catedrático de literatura josé enrique martínez publicaba ‘diez nuevas voces de la poesía leonesa’. en esta entrevista nos cuenta cómo suenan los escritores dos lustros después y apunta el nacimiento de nuevos talentos líricos «Son poetas con gran bagaje cultural que no solo procede de la poesía, también del cine, la narrativa, internet...»

 

El crítico literario y catedrático de Literatura de la Universidad, José Enrique Martínez. -

Víctor M. Díez. -

cristina fanjul
26/03/2017

José Enrique Martínez es una de las voces más autorizadas de la crítica poética española. No se trata de un simple ‘acomodador del Parnaso’. Sus análisis, certeros y elocuentes, resultan imprescindibles para comprender la estructura de la arquitectura literaria de la poética contemporánea.

—Hace diez años hablaba de las nuevas voces de la poesía leonesa. ¿Pueden ser considerados una generación?

—La critica tiende hoy a desechar el marbete de generación. Lo propios escritores no se sienten a gusto en ese marco, pues el nombre de generación parece ocultar los caracteres individuales, aquellos por los que un escritor es lo que es, por sus méritos, digamos, y no por los méritos del grupo. Lo de generación tiene más de didáctico que de explicativo, aunque es cierto que todos acabamos usando la palabra, también los escritores, cuando hablamos del 98 o del 27, pongamos por caso. De hecho hay ardientes defensores del concepto generacional. En cuanto a los poetas leoneses de hoy no son importantes por ser leoneses, claro está, sino por pertenecer al amplio mundo de la poesía en español. Lo de poetas leoneses no es ninguna garantía de calidad. Pero, bueno, nos entendemos. Yo no los veo como generación, según el sentido ordinario de la palabra. Son amigos o no lo son, participan en los mismos actos o no, publican acaso en las mismas editoriales... Pero yo creo que cada uno es muy diferente de los demás. A lo mejor dentro de cincuenta años los ven muy parecidos, como ocurre siempre, como nos ocurre con los poetas barrocos o los románticos...

—¿Hay algún nexo común entre todos ellos o su poesía ha seguido caminos diferentes? ¿Beben todos de una misma fuente?

—El nexo proviene de vivir o haber vivido en un mismo lugar, León y España, de haber convivido con unas mismas circunstancias históricas y sociales. Todo eso marca, como marca el hecho de haber nacido ya en la época democrática y no haber conocido la dureza de la posguerra. Las fuentes son esas. Si hablamos de otras fuentes, supongo que las lecturas también han dejado huella. Los poetas jóvenes -o no tan jóvenes ya- conocen bien otras lenguas, el inglés sobre todo y, por tanto, pueden leer a los poetas en su legua original, aparte de que se publican muchas más ediciones bilingües, y muy cuidadas. En este sentido se trata de poetas con gran bagaje cultural que no solo procede de la poesía, también del cine, la narrativa, internet, blogs... Todos han leído a los grandes poetas, pero después cada uno escoge sus maestros. Y no hace falta ir muy lejos, porque en la propia ciudad los pueden encontrar. Gamoneda es uno de esos maestros —acaso el mayor— para la poesía española y leonesa joven.

—Ni siquiera hace diez años eran jóvenes, pero ahora ya tienen una edad en la que en otros tiempos podría calificárseles de viejos poetas. ¿Hay relevo? De ser así ¿quiénes son?

—Todavía no lo veo con claridad. Es pronto para decirlo o decidirlo. Pero es indudable que a medida que unos van cumpliendo años van surgiendo nuevos nombres, de los que me atrevo a citar, por ejemplo, a Sara Otero del Amo, Sara R. Gallardo y Pablo López Carballo. Por nombrar algunos.

—Víctor M. Díez, Rafael Saravia, Luis Artigue, Ignacio Abad, Julia Conejo, Vicente Muñoz, Raquel Lanseros, Silvia Zayas, Yago Ferreiro, Susana Barragués... ¿podrías calificar su poesía?

—En conjunto no, claro está. Y uno por uno, me esforzaré, proponiendo apenas un sustantivo que la defina de algún modo. Es algo simple y primario, pero acaso pueda resultar la lucidez de Víctor M. Díez, la dedicación concienzuda de Rafael Saravia, la brillantez de Luis Artigue, la frescura de Ignacio Abad, la delicada sensibilidad de Julia Conejo, el compromiso vital de Vicente Muñoz, la fogosidad de Raquel Lanseros, el riesgo de Silvia Zayas, el desenfado de Yago Ferreiro, la imaginación de Susana Barragués... Y añadamos otros sustantivos para otros nombres, como el vitalismo de Ana Isabel Conejo, la transparencia de Sergio Fernández Salvadores, la elevada proximidad de Jorge Pascual... Que me perdonen los poetas, estos y los no citados.

—¿Qué peso han tenido en ellos los grandes de León, Colinas, Llamazares, Mestre y Gamoneda?

—La poesía se alimenta de la vida, del pensamiento, de la palabra, y antes que nada de la palabra de los otros, de modo que los grandes maestros están presentes en lo que los poetas posteriores hacen. Me has citado a los más seguidos, a los que cuentan con discípulos en el mejor sentido de la palabra. El magisterio de Antonio Gamoneda es indudable, probablemente el más extenso en la poesía española joven. Pero, del mismo modo, hay lectores fervoroso de Colinas o de Llamazares -acaso más de sus novelas que de su poesía- y seguidores del Mestre escritor y del Mestre juglar moderno. Y la poesía leonesa ha bebido y bebe en sus textos. Los que has citado y otros hoy menos seguidos (Crémer, Delgado...) ha cimentado una tradición que no parece tener fin, a Dios gracias.

—¿Es León un ámbito más propio para la novela?

—No necesariamente. Lo que sucede es que en un momento dado surgió un grupo de narradores de talento, reconocido por la sociedad literaria y académica, que además hicieron de León un territorio literario a la altura de Vetusta o Pilares.

—Se les ha llamado generación Nocilla o afterpop. ¿Cómo les denominaría usted?

—No dispongo de un nombre caracterizador. Tampoco hace falta. Creo que no se precisan etiquetas, aunque alguien vendrá que los motejará.

—¿Cuáles son sus referentes? ¿Cuáles son sus principales preocupaciones? ¿sobre qué poetas apoyan sus obras?

—Algunos referentes ya los hemos indicado. En cuanto a preocupaciones poéticas, hoy hay un extremado cuidado por el instrumento que se maneja, la legua, sea desde la concisión o la expansión verbal.

—¿Existe León como territorio poético?

—En todo caso, no al mismo nivel que como territorio novelístico. Podría hacerse una antología con poemas a la Catedral y otros monumentos, a las plazas, a las tradiciones de la ciudad y de la provincia, pero eso sucede con las demás ciudades, Salamanca o Toledo, pongamos por caso. Existe el deseo de crear rutas literarias ligadas a la vida y obra de determinados escritores. Es lo que más se acerca a lo que me preguntas.

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