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ANGELITA REBOLLO GARCÍA. CIENTÍFICA

«Mi sueño es contribuir a curar tumores de mama con la molécula que descubrí»

 

«Mi sueño es contribuir a curar tumores de mama con la molécula que descubrí» -

19/02/2017

ana gaitero I tEXTO

«Cuando la vida pone en tus manos un limón, coge la sal y el tequila». Una frase que habla de la capacidad para ver oportunidades en cada situación que Angelita Rebollo García (Espina de Tremor) difunde en sus correos electrónicos. En inglés, claro, el idioma de la ciencia, aunque su idioma actual es el francés. No sólo forma parte de la comunidad leonesa que salpica la geografía mundial, sino de esa importante diáspora científica que cruzó las fronteras españolas con destino a un laboratorio extranjero. Desde hace tres lustros está al frente de un equipo de investigación francés que ha abierto una puerta para curar uno de los tumores mamarios más agresivos y más difíciles de curar. La llave es una molécula que ha bautizado con el nombre de PEP-10. La descubrieron hace cuatro años después, pero llevan una década con este arduo trabajo que ha dado resultados en animales y una vez que supere la fase toxicológica se traspasará a ensayos clínicos con personas enfermadas.

La base de operaciones de la doctora Rebollo, desde hace tres lustros, es el Hospital Pitié Salpêtrière y la Universidad Pierre et Marie Curie, de París. Aparte de estar en la cresta de la ola de la investigación en la lucha contra el cáncer del mama, dicen quienes conocen a Angelita Rebollo que es una persona optimista, amante de su familia, a la que visita con frecuencia, y de León, ciudad de la que salió para cumplir su sueño de ser científica. Licenciada en Ciencias Biológicas y doctora en Biología por la Universidad de León (1977-1982), en 2006 recibió el II Premio Nacional de Investigación en Cáncer de Mama. Ha participado en varios proyectos de investigación y en intercambios científicos con instituciones docentes e investigadoras de Alemania, Estados Unidos, Francia y Bélgica. Además de numerosas publicaciones realiza una notoria labor docente no sólo en Francia.

—¿Por qué se fue a París?

—Estaba en Madrid en el Centro Nacional de Biotecnología y había pasado algún tiempo en el extranjero haciendo trabajos posdoctorales. No me acababa de adaptar y el departamento perdió prácticamente toda la financiación de la farmacéutica Pharmacia, cuando fue comprada por Pfizer. Tenía y tengo una plaza de colaboradora del CSIC y me presenté a una plaza de director de investigación en París. Saqué el número 1.

—Se fue y le ha ido muy bien. Es directora de un grupo de investigación puntero.

—No me quejo. Ha sido un camino duro, nada fácil. Con altos y bajos. El premio de todo el esfuerzo está saliendo ahora. La investigación va muy bien, tenemos dinero de Europa, de laboratorios grandes... La verdad es que no me quejo.

—Empezó investigando por qué las células normales se vuelven cancerígenas. ¿Encontró la respuesta?

—Empecé investigando por qué una célula normal se convierte en tumoral, pero desde hace tiempo me dedico más a ver cómo puedo destruir las células cancerosas, no a analizar por qué se transforman, si no a ver cómo destruir una célula tumoral sin afectar al resto de células sanas. El cáncer es algo muy complejo, no es sólo una enfermedad, sino un conjunto de mutaciones. Por tanto no tengo la respuesta y no creo que nadie la tenga. Intentamos dar tratamientos dirigidos, que toquen exclusivamente la célula tumoral sin afectar al resto, que es el gran problema de todos los tratamientos con quimioterapia. Pretendemos que sólo las células tumorales se mueran.

—¿Para qué tipo de tumores de mama está orientado este tratamiento?

—Está específicamente orientado al cáncer de mama triple negativo, que a día de de hoy tiene tratamiento quirúrgico y se puede tratar con quimioterapia pero no siempre es eficaz. El triple negativo representa el 15%-20% de los tumores mamarios, dependiendo de cada país. Tiene efecto en otros tipos de cáncer de mama pero nos centramos en el triple negativo.

—¿Lo están probando en otros tumores no mamarios, como el de ovario?

—En ovario lo hemos probado y tenemos resultados muy interesantes, pero su desarrollo va más retrasado.

—¿En qué fase están ahora?

—Se está empezando la toxicología reglamentaria, que es probar que la molécula no tiene efectos tóxicos en animales y esto nos llevará del orden de ocho meses.

—¿Participará algún centro español en los ensayos clínicos?

—La fase 1 se hará en dos centros franceses, aunque podría hacerse en uno solo y la fase dos y tres es la que tendrá que ser multicéntrica y en varios países.

—¿Cómo se llama y en qué momento se topa con esta molécula en su investigación?

—La molécula se llama PEP-10 y la identificamos hace cuatro años aproximadamente, aunque llevamos con este trabajo unos diez años.

—Los péptidos son aminoácidos, ¿cómo actúan sobre las células cancerosas?

—Un péptido son grupos de aminoácidos, entre cinco y 20. Pueden ser sintéticos o trozos de proteínas. La mía es un trozo de proteína. No es el péptido en sí lo que actúa sobre la célula tumoral. Sabemos que en el tumor hay dos proteínas que interactúan. Cuando se juntan, la célula pierde el control y se vuelve tumoral. Lo que hemos hecho es identificar el sitio de interacción y damos a la célula ese péptido para separar las dos proteínas implicadas en la transformación. Al separarlas, el péptido actúa como si metieras una llave en una cerradura: ya no se puede meter otra llave y se evita la interacción.

—Si todo sale bien, ¿cuánto tiempo pasará para que este tratamiento llegue a las pacientes?

—Las fases I y II a y b de los ensayos clínicos pueden estar finalizados en tres o cuatro años. Después, el Ministerio de Sanidad hace un contra análisis de los resultados para decidir si el medicamento puede o no salir al mercado. En un principio se hace una salida a mercado en Europa y luego se extiende a otros países. Este periodo (terminar los ensayos y validación de resultados por el ministerio) es variable y puede durar en total entre 5 y 10 años.

—¿Son los llamados tratamientos personalizados?

—No exactamente, estamos hablando de terapias dirigidas. Los tratamientos personalizados se pueden hacer con una molécula o con otras cosas. Aquí son terapias dirigidas porque el tratamiento va exclusivamente a una célula tumoral.

—¿Cuál es la diferencia?

—Personalizado es diferente. En el Instituto Curie de París están haciendo programas Avatar que consisten en diagnosticar un tumor, partirlo en varios pedazos muy pequeños y trasplantarlo a ratones para que lo desarrollen. Una vez desarrollado el tumor, a cada ratón se le da una droga o molécula. Se observa cuál es el más efectivo y es el que se aplica al tumor del paciente. Así es como funciona la medicina personalizada. En el caso de las terapias dirigidas vas exclusivamente a la célula tumoral.

—Llegar hasta aquí después de tantos años debe ser muy satisfactorio.

—Muy contenta, porque hasta ahora todo está saliendo muy bien. No hemos tenido ningún tropiezo, aunque eso no quiere decir que no lo tengamos. Probar todas estas moléculas en ratones y ver que tienen un efecto positivo ya es muy esperanzador, pero eso no es garantía para cuando se pase a la fase de humanos.

—Al menos tienen fondos para investigar. En España, hay muchas dificultades.

—Sí, la verdad es que por las personas que conozco, con las que colaboraba y trabajaba, sé que la situación en España es bastante deprimente en cuanto a la financiación que reciben los laboratorios. Los equipos se han mermado y estamos perdiendo capacidad competitiva.

—A largo plazo puede ser dramático, ¿no?

—Sí, porque los demás siguen registrando patentes, España se queda en la cola. Si el retraso es muy grande cuesta mucho recuperar. Es una política absurda porque todo lo que se invierte en investigación aplicada, a medio plazo acaba repercutiendo en una patente o un nuevo método para algo. Evidentemente los resultados no se ven de hoy para mañana, pero se acaban viendo.

—¿Qué le diría a los gobernantes españoles para que remedien esta situación?

—Lo mismo que dicen todos los científicos: que el presupuesto en investigación y desarrollo hace rico a un país, no digo a corto plazo pero a medio y largo plazo este dinero que se invierte revierte en bienestar, salud y progreso. Las nuevas generaciones de medicamentos como por ejemplo los antibióticos reducen el tiempo de hospitalización y eso se traduce en economía de tiempo y dinero. Los científicos que investigan para que esos antibióticos sean más eficaces están contribuyendo optimizar recursos, son investigaciones que han revertido en beneficios para el Estado y para la población.

—Hace poco se celebró el día de las mujeres científicas. ¿Cómo ha sido su experiencia?

—En el mundo en el que muevo no he sentido la discriminación. En el laboratorio donde estoy somos 50-50 e incluso en algunos departamentos hay más mujeres que hombres. Soy funcionaria del Gobierno francés y el salario es igual para un hombre que para una mujer. Por tanto, yo no he sufrido esa discriminación, ni en salario ni en trabajo.

—Se dice que a las mujeres les cuesta más llegar a los equipos de investigación. ¿Cuáles son los motivos?

—El trabajo de investigador es muy sacrificado. Yo sé a la hora que llego, pero nunca cuándo salgo. Es un tipo de vida que no es muy compatible con una vida familiar o con niños y quizá a las mujeres en algunos casos les cuesta un poco más llegar por ese hándicap.

—Se licenció en la Universidad de León. ¿Se imaginaba investigando fuera de España?

—Empecé en Oviedo y terminé en León. La verdad, no me lo imaginé nunca. Terminé la tesis en la Facultad de Biología y sí que tenía claro que quería seguir en la investigación. Gracias a que tuve becas puede hacer lo que quería. Sin un buen currículum es muy difícil conseguir becas y contratos, pero ahora, desgraciadamente, cada vez hay más gente que se queda en el camino y que no se puede dedicar a lo que le gusta. Han tenido que reconvertirse a cosas paracientíficas o incluso a algo para lo que no estudió.

—¿Sobre qué hizo su tesis doctoral?

— Me centré en la búsqueda de nuevas cepas mutadas productoras de mayores cantidades de antibiótico.

—¿Cómo ve León desde la distancia desde el punto de vista científico y como provincia?

—No puedo decir mucho porque ya he perdido la mayoría de los contactos. Los temas de investigación de la Facultad de Biología no son de mi ámbito. Como provincia la he visto bastante mejor que ahora. Económicamente, León ha perdido industria y eso hace más pobre la región.

—Y población que emigra...

—Recuerdo la época en la que estaba la Azucarera, había minas. Todo eso ha desaparecido.

—¿Ve posible que León sea un polo biotecnológico?

—Sé que hay un parque biotecnológico en el campus y otro cerca de Oteruelo donde se han instalado algunas start up. Ojalá la gente confiara, hubiera financiación y los trámites para constituir una empresa fueran menos largos y tediosos; serviría para crear puestos de trabajo, especializados o no.

—Un sueño.

—Me gustaría que el proyecto que tenemos entre manos sea esa molécula que pueda ayudar a las mujeres y poder decir: He contribuido a curar una enfermedad. No me mueve el aspecto económico, sólo poder decir: Yo he creado esta molécula y estoy ayudando a un montón de gente.

—¿Por qué bautizaron a la molécula como PEP-010?

—PEP de péptido y una parte del nombre de la empresa del proyecto: PEP Therapy. Se creó para desarrollar este proyecto cuando se vieron los avances con la molécula sintetizada. Es un procedimiento usual en Francia.

—¿Le gustaría que León participe en la fase internacional de la investigación?

—No se trata de que me guste, sino de que se necesita un número de pacientes abundantes que no sé si León estaría en condiciones de proporcionar. Las patentes caducan y el tiempo importa.