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FERNANDO ARRABAL. ESCRITOR

«Solo los ciempiés esnobistas llevan zapatillas de marca»

El narrador y dramaturgo revela que desde niño quiso ser pintor, por tradición familiar, que la pintura es «esencial» para él y que «añora» tener un museo

 

Arrabal, que será una de las estrellas de Arco. LUCA PIERGIOVANNI -

19/02/2017

CaRMEN SIGÜENZA | MaDRID

El narrador y dramaturgo Fernando Arrabal, símbolo de las vanguardias, será una de las estrellas de Arco 2107, que comienza el día 22, donde expondrá sus «poemas plásticos», en la galería Cayón. En esta surrealista entrevista con Efe, Arrabal revela que desde niño quiso ser pintor, por tradición familiar, que la pintura es «esencial» para él y que «añora» tener un museo.

—Creo que trae a Arco sus poemas plásticos, ¿es así?

—Mis poemas plásticos aparecieron en el plató de la televisión, para mi sorpresa, durante mi reciente visita a Andreu Buenafuente. Los copiaron casi perfectamente. Los publico casi todos los días del año en Twitter. Toda mi vida soy un pintor compulsivo. Y envío cartas o tarjetas arrabalescas. A veces desaparecen en Correos: es un homenaje anónimo. Cuando el demonio pierde las llaves, salta por la ventana. Nunca he vendido ni nunca venderé ni mis ‘Grandes Cuadros del Siglo XX’ ni el más diminuto dibujo.

—¿En qué consisten y cuántas piezas trae?

—Tengo pocos amigos pintores. Somos «hacedores». Realizo como ellos. Por cierto, se ocultaron sin conocer la acogida y la coronación post-mortem. Como Duchamp, Man Ray, Magritte, Warhol... La tierra es redonda: ellos ¿la levantaron?.

—¿Qué es para usted la pintura?

—Es esencial. Desde siempre. Y también una manera de insertarme en la tradición familiar. Mi abuelo fue el compañero «admirado» de Romero de Torres. Mi padre en la cárcel pintó mucho. Un centenar de condenados. Obras que también he publicado en Twitter. Mi hermano es un excelente retratista al óleo. ¿El mejor en este terreno? Todos ellos además tuvieron otra profesión. Mi hermano ganó paralelamente la escuela de San Fernando de pintura y la de San Javier de pilotos. El mismo año que el «piloto y rey» Juan Carlos. Todos se dedicaron con pasión a la pintura y con profesionalidad a sus vidas. Para despertarse, mis mayores dispusieron de serpientes de cascabel.

—¿Es verdad que siempre ha querido ser pintor?

—Sobre todo en Ciudad Rodrigo, cuando fui párvulo con las Teresianas. Con la inolvidable madre Mercedes. Que al tic-tac del reloj le instalaba truenos. Todos y la familia y mis embriagadoras maestras creían que sería pintor.

—¿Cuál es el poder de artista hoy, ante tanto culto a la fealdad en todos los órdenes?

—Las artistas no tienen poder ninguno. Cambian el mundo creando en las catacumbas. Con tanto maremoto el artista inventa el fuego.

—¿La palabra alguna vez le ha cansado y ha preferido otra forma de expresar su creación?

—Para escribir solo requiero un ordenador Para hacer cine, solo una cámara diminuta.Y para pintar, pinceles, glu y herramientas. Es un mundo verdaderamente asombroso y bestial. Si el ratón fuera una rata, le besaría la rata en que se volvió. Estoy terminando en teatro mi quinto y último Diálogos para el XXI, con Dalí-Gala, Stalin-Wittgenstein (la más desternillante), Cervantes-Shakespeare, Dalí-Picasso y Sarah Bernhardt-Víctor Hugo (¡la mejor!). La palabra, la ciencia, las matemáticas, el ajedrez, por ejemplo, excitan, alientan y descorazonan.

—¿Conoció a Dalí y a Picasso?

—A mi edad y estando en Francia era difícil. Hubiera debido terminar la obra cibernética que Dalí quería crear conmigo. Solo los ciempiés esnobistas llevan zapatillas de marca.

—¿Cómo creadores, quiénes le gustaban más?

—Picasso es un pintor excepcional, casi ‘monstruoso’ y de muchas facetas. Desgraciadamente, durante un tercio de su vida se afilió a la peste. ¡Qué tremendo ejemplo para todos! A Dalí le apasionó no solo la pintura sino las diferentes ramas de la ciencia: la biología, la astronomía, la cosmología, etcétera. Y realizó y pagó la más alta reunión científica del siglo XX. Cuando la colmena se vuelve agnóstica, las abejas crean un dios.

—¿Le gustaría tener un museo? ¿Qué le gustaría que tuviera dentro?

—Lo añoro. Los que dirigen, han dirigido y dirigirán no tienen ni remota idea (ni falta que les hace, por cierto). Sueño con un museo de los cuatro avatares de la modernidad. ¡Superior al de Dalí! Dadá, surrealismo, pánico, patafísica; con los jóvenes exploradores y singulares. Obviamente, con museo o sin él nunca venderé ninguno de los cuadros que me regalaron en vida los maestros. Los caníbales de la especulación mueren envenenados.

—Es muy amigo de Houellebecq y él es muy crítico con el arte contemporáneo ¿y usted cómo lo ve?

—El arte refleja el caos primitivo ¡Lo mejor y lo peor! En lo profundo, el buzo miope es visionario.

—¿Cree que el mercado corrompe todo?

—Siempre hubo aficionados auténticos y coleccionistas de la cotización. Los coleccionistas fieles no cambian nunca de signo de zodíaco.

—¿Cómo cree que las nuevas tecnologías han cambiado el arte?

—Han cambiado los soportes tradicionales. Después de realizar siete largometrajes ‘profesionales’, ahora con una cámara diminuta, la única ayuda de mi hija y un magnífico montador, hago cortos en 48 horas, como Salinger y Ona. Y este año (si el dios Pan me presta vida) realizaré Orwell en Londres, Simon Leys y el Batavia o Strindberg en Estocolmo. Salvo el vicio, no hay nada más excitante que la virtud.

—¿Qué es la capacidad de asombro para un creador?

—Como la raíz cuadrada de menos uno. Los loros más castizos hablan el esperanto sin acento.

—Con el recorrido que usted tiene ¿cómo ve todo?

—Voy a cumplir 85 años y espero que aparezcan otras Teresianas que me enseñen con la gracia, el espíritu, el duende y el saber de la madre Mercedes.

—¿Irá a Arco?

—Sí, iré acompañado por mi hija y con mucho gusto (si el dios Pan me presta vida). Desgraciadamente, mi mujer se queda en París. Espero que en la próxima invitación vayamos los tres. A causa de la crisis, el sofá del ministro es una mochila.

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