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entrevista | FERNANDO LEDESMA

«Todo se puede abordar e interpretar con la Constitución, salvo la unidad de España»

Fernando Ledesma, exministro de Justicia, expresidente del Consejo de Estado y magistrado del Tribunal Supremo

 

El exministro Fernando Ledesma, el pasado miércoles en la capital leonesa. - RAMIRO.

10/12/2017

L. urdiales | león

Fernando Ledesma (Toledo, 1939), habló en León de la Constitución con la perspectiva que aporta el desempeño de responsabilidades en el poder judicial (fiscal, magistrado en audiencia territorial y del Tribunal Supremo), el legislativo (diputado) y en el ejecutivo (como ministro de Justicia en los dos primeros gobiernos que presidió Felipe González. También, como ciudadano de un país que ha experimentado el progreso apoyado en el pilar de la Carta Magna.

—¿Aprecia cambios de forma y fondo en la política de hoy con respecto a sus años de ministro?

—Por todos los cambios que haya, la función política es y será siempre imprescindible; para resolver y responder a los grandes problemas colectivos. La política debe estar basada siempre en la congruencia entre lo que se plantea y se hace y, sobre todo, en la lealtad constitucional. La Constitución debe ser ese radar que nos debe dirigir en la acción política. Hoy igual que ayer.

—¿Es partidario de reformas?

—Quizá aquel resultado que dio con el texto constitucional que aprobamos los españoles en el año 78 esté necesitado de alguna reforma; pero se trata de una reforma en la Constitución; no de una reforma de la Constitución. Ese es un matiz relevante. La misma constitución da los instrumentos para ese proceso.

—¿Y hasta dónde puede avanzar esa variación?

—Algunas modificaciones específicas , para afinar la bondad del texto que resulto del consenso de 1978 que aprobamos los españoles.

—¿Cree que perturba el sosiego que merece un proceso similar ese ruido de fondo que hay sobre la urgencia de reformar el texto constitucional?

—La democracia se caracteriza por el afán de mejorar; la vida de la gente y los cauces para una gestión adecuada. No hay soluciones eternas. Todo se puede interpretar y abordar, menos la unidad de España. Cualquier intento de modificar ese asunto es radicalmente rechazable.

—¿Con el paso del tiempo de testigo de por medio se advierte alguna cuestión más susceptible de ser modificada?

—La Constitución se basa en el consenso, pero eso no quiere decir que hubo cosas que se pudieron no hacerse todo lo bien que debían. El título 8, por ejemplo, creo que debe ser manifiestamente mejorado para tratar de resolver problemas que no estaban en el horizonte. Hay referencias a las competencias del Estado frente a las autonomías que deben mantenerse inalterables.

—Hay un caldo de cultivo de desafección con la política. ¿Cree que tiene que ver con las demandas de reforma constitucional?

—Yo pienso que eso no lleva a ninguna desafección. No tiene por qué estar relacionado. No todos los que quieren modificar el texto constitucional resultan ser desafectos.

—Pero esa es una tendencia que ha crecido en los últimos años, y se ha acentuado en los últimos meses.

—El sistema democrático es fuerte y potente. Tiene y ofrece respuestas ante la situación actual y con un horizonte esperanzador; yo no creo que no haya razones para plantearse modificaciones, siempre que lo que se haga se aborde dentro de un grado de consenso adecuado.

—Hay una corriente entre constitucionalistas que no ve ahora un mapa de representación parlamentaria adecuado para abordar esa situación. ¿Usted cree que sí se da?

—Hay un sistema de representación electoral que ha permitido gobernar a todos; a UCD, y aquí quiero subrayar un reconocimiento especial para Adolfo Suárez, a PSOE, al PP, luego al PSOE; el sistema electoral es democrático.

—La Constitución cumple otro año de garantías para avanzar en cuestiones más allá del ámbito territorial, y sin embargo sólo se enfatiza este flanco.

—Pues es necesario subrayar que vino a resolver problemas extraordinarios en cinco ámbitos; el de la vertebración nacional, porque hasta la de 1978 todas la constituciones anteriores enfatizaron la victoria de una parte de España sobre la otra; encomendó al poder militar funciones separadas de las del gobierno, y con ello acabó con la subordinación del poder civil; enterró la confesionalidad del Estado; terminó con la consideración centralista, porque la Constitución ampara un sistema de autonomías, que tiene algún problema, pero que ha permitido que la gobernación se haga presente con papel relevante de los ayuntamientos; y abordó una distribución d ella riqueza más justa que ha permitido el desarrollo del país como nunca se había logrado hasta ahora. Junto a eso, ampara la presencia de España en el mundo.

—Usted formó parte del Gobierno durante los años que se materializó la proyección exterior de este país. La Otan, la Comunidad Europea. ¿Qué opina ahora de esa reticencia y frentismo que se ha generado frente a la Unión Europea?

—El europeísmo de España es otra situación que ha permitido la Constitución de 1978. Lo que no hay que olvidar es que existe un intento desde fuera de Europa de atacar y poner en peligro las bases en las que se asienta el proyecto de Europa. Y eso hay que combatirlo y denunciarlo desde todos los ámbitos. El proyecto de España está dentro de la Unión Europea. El avance sólo se puede dar dentro de Europa. Fuera de Europa estaríamos peor.

—¿Cómo analiza la respuesta a los desafíos separatistas desde el conocimiento que aporta el desempeño de funciones en la administración de justicia, como fiscal, magistrado, Consejo de Estado?

—El poder judicial hace lo que determina la Constitución, la ley; cuando se encuentra con situaciones que contravienen esa ley lo que hace es exigir responsabilidades por conductas que no se ajustan a la ley.